19 de mayo de 2008

Amarrados por la Estaca.

elefante2 Todos hemos visto alguna vez a un elefante, un animal imponente, grande, muy fuerte y que inspira mucho respeto, amarrado por una de sus gruesas patas con una simple soga a una simple estaca clavada en el piso de tierra. Y la verdad es que yo nunca me había hecho la pregunta que seguramente los elefantes tampoco se hacen: ¿cómo es posible que una diminuta estaca los detenga?

Ayer, mientras conversaba con uno de mis hermanos y un par de amigos, uno de ellos hizo un comentario respecto a que a veces somos como los elefantes atados a la estaca, el problema real está en nuestra mente, ya que nos hemos acostumbrado tanto a algo: una persona, un sentimiento, una idea, etc., que termina por limitar nuestra visión de las posibilidades que tendríamos si intentáramos el cambio.

El poder de la estaca.

En los artículos “El éxito depende ti” (el primer artículo escrito en este blog) y “Vivir la excelencia”, entre otros, traté el tópico básico de la decisión personal a la hora de forjar el camino que vamos a recorrer, en busca de la calidad que nos convertirá en personas de éxito, no como quien cree que el éxito es una recompensa final, sino como el que sabe que el éxito se construye día a día por el camino de la excelencia.

Pero, curiosamente, el poder de la estaca que muchas veces nos mantiene atados a las formas radica también en nuestra decisión. ¿Qué quiero decir? Que consciente o inconscientemente elegimos estar atados a la estaca o creemos que ella no nos dejará libres y por dicho motivo simplemente nos cruzamos de brazos, nos sentamos junto a ella, y esperamos que algún día la estaca desaparezca o que alguien llegue y nos libere. El problema es que si vemos a nuestro alrededor, muchos están en la misma posición que nosotros: esperando. Y cuando alguien se libera, ¿qué hacemos? Por lo general, ése que ha logrado liberarse ha descubierto que el poder que lo tenía atado no era otra cosa que su propio pensamiento; así, viene a nosotros y nos dice que podemos liberarnos, que no necesitamos estar atados porque la estaca no tiene poder real sobre nuestras vidas. Entonces lo miramos con desconfianza, cuchicheamos entre los que seguimos atados y nos parece que lo que en realidad quiere ése loco es arruinar todo lo ya establecido. Claro que no queremos estar atados a la estaca, pero ella no nos deja, ¿cómo viene éste loco a decirnos que ella no tiene poder real en nuestra vida, que todo está en nuestro pensamiento?

Sé que es una forma caricaturesca de representar la realidad a la que debemos enfrentarnos todos los días, mas, ¿acaso no hemos hablado ya con muchas personas a las que hemos intentado ayudar, pero ellos simplemente se niegan a ver que el problema reside en la forma en que ven el problema? Entonces, ¿dónde reside el poder de la estaca? La respuesta es simple: en nosotros mismos, por incómodo que sea reconocerlo.

El primer paso lejos de la estaca.

Se ha dicho mucho, en seminarios, libros y audios de autoayuda y motivación, que un viaje de mil kilómetros comienza con el primerpasos-enfemenino paso. Es decir, no deberíamos centrarnos tanto en lo largo (y a veces tortuoso) que pueda ser el viaje, sino en dar el primer paso y luego seguir dando pasos sucesivos. Pero, ¿cuál es el primer paso?

Pues, creo que la respuesta a esa pregunta es la parte engorrosa y paradójica de este artículo. Por un lado me gustaría saltar a la palestra y afirmar, como lo he hecho en apartados anteriores, que todo está en la decisión, que debemos decidir soltarnos de la estaca. Pero, por otro lado, es innegable que muchas veces seguimos atados por nuestra propia elección. Entonces el dilema se complica sólo un poco, porque al decir de Einstein, lo que necesitamos es elevar nuestro pensamiento para encontrar, en un nuevo nivel, la solución: Ser autoconscientes y ampliar nuestro contexto.

Ahora sí, debemos elegir querer ser conscientes y querer ampliar nuestro contexto. Con ser conscientes quiero decir, brevemente, aceptar la responsabilidad personal del por qué estoy atado. Y con respecto a ampliar nuestro contexto me refiero, brevemente también, a aprender a ver más allá de lo acostumbrado, a ver los desafíos como oportunidad no como problemas, a aprender a ser proactivos en vez de reactivos.

Así que el primer paso es una conjunción de tres elementos: 1) Decisión, porque obviamente debemos decidir sobre aceptar o no los otros dos elementos. 2) Autoconsciencia, para poder ver con objetividad nuestras oportunidades, evaluando nuestras fortalezas y debilidades. 3) Ampliar el contexto, aprendiendo nuevos hábitos, aprendiendo a elevar de nivel nuestro pensamiento a fin de encontrar soluciones creativas, dinámicas y proactivas a los desafíos que intentan mantenernos amarrados por la estaca.

Diagrama:Primer paso

Hasta la próxima, es mi deseo que tengas un día y una semana llena de oportunidades para vivir en la excelencia.

4 de mayo de 2008

Criando Líderes

La celebración del día de la madre es una festividad muy extendida, sin importar que se celebre en fechas diferentes en el mundo. Lastimosamente se ha desvirtuado, en mi opinión, el verdadero papel de la mujer como madre, con esto de la explosión publicitaria que inunda cada día feriado; con esto del consumismo que nos ha empujado a creer que es necesario gastar y gastar para mostrar nuestros afectos, etc.mamaehijo

No estoy en contra de los presentes que pueden darse a nuestras madres, pero ¿cuánto valdría una casa, un arreglo de flores, o cualquier otra cosa para una madre, si lo comparamos con la satisfacción de ver hijos e hijas maduros, cumpliendo su propósito en la vida? Ambos aspectos deben estar en nuestra mente, cuando se acerca el día de la madre. Entiendo que hay países que lo celebran en octubre, o diciembre, o agosto, o en algún otro mes. En mi país se celebra el 10 de mayo, razón por la cual he decidido escribir este artículo como un reconocimiento a la mujer que con su ejemplo ha sido un hito para mí, un bastión en el que he encontrado cómo fortalecerme cuando el viento me es adverso: Mi Madre.

Heroínas anónimas.

Casi todos nos fascinamos con las biografía de los grandes hombre y mujeres de la historia, admiramos sus hazañas, lloramos con sus adversidades y sentimos satisfacción cuando leemos sobre sus victorias. Pero muy pocas veces se nos ha contado la historia de esas heroínas anónimas que se desvelan mientras de niños nos enfermamos, esas mujeres que nos han guiado en nuestros primeros pasos y que a lo largo de la vida siempre nos han estimado, a pesar de todo, pues ven en nosotros un lado positivo, favorable, benefactor.

Y la hazaña de criar hombre y mujeres de bien, en una sociedad que, pese a la lucha de derechos femeninos, aún sigue siendo muy machista, va mucho más allá de nuestra imaginación, especialmente cuando vemos madres solteras que trabajan haciendo dobles turnos, con tal de llevar alimento a la mesa, dar educación a su prole, y encima de eso, hasta tienen tiempo para cobijar a sus hijos y besarlos en la frente, recordar su cumpleaños y hacerlo especial, salir con ellos al parque y disfrutar de una tarde irrepetible… Debo confesar que siempre me ha impresionado el valor, la entereza y la determinación de las mujeres en general, pero especialmente el de las madres.

Un día, un mes, o un año, nunca serán homenaje suficiente para ese espíritu abnegado, que muchas veces llora en silencio sus penas, para que cuando sus hijos despierten a la mañana, la vean radiante, llena de esperanza, dispuesta a luchar a brazo partido por otro día. Sólo nuestra vida entera podría constituirse en un real homenaje, sí, nuestra vida, vivida con responsabilidad.

El desafío para las madres.

Sin embargo, las madres modernas enfrentan un desafío sumamente grande. Hoy no sólo deben luchar contra la pereza o la falta de motivación frente a las cargas académicas que han caracterizado siempre a la mayoría de los niños. También deben luchar contra la pérdida tiempo en frente de los videojuegos, la TV o el Internet. No creo que estas cosas sean malas en sí mismas, pero se ha abusado de ellas, en detrimento de la calidad personal y la excelencia.familia-madre-hijo-manos-3.thumbnail

Además, en la era de las redes y la información en la que vivimos, harán falta hombres y mujeres con integridad, con madurez, inteligentes y responsables, que lideren nuestra sociedad con valor frente a la pérdida creciente de valores. Y estos hombres y mujeres únicamente pueden nacer en las manos de una madre con ideales, que valore la creatividad y la iniciativa, con normas elevadas, y con un carácter fundado en la realidad inalterable de los principios.

Quizás no todas las madres puedan criar a un Einstein, o un Beethoven, o una Mari Curie, o un Dante, etc., pero todas tienen el privilegio de criar personas con ideales, con principios, y que no comprometan su integridad personal, bajo ninguna circunstancia.

Si como hijo o hija has leído este post, ve y dile a tu madre lo importante que es para ti, tal vez no con palabras, pero sí con tu vida. Si como madre has leído hasta aquí, te deseo lo mejor en la tarea más difícil de la humanidad, formar caracteres, y espero que aceptes el desafío.

¡Felicidades a nuestras madres!!!

21 de abril de 2008

¿Miedo a Pensar?

Desde el perfeccionamiento de la imprenta, la información ha crecido a pasos agigantados. De una época en la que sólo los más afortunados podían adquirir conocimiento, porque los libros manuscritos eran sumamente aristocratizados, pues el elevado costo de tenerlos mantenía a una clase siempre por encima de los demás, hemos llegado al tiempo en que la cantidad de saber que cada día explota a nuestro alrededor es tan alta, que lo que producimos en una semana podría tomarnos la vida entera para asimilarlo. Claro, esa es sólo una apreciación perceptual, no un dato estadístico.elpensadordeaugusterodicj9

El hecho real es que la Internet, junto con la abrumadora cantidad de libros que se publican cada año, nos ha puesto en una situación en la que es preciso tener un nivel de madurez capaz de utilizar la información que tenemos a la mano para desarrollarnos, es decir, para acrecentar nuestra calidad personal, para afianzarnos concienzudamente a los principios de la excelencia que rigen el desarrollo humano.

El problema de la ignorancia.

Pese a eso, a la disponibilidad de saberes, nuestra sociedad sigue una senda diferente de la que podría esperarse, porque aunque hay muchos teniendo éxito en la vida personal y profesional, la relación entre estos y los que podrían ser si aprovecháramos todas las herramientas que la tecnologización de la vida ha puesto a nuestro alcance, no tiene paralelo, ya que todavía existe una gran cantidad de población que, sea por omisión o porque se ven coaccionados, están constantemente limitados a aceptar sin más los conceptos generalizados, que no siempre son los más elevados para seguir.

Pero que los recursos se les quiten a las personas, aunque es un problema grave, sólo sirve para poner de relieve que el mayor desafío que enfrentamos en el mundo, es que los que tienen la facilidad de ampliar su contexto personal, lo vean como una mera opción entre tantas otras, como algo que pertenece al tiempo del ocio y no al del desafiante mundo de las competencias. La omisión, más que cualquier otra cosa, puede desbaratar las relaciones, los planes, el éxito (entendido como el hecho de trabajar constantemente en dirección de los sueños), y hasta las civilizaciones. Después de todo, quién que haya dejado de cumplir con su propósito en la vida perdurará como un benefactor de la humanidad.

La ignorancia, entonces, se vuelve un problema de temor, es decir, tenerle miedo a que el adquirir conocimiento (pensar), pueda trastornar nuestro cómodo estilo de vida, tan ajetreado con la modernidad, tan acelerado, que no nos permite tomarnos el tiempo de escoger un buen libro, o leer un buen artículo en la red, porque eso nos impulsaría inevitablemente al cambio; pues, de no cambiar, entonces nuestro interior se desgarraría entre el saber qué hacer y no hacerlo.

Bien lo dijo Bertrand Russel: “Los hombres temen al pensamiento más de lo que temen a cualquier otra cosa del mundo; más que la ruina, incluso más que la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible. El pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas; el pensamiento es anárquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabiduría del pasado. Pero si el pensamiento ha de ser posesión de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al hombre, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habían supuesto”.

El desafío de pensar.

desafio Pero vivimos en la era de la información y las redes sociales, así que tenemos un desafío mayor que el de cualquier otra generación que nos haya precedido. Si hemos de ser hombres y mujeres de excelencia, si vamos a vivir a la altura de los principios que rigen la calidad de vida, la salud y el desarrollo, debemos pensar, sobre lo que vemos, leemos, oímos, etc., sin permitir que la información nos ahogue sin más, pues en última instancia somos nosotros los que elegimos. Y al escoger, mediante la reflexión concienzuda y la práctica de la lectura, iremos encontrando nuestro propio camino, ese que funde sueños, habilidades y contextos, y que al final hará la diferencia entre haber pasado por la vida, sin hacer nada memorable, o haber vivido, siempre en busca de la excelencia personal, familiar y social, según hayamos descubierto nuestra propia vocación.

Pensar no es un acto inconsciente, al menos pensar en nuestro propio desarrollo no lo es. Pensar es establecer altos estándares para mí, como individuo, y luego vivirlos de tal manera que a mi alrededor, otros se vean influido, no a hacer lo que yo hago, sino a elevarse de la trampa de la mediocridad y disfrutar de la vida al máximo, en busca de los siempre adelantados ideales.

¡Qué disfrutes de este día es mi mayor deseo!!!

6 de abril de 2008

Ser o no ser.

Shakespeare plasmó para el mundo, con su pluma prodigiosa, el dilema que ha seguido a nuestra historia desde siempre. Ya sea que estemos conscientes o no de ello, para nosotros no es diferente que para Hamlet, el personaje del gran dramaturgo: “¿Ser o no munecoarticuladoser?, esa es la cuestión”. Y más allá del significado contextual que pueda tener dicha expresión, podemos concluir que todos los días, en los diferentes escenarios que nos toca movernos, ésa es sin duda la cuestión: ser o no ser.

No Ser.

Una reflexión sobre esta sentencia puede ayudarnos a ampliar nuestro contexto mental; luego procederemos a responder (en forma individual) a preguntas cada vez más cruciales, cuyas respuestas se convertirán en algo así como una constitución personal que seguir y respetar; preguntas que pueden ir desde la elección de nuestra labor, estudios, formación de una familia, empresa o sociedad, hasta las más profundas como: ¿tiene algún sentido nuestra vida?

No es de extrañar que los altos índices de suicidios juveniles que han azotado a nuestras sociedades en el mundo durante varios años; sumado a la inestabilidad familiar que golpea el seno de nuestras sociedades, sin importar si son de “primer mundo” o “tercer mundo”; y la creciente (aunque paradójicamente subrepticia) ola de inmoralidad, o moralidad relativa como creo que la llamarían sus defensores; no es de extrañar, repito, que a la base de toda esa amalgama de sucesos, esté una hilarante necesidad de mantenernos ignorantes ante la cuestión de ser o no ser, prefiriendo de esa manera, por omisión, No Ser.

A medida que crecemos, cada unos de nosotros se hace responsable de decidir si se unirá a la masa, arrebañado en la ilusión de seguridad de no trascender, porque No Ser es precisamente eso: renunciar a dejar un legado constructivo, alentador de las potencialidades que como seres humanos poseemos; así nos convertimos en hombres y mujeres sombras, tristemente destinados a perecer sin más. No Ser significa no vivir, y no vivir es igual a pasar por la vida creyendo que el mundo nos debe algo, en lugar de pensar en lo podemos dar nosotros.

Lo maravilloso de Ser.

Pero podemos tomar otra decisión. Podemos elegir Ser, sin esperar tener, porque querer poseer es la trampa más común en la que tendemos a caer, pues siempre queremos una buena novia (o esposa en el caso de los casados), siempre queremos unos buenos hijos, amigos, vecinos, empleados, etc. Y el problema real no está en que queramos eso, sino en que no estamos dispuestos a Ser los mejores novios o esposos, los mejores padres, amigos, vecinos, jefes o empleados.

autumn Ser es vivir como una aventura nuestra vida, con autenticidad, con carácter; creando siempre algo nuevo para nuestros seres queridos; innovando para crear nuevas soluciones a los nuevos desafíos que iremos enfrentando; sirviendo bajo la norma de los principios inamovibles que rigen el desarrollo, la felicidad y la paz.

Ser significa buscar nuestro propio camino a la excelencia, con la consciencia de que el camino mismo es lo importante, quizás más que un destino al que llegar, pues, para ser honestos con nosotros mismos, aprendemos no por lo que alcanzamos, sino por lo que recorremos y experimentamos, con una actitud alegre, aunque esto no significa que no podamos derramar algunas lágrimas cuando la tensión a nuestro alrededor crece; y cuando logramos algo, reconocemos que fue el camino el que nos ayudó a cumplir con nuestra meta, porque con todos los desafíos que nos presentó, aprendimos, sí, aprendimos constancia, valor, fe; virtudes invaluables que sólo pueden poseer aquellos que no dudan en ser quienes son, que no dudan en ver la vida como su oportunidad de amar, trabajar y dejar una huella, aunque sea en una sola persona.

Y, ¿ahora?, al avizorar el día que tenemos por delante, ¿qué haremos?

¡Qué pases un gran día!, hasta la próxima.

23 de marzo de 2008

El hombre mediocre.

portadahombremediocre El título para la entrega de hoy ha sido tomado de un gran libro: “El hombre mediocre”, escrito por José Ingenieros. Me imagino que ya has leído este libro, si no, puedes descargarlo aquí mismo, en la columna derecha de esta página, para que disfrutes de una lectura profunda e inspiradora.

Aunque con el autor arriba mencionado yo no comparta un par de conceptos, me siento especialmente cómodo (pero desafiado) leyendo un libro de tal calibre. Sin duda alguna, como él lo destaca tan hábilmente, la sociedad se mueve en pos del camino que va forjando la genialidad, la virtud, los ideales, de unos cuantos hombres en cada época.

Pero quiero aclarar que al escribir que me siento “cómodo” no lo escribo en el sentido de quedarme de brazos cruzados, porque claro que hay muchas ocasiones en las que he sentido cómo mi falta de visión, de trabajo y disciplina, han influido sobre algunos que me rodean, limitándolos, ya que la mejor forma en la que podemos ayudar a otros a descubrir sus habilidades, de ayudarlos a brillar con su propia luz, es brillando nosotros mismos, sin temor a sentirnos inadecuados por ser diferentes, porque quizás nuestros propios ideales pueden encender la llama de los ideales en quienes nos rodean.

¿Seremos de los “pocos”?

Sin embargo, aunque sea triste, es preciso que reconozcamos la realidad de que son “unos pocos” los que en verdad desean, quieren, anhelan vivir una vida que inspire. No es necesario que busquemos influir en las masas; muchas veces, la esposa, el hijo, el amigo cercano o la novia (cuando somos jóvenes), son todo el mundo donde necesitamos dejar nuestra huella, nuestro legado, un legado formado por un carácter dirigido por principios y por los sueños que nos esmeramos en vivir cada día de nuestra vida, pues, al fin y al cabo, ¿qué es un hombre o una mujer si no puede vivir un ideal, tan sólo uno?

Lastimosamente, la sociedad mundial en la que nos desarrollamos, aunque habla mucho de calidad, y avanza a pasos agigantados en la creación de nuevas tecnologías, parece que ha olvidado que todo lo que hoy tenemos nació como el imposible de alguien, como la locura de un hombre o una mujer que se negaron a ser masificados y, a costa de todo, quisieron hacer algo diferente, algo que ni siquiera sabían si funcionaría, pero que de funcionar significaría un gran paso para la humanidad. Los nombres de estos héroes y heroínas siguen siendo honrados, pero ahora nos toca a nosotros. Es necesario que tomemos una decisión: ¿Viviremos como el hombre mediocre o nos elevaremos con las alas de nuestros sueños, en busca de lo imposible?

Uno por uno.

Un viejo y sabio adagio chino dice: “El que quiere iniciar la labor de cambiar al mundo, debe dar tres vueltas por su propia casa primero”. Dejar de ser mediocres no tiene nada que ver con cambiar al mundo, tiene que ver con cambiar nosotros mismos, para ser mejores, lo que dará como resultado que, uno por uno, aquellos que nos rodean quieran iniciar su propio proceso de cambio, dando sus propias vueltas a su propia casa. De allí que , desde mi punto de vista, podemos decir que la mediocridad está en la afanosa tarea de medir a los demás mientras que nosotros mismos nos estancamos; pero la excelencia se encuentra cuando nos decidimos a SER, renunciando a la manía de juzgar a los demás y comenzando a trabajar sobre nuestro propio y particular potencial.contemplar

Tal vez sólo podamos influir sobre una persona mientras vivamos, pues bien, ¿esa única persona nos recordará por un carácter dirigido por principios, o simplemente nos desvaneceremos como el mal sueño que todo el mundo quiere olvidar a la mañana? Para ser mediocres no se requiere de ningún esfuerzo, sólo hay que cruzarnos de brazos mientras dormitamos en la ilusión de laureles que no durarán para siempre; más, para ser hombres y mujeres de excelencia no existen atajos, y esa condición de seres excelentes se verá reflejada en cada actividad que realicemos, aunque parezca la más humilde del mundo.

De nuevo, si no has leído el libro de José Ingenieros, “El hombre mediocre”, te invito a que lo leas, te garantizo una lectura amena, profunda y de reflexión sobre la condición humana, y si ya lo has leído, pues no dudes en recomendarlo a alguien que no lo haya leído.

Hasta la próxima entrega.

9 de marzo de 2008

Ver las estrellas, a pesar de todo.

Una de las actividades que más disfruto es la de caminar. A veces, simplemente salgo de la casa para dar una vuelta por la colonia donde vivo, pensando, viendo, respirando… esto último en la madrugada, cuando puedo respirar un poco de aire con poca contaminación.estrellas1

Una tarde fui a pagar algunas cuentas a un centro comercial, que queda a unos 25 minutos a pie desde mi casa. Al regresar, como a eso de las 6 de la tarde, noté que el cielo estaba un poco nublado; ya deberían haber aparecido algunas estrellas y yo no podría verlas (otra actividad que disfruto) debido al manto nublado medio anaranjado, medio rojizo. Pero al pasar por las humildes casas de unos niños que jugaban a lanzarse una pelota, uno de ellos dirigió la atención del otro hacia su descubrimiento: “Mira, una estrella” – le dijo. Entonces pensé: “Si el niño ha podido ver una estrella pese a lo nublado, ¿por qué yo no he podido ver ninguna aún?” Seguí caminando, cavilando, mas decidí que intentaría ver lo que el pequeño había visto, y justo al elevar mi mirada al cielo, por un minúsculo claro que se abría entre las nubes, vi una estrella.

Aquella tarde aprendí una valiosa lección: Podemos ver nuestra propia estrella, a pesar de los problemas que enfrentemos, si tan sólo nos resistimos a renunciar. Renunciar es una de esas tentaciones que viene con toda clase de justificaciones, por un lado; y por otro, se presenta como la mejor opción antes que enfrentar un fracaso (aunque la realidad es que renunciar es peor que fracasar).

¿Cuál es tú estrella?

En cada casi entrega de Vivirlaexcelencia.tk, mi principal intención ha sido que podamos reflexionar sobre el gran cometido que es nuestra vida. Y, a medida que escribo nuevos artículos, me esmero por hallar mejores temas, mejores palabras, mejores ideas, para que nos emocionemos con la maravillosa obra que tenemos entre manos.

Puede ser que tengamos que enfrentar economías en recesión, incomprensión de nuestros iguales, falta de interés de otros en nuestras realizaciones, envidias, criticas y toda clase situaciones imaginables; puede ser que las nubes sean tan espesas que en lugar de seguir mirando hacia arriba donde se encuentra nuestra meta, comencemos a ver hacia abajo donde se encuentran las quejas, las excusas y el desánimo. Sin embargo, por muy espesos que miremos esos nubarrones oscuros, todavía podremos ver un claro donde brillará la luz de nuestra misión, el sentido de nuestra vida, si perseveramos, obstinados tal vez, en seguir viendo hacia las alturas.

Un día, una oruga, dijo a los bichos que vivían en su vecindario que iba a escalar el gran monte que estaba a espaldas de su pequeña metrópolis. Todos ellos se burlaron de la pobre oruga y con palabras hirientes le decían que era una locura, moriría en intento, y luego, qué… Habría acabado todo y nadie lo extrañaría porque nadie extrañaba a los locos. La oruga escuchó con paciencia todo lo que le decía, pero cuando todos reían más, ella alzó un poco la voz y dijo: “Pues, yo podré estar loca, pero negarme la oportunidad de saber si puedo o no escalar la montaña, esa es una opción que no tengo”.

Al día siguiente, todos los bichos se reunieron para verla partir. Un par de amigos que acababan de enterarse de la “locura” de la oruga, trataron de convencerla de la imposible de la tarea. Ella simplemente les explicó: “No pienso morir, pero si eso sucede, al menos recuérdenme por haber querido ver más allá de lo que los otros ven”.

Comenzó a caminar en medio de una rechifla, mas no se amedrentó. Poco a poco se fue alejando, hasta que la perdieron de vista. Un grupo de luciérnagas se ofrecieron para formar una cadena de información. Se colocarían de tal manera que una le pasase información a la otra hasta hacerla llegar al pueblecito. Las primera noticias llegaron: “La oruga se ve cansada, pero mantiene el paso sin vacilar”. Un par de días después: “Ya subió la por la pendiente Este, parece que va bien”. Tres días más tarde: “Parece que tiene problemas, se la ve más cansada que nunca y ha avanzado muy poco en relación con los días anteriores”. El día siguiente la noticia era peor: “Parece que está haciendo algo, pero no está avanzando, está muy débil, quizá ya no pueda seguir, los mantendremos informados”. La tensión era enorme, pero todos esperaban el desdichado desenlace, que llegó dos días después: “Se ha encerrado en un capullo, no tiene caso… no se ven signos de vida, y a penas había llegado a la mitad de la montaña… no lo logró”.

Todos los bichos lo esperaban, nadie nunca lo había hecho antes, y nadie lo intentaría de nuevo luego del fracaso de aquella oruga desquiciada. Pero unas semanas más tarde, mientras una de las luciérnagas se paseaba cerca de donde observaban la hazaña para mantener informada a la aldea, sin estar tan cerca, sólo lo suficiente para ver panorámicamente toda la montaña, la crisálida se sacudió violentamente. La luciérnaga lo notó, y voló veloz para dar aviso y montar la línea de información. El capullo se estaba rompiendo, ¿era posible que después de tantos días todavía estuviera viva aquella oruga? La primera noticia llegó: “Algo está saliendo, no puede ser… se demora un poco”. Casi inmediatamente: “Está casi del todo afuera del capullo, tiene alas, se convirtió en una mariposa”. La última noticia llegó: “Ahora se está elevando, llegará a la cima, sin duda llegará a la cima”. Y la oruga (que era más bien una mariposa), llegó.mirando-una-estrella

Siempre enfrentaremos toda clase de adversidad, pero es nuestra decisión seguir viendo nuestra estrella, esa estrella que nos guiará hasta el lugar que queremos llegar.

Y hoy, mientras lees estas líneas finales, te pregunto, ¿estás listo para pagar el precio de ver tu estrella a pesar de todo?

¡Que tengas un gran día!!!

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