27 de noviembre de 2012
Un paso más.
31 de octubre de 2011
Seguir, ese es el secreto.
Cuando el camino se pone cuesta arriba
y tus fuerzas comienzan a flaquear;
cuando parece que el viento te derriba
y ya sin ánimo, comienzas a dudar
que tienes un lugar en este mundo,
que puedes hacer tú la diferencia
y en un grito desgarrador, iracundo,
te enfrentas a la inclemencia
de una existencia que te sabe injusta,
llena de dolor, tristeza y miseria,
en la que una vida que se alza augusta
es solo una lejana y vana quimera,
no te desanimes, pues cree solamente
en las posibilidades que ante ti se alzan,
bajo el disfraz de un fracaso impertinente
que tal vez a tus sueños descalzan,
solo para enseñarte por suerte
que de la excelencia este es el secreto:
seguir tras tu sueño hasta la muerte,
seguir y enfrentarse a cada reto.
4 de octubre de 2011
Morir con gloria.
«Morir es el destino común de los hombres; morir con gloria es el privilegio del hombre virtuoso»
– Isócrates –
Si de algo podemos estar seguros en esta vida es que todos vamos a morir. Pero nuestra atención no debería estar en la clase de velorio que tendremos, ni si asistirán sólo nuestros seres queridos. Más bien, sería bueno que pensáramos en el legado que vamos a dejar cuando muramos y, para ello, sólo hay un camino: la virtud.
Dejar un legado (morir con gloria, según Isócrates) es un privilegio, mas está vedado para quienes carecen de sueños e ideales. Aquellos que se conforman con lo poco, que creen que son lo suficientemente buenos, que no necesitan crecer ni un centímetro más, morirán la muerte común de los de su estirpe. Pero quienes no se conforman a la moral común, sino que buscan los Principios elevados de vida, y tienen sueños por los que luchan e ideales que son su horizonte, ellos morirán privilegiados, porque habrán tocado aunque sea una vida.
Pero la virtud no es dogma, no es imposición, es el desarrollo del carácter. No es virtud la que se hereda, ni la que se enseña en las escuelas o universidades, por mucha ética que se pretenda inculcar. La virtud va más allá de eso, busca la perfección. Que no existe en nuestra condición humana algo perfecto (ni persona, ni familia, ni organización) es cierto, pero el hombre y la mujer de virtud no busca para encontrar algo perfecto, sino lo que puede ser perfectible.
Todo es perfectible en esta vida, y así el santo, el virtuoso, el genio, busca en sus sendas esa perfección. La excelencia de su vida no está en que crean ser la cúspide, más bien está en que siguen caminando para poder atisbarla aunque sea de lejos. Esta es la gloria del hombre virtuoso: seguir mirando hacia el cielo aunque su vida sea la más alta. No se conforma con ser bueno o muy bueno, quiere ser excelente.
Tomado de mi e-book “En la Búsqueda de la Excelencia” pág. 172, 173.
27 de junio de 2011
¿Hacia dónde estamos yendo?
¿Alguna vez te has preguntado por qué sigues corriendo, a dónde quieres llegar, y si valdrá la pena el costo? Tal vez cuando miras hacia el frente, al horizonte, al futuro, escuchas muchas voces (bien intencionadas, incluso) que te dicen que ese camino que has escogido no es el camino, que estás desperdiciando tus talentos, que bien podrías hacer esto o aquello, pero no lo que sueñas, eso no, porque es demasiado loco, demasiado arriesgado… y miras hacia atrás, y te entran ganas de volver a la comodidad de no contrariar a la sociedad, de no arriesgarte a ser visto de menos, o con recelos, porque intentas alcanzar tus ideales.
Ad astra per aspera
Pero pongamos los pies sobre la tierra. Cuando soñamos con nuestros ideales todo nos parece maravilloso, idílico; hasta que miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta que hay más tropiezos de los que imaginamos. Estos tropiezos toman varias formas, pero quiero agruparlos en tres grandes bloques para considerarlos mejor:
1. Las dificultades propias de la obra que queremos emprender. Todo sueño lleva consigo su propia cuota de sacrificio, es algo inherente a él, y debemos ser capaces de decidir estar dispuestos a pagar ese precio. Algunos dirán que hay que saber exactamente cuál es el precio a pagar, pero esto no es del todo posible. Podemos intuir algunas cosas, pero la vida dejaría de ser una aventura si supiéramos todas las respuestas.
2. Nosotros mismos. Sí, nuestros temores y ansiedades, o nuestras dilaciones. Pero no hay manera de evitar los temores y ansiedades. Si no hacemos nada, siempre temeremos ser mediocres y fracasados, y tendremos la ansiedad de ver que otros alcanzan sus sueños. Si hacemos algo, podemos temer fracasar en el intento, pero cuando lo intentamos con todas nuestras fuerzas el fracaso se convierte en un peldaño. Winston Churchill dijo una vez que el éxito consiste en ir de fracaso en fracaso.
3. Los demás. Porque siempre habrá personas que, bien o mal intencionadas, intentarán frenarnos y nos pintarán el cuadro más oscuro de la situación. Sin embargo, si elevamos un poco más la vista, hacia nuestros ideales, seguro que podremos ver un rayo de luz, tenue tal vez, pero que nos hará continuar por sobre las sombras de la multitud que nos cierra el paso.
El camino para nuestra realización seguro que será áspero, tiene que serlo. ¿Por qué? Porque esa es la forma en que nuestros objetivos se van puliendo y nuestro carácter va tomando brillo. Es cierto que esto no resulta popular en nuestros días, en especial cuando vemos a personas muy adineradas (a las que parece no faltarles nada), con caracteres deformes y personalidades defectuosas… Y con todo, es por esos mismos ejemplos que se hace tan necesario elevar los ideales más allá de las convenciones actuales, hacia la excelencia del carácter.
Así que, ¿hacia dónde estamos yendo? Solo nosotros (cada uno en particular) podemos responder a esta pregunta, porque es una cuestión de elección: Elegir la búsqueda de la excelencia continua, o elegir acomodarnos y mezclarnos con la masa. No se trata de esnobismo, sino del trabajo humilde que se realiza en silencio, dando siempre lo mejor de nosotros a la tarea que amamos.
PD: Gracias por acompañarme durante estos 4 años de Vivir la Excelencia. Es un gusto compartir con ustedes, leer sus comentarios, y saber que puedo servirles. Poco a poco vamos configurando nuevos proyectos, siempre con la misión de servir a cada uno de ustedes que se acercan a esta ventanita de mi casa a leer un poco. Les deseo mucha prosperidad y que cada día, al levantarnos, nos inspire el ideal de seguir avanzando, de seguir viviendo la excelencia, porque esto es un camino, no una meta; es un ideal, un horizonte, que cada día nos va haciendo más fuertes y mejores.
Atentamente,
Gerson E. A. Arenivar
6 de mayo de 2011
Sé un árbol – II.
«El secreto de nuestro crecimiento está en las raíces, en conocer los Principios de Vida»
– Gerson E. A. Arenivar –
Como lo aclaramos en la lectura anterior, no somos los únicos que sufrimos. A nuestro alrededor hay personas que están pasando, en este mismo momento, por situaciones difíciles (quizás como nosotros mismo); pero, ¿ya te has preguntado por qué hay personas que a pesar de las tormentas se ven tranquilas y hasta felices?
A veces, las respuestas a preguntas como la anterior nos causan problemas, porque nos parecen tan simples que, bueno, nosotros quisiéramos que se nos dé una fórmula más elaborada, más acorde a nuestra inteligencia; sin embargo, la vida nos ha enseñado que las respuestas a las preguntas más difíciles son a menudo respuestas sumamente sencillas. Entonces, ¿por qué una persona puede ser feliz, tener paz y crecer cuando lo azota la adversidad? Porque ha decidido ver la vida (y todo lo que ella implica) como una oportunidad constante de crecimiento.
Lamento mucho si no era la respuesta que esperabas, pero el secreto del éxito, el secreto para volver a levantarnos cuando encontramos tropiezos en el camino y caemos, el secreto para nuestro constante crecimiento, no se encuentra en ninguna técnica o en una simplemente complicada mentalización, aunque ellas pueden tener su lugar; el secreto de nuestro crecimiento está en las raíces, en conocer los Principios de Vida como la integridad, el amor, la fidelidad, la responsabilidad, etc.
Estos Principios no son técnicas ni mentalizaciones, son guías para vivir un estilo de vida elevado y en constante búsqueda de la excelencia personal, familiar y profesional. Cuando ellos sustentan profundamente nuestras vidas, como las raíces del frondoso árbol, nos sirven para alimentar nuestro carácter y arraigarnos fuertemente a la seguridad que proviene de vivir una vida noble. Esto es un proceso constante, así como el árbol nunca deja de depender de su raíz para ser alimentado. De hecho, cuando un árbol ha caído, es fácil notar que sus raíces no eran lo suficientemente profundas, o que no alimentó bien a su tronco y este se pudrió. Por eso, alegrémonos cuando viene una tempestad, porque si sentimos que tambaleamos, tal vez sea un buen momento para examinar nuestro fundamento y hacer los arreglos necesarios. Sé un árbol.
(Adaptado de mi e-book “En la búsqueda de la excelencia” pp. 36, 37)
6 de febrero de 2011
¡Cuidado con el Optimismo… exagerado!
¿Se puede ser demasiado optimista? ¿Acaso no es bueno el optimismo en la vida? Francamente, si me hicieras estas preguntas en persona no sabría cómo responderte. Valoro mucho el ser optimistas e intentar ver el lado amable de las cosas, sin embargo, es posible exagerar y olvidarnos de la realidad de la vida.
Tal vez te parezca contradictorio, en especial porque desde Vivir la Excelencia intentamos elevar la vista por sobre la realidad para marchar hacia el horizonte de nuestros ideales. Sin embargo, déjame explicarte un poco a qué me refiero.
Negación de la realidad.
El optimismo exagerado es una distorsión, un autoengaño si se quiere. Es negar que existan cosas que no están bien el mundo. De hecho, esta clase de positivismo es un extremo que linda directamente con el desengaño, la desilusión y el desánimo. Y de este tipo de optimismo hay muchos maestros llamando a nuestra puerta con la promesa de la felicidad duradera, si compramos este o aquel curso costoso, o si practicamos tal técnica que solo ellos nos pueden enseñar por un módico precio muy alto.
Y cuando no se ven los resultados prometidos por esas exageraciones, ¿quién crees que tiene la culpa? Tú, por no haber realizado “correctamente” los tres simples pasos (que curiosamente en el proceso se pueden haber multiplicado hasta el infinito… sí, estoy exagerando un poco). Pero, en realidad, ¿qué hay detrás de esa fanfarria, con la que se publica el último gran descubrimiento del control mental, del secreto para materializar cualquier cosa con solo pensarlo? ¿Podría ser una vedada forma de alejarnos de reflexionar seriamente sobre lo que no está bien en el mundo? ¿Te has detenido a ver qué es lo que virtualmente ofrecen: una vida sin preocupaciones, tanto dinero como cualquier deportista o actor famoso, mujeres (u hombres) por doquier…? Aunque debo admitir que todo eso forma parte de la idea común del éxito, pero la excelencia está mucho más allá de eso, porque tiene que ver con cambiar para ser mejor, no solo para parecerlo.
Transformación de la realidad.
Con lo anterior no quiero decir que esté mal ser optimistas, pero hay que saber serlo. El verdadero optimista también es capaz de mezclar un poco de pensamientos negativos a fin de tener una idea equilibrada del precio a pagar por la realización de sus sueños. No podemos negar el valor de ser positivos, porque alarga nuestra vida y nos favorece al protegernos de enfermedades que pueden surgir en nuestra mente. Pero, mantener el equilibrio, nos da la capacidad para comprender cuándo las cosas no van por buen camino y nos permite actuar a tiempo.
Cuando contemplamos la realidad, como verdaderos optimistas, no tratamos de engañarnos repitiéndonos una cantidad de frases hechas para negarla, sino que emprendemos la búsqueda de la solución, de la mejora continua, aun a costo del sufrimiento personal. ¿Quién dice que un optimista no puede llorar a veces, o gritar o enojarse? Es necesaria la insatisfacción con la realidad presente, si queremos trabajar por transformarla.
Me gustaría compartir tres actitudes que presentan los verdaderos optimistas:
1. Compromiso, con una causa o tarea.
2. Sentido de control, frente a las adversidades; es decir, se saben capaces de manejar una situación difícil.
3. Ven los problemas como desafíos, como la oportunidad de demostrar que realmente están comprometidos con su ideal.
La vida es maravillosa, pero a cada paso hay luchas que debemos librar: Hábitos nocivos que quitar, hábitos constructivos que adquirir; relaciones desgastantes que arreglar o dejar, y relaciones satisfactorias que alimentar.
Sinceramente, ¿qué consideras mejor: negar la realidad, o trabajar por transformarla en tu círculo de influencia?
Nos vemos en el próximo artículo.
1 de enero de 2011
¡Propósitos, propósitos, propósitos!
¿Sirve de algo establecer propósitos de año nuevo, solo para mirarnos tres o cuatro meses después intentando explicarnos por qué no hemos podido mantenerlos tan firmes, como cuando nos prometimos que esta vez sí comenzaríamos esa siempre postergada rutina de ejercicios, o la lectura de esos libros que constantemente dejamos para luego, o el fortalecimiento de esa relación que se va deteriorando mientras nos absorben tantas cosas a nuestro alrededor?
Superando la confusión.
Quizás el verdadero problema es que no son propósitos los que nos forjamos, sino a penas deseos de lo que quisiéramos que fuera nuestra vida durante el nuevo año. La diferencia es que los deseos son expresiones emocionales que, si no son alimentadas hasta convertirse en propósitos, pronto serán desplazados por otras manifestaciones de nuestros sentimientos (positivos o negativos) y eso generará una sensación de culpabilidad e inestabilidad, porque nos veremos como personas de poca seriedad incluso con nuestros compromisos personales.
No está mal tener deseos. Pero tampoco está bien confundirlos con propósitos. Nuestros deseos pueden ser aspiraciones legítimas, de crecimiento; pero suelen ser nebulosos, sin un rumbo claro a seguir. Y el resultado es que cuando se enfrenta el primer escollo, el deseo mengua y la motivación comienza a desaparecer.
Por otro lado, aunque el propósito conlleva la emoción del deseo, se distingue de este en su calidad, pues el propósito marca un rumbo definido de acción, flexible, sí, pero lo suficientemente firme para enfrentar los desafíos que se interponen entre la meta escrita y la realización de ella. Que quede claro: no se trata de un cronograma rígido en el que cada minuto del día de cada día de la semana está programado inexorablemente para el resto del año. Se trata de poner en primer lugar lo que es en verdad importante, y que resultará en una vida efectiva y llena de significado.
¿Hemos establecidos nuestros “propósitos” o tan solo tenemos “buenos deseos”? ¿Hemos decidido poner en primer lugar solo lo que es verdaderamente importante (esto puede variar de persona a persona, sin duda)? ¿Estamos dispuestos a pagar el precio de llevar nuestro propósito hasta su cumplimiento, enfrentando los desafíos que sin duda vendrán?
Esta es la primera entrega del 2011 aquí en Vivir la Excelencia, y mi propósito mayor es seguir sirviéndote con estos artículos que espero sean de utilidad para ti. Y tengo la esperanza de que este año sea un gran año para ti, siempre y cuando tengas propósitos claros, definidos. Recuerda: Si deseas que tus deseos de año nuevo se conviertan en propósitos, es necesario acompañarlos de un plan de acción y de la disposición a pagar el precio para verlos convertirse en realidad.
¡Que tengas un 2011 excelente!
24 de agosto de 2010
Iniciando el Cambio.
«Si un minuto basta para morir, debe bastar para cambiar»
– Émile Chartier –
Vivimos en un mundo que cambia constantemente. ¡Qué maravilloso es saber que nosotros tenemos el poder para vivir al ritmo de esos cambios! No digo “poder” en un sentido místico y espiritualizado. Me refiero al poder de la elección.
Así que todo a nuestro alrededor cambia, no sólo la geología de nuestro planeta. Cambian las relaciones, cambian los empleos, cambian las ciudades, cambia el dinero. A veces, la vorágine es tal que sentimos que no podemos mantener el ritmo, más si nos ha tocado enfrentarnos con un despido, con una enfermedad o con una montaña de deudas que parecen sobrepasar al mismo monte Everest. Pero, en las líneas de éste volumen, quiero que me permitas entrar en tu casa a conversar por unos cuantos minutos al día sobre todo el poder que tienes en tus manos para darle el giro que desees a tu propia existencia.
La vida es frágil, efímera, y también es hermosa, ¿por qué tendríamos que pasar los mejores años de nuestra vida sintiendo que está en nuestra contra? La respuesta es que no tenemos que hacerlo, porque si en un minuto podemos morir, también podemos cambiar, pues el cambio comienza con una decisión.
¿Qué quieres cambiar hoy? ¿Tu estado de ánimo? ¿La forma en que te relacionas con tu esposa / hijo / padre / jefe, etc.? ¿Tus pensamientos? Comienza por decidir. Nuestras decisiones pueden llevarnos a la senda que nos hará cada vez más fuertes y mejores… que nos hará personas de excelencia.
(Tomado de mi e-book “En la Búsqueda de la Excelencia”, pág. 10-11)
10 de junio de 2010
Talento y Trabajo.
No es infrecuente encontrar personas con dones naturales que nos asombran: Físicos impresionantes; intelectos muy agudos; creatividad fuera de serie; dotes de mando, y mucho más. Pareciera que han nacido para ser grandes y forjarse un nombre y no dudamos que algunos de ellos lo logran; pero, ¿nacer con ciertas capacidades garantiza que nos irá bien en la vida? ¿Qué pasa con el trabajo, con la formación? ¿A caso no podemos hacer algo para “cambiar nuestra estrella”[1]?
Si pudiéramos dividir en grupos a las personas de la historia, notaríamos que entre el grupo de los sobresalientes, por sus aportes a la humanidad, hay dos ramas que resultan interesantes por lo heterogénea que son entre sí. Por un lado tenemos a individuos talentosos que supieron gestionar sus dones y los potenciaron para alcanzar sus objetivos. Tal vez tuvieron desventajas respecto a las circunstancias que los rodearon, pero una clara consciencia de sus habilidades superiores les hizo elevar la vista hacia un horizonte que, aunque lejano, estaban dispuestos a seguir. Pero también es muy frecuente que estuvieran rodeados de oportunidades que otros no tenían.
Por otro lado, tenemos a individuos que sin dotes especiales se encumbraron hacia las alturas. No eran buenos oradores, no tenían capacidad para la enseñanza, no sabían dirigir, ni eran muy hábiles mecánicamente o intelectualmente, y tampoco vivieron bajo circunstancias favorables, pero supieron sobreponerse a cualquier cantidad de limitaciones a fin de poder caminar hacia el horizonte que vislumbraban para sí y los suyos. Reconocieron sus limitaciones en cuanto al destino que habían elegido, pero el trabajo duro reemplazó al poco o nada de talento.
Al pensar sobre esto no puedo evitar preguntarme: ¿Qué sucedió con el resto, los que no son parte de este grupo heterogéneo de sobresalientes? Esta pregunta me resulta importante, en especial si pensamos que muchos de los que no sobresalieron estaban capacitados naturalmente, pero fueron dejados en el camino por los que, aun sin dotes especiales, se aplicaron con diligencia al auto-mejoramiento. Y los que no tenían dones, y no pertenecen al grupo de seres excelente, simplemente se cruzaron de brazos pensando que debían aceptar su suerte.
De hecho, la disciplina y el trabajo, ha sido una característica de los seres excelentes a lo largo de la historia. Sin importar si han tenido o no capacidades especiales, en realidad han alcanzado sus sueños por su diligencia.
Aquellos que asumieron que por la cuna en que nacieron, o por las tendencias especiales que manifestaban, tenían asegura el futuro, muchas veces terminaron desperdiciando su vida, y aunque gracias a su posición alcanzaran renombre, eso no era más que una ilusión condenada a desvanecerse una vez murieran. Una suerte muy diferente de quienes con ardua constancia, construyeron su propio destino.
Así que, si creemos que hemos nacido con alguna característica especial, ella sola no es garantía de éxito en la vida. Y si no creemos tener habilidades sobresalientes, ese hecho sólo no puede hacernos fracasados. Lo que hace la diferencia es la elección que hacemos de dar siempre lo mejor de nosotros mismo, de desarrollarnos, de crecer.
Hasta la próxima entrega.
[1] He tomado esta expresión de la película titulada en español “Corazón de caballero”, porque me gusta lo que creo que representa.
4 de junio de 2010
Formar líderes: Una deuda pendiente.
Al margen de que existen varias escuelas especializadas en el desarrollo de las competencias para el liderazgo efectivo (algunas de las cuales son patrocinadas por los nombres de grandes autores en el ámbito de la autoayuda, el desarrollo personal, el éxito y el liderazgo), nuestra sociedad sigue teniendo una deuda pendiente: nos falta un genuino interés en la formación de líderes. Es decir, sabemos que necesitamos de un liderazgo fuerte y orientado, sabemos que se debe hacer algo para que desde los más pequeños hasta los más grandes tomen consciencia de la importancia de saber dirigir y guiar y visionar; pero, nuestra sociedad ¿trabaja para formar personas que, en los diferentes roles que les toca desempeñar, se desempeñan con excelencia? ¿O está formando nuestra sociedad sólo mano de obra calificada (y barata)?
¿Educación?
Generalmente nuestra educación, desde niños hasta adultos, está basada en los tecnicismos. Incluso en carreras más teórico-reflexivas (que nacieron inicialmente para profundizar en el entendimiento de los fenómenos sociales), como la psicología o la sociología, el fin último parece ser introducir a los profesionales en el gran organigrama social, entre los engranajes del “progreso”, para perpetuarlo, para fortalecer las instituciones que mantienen el gran orden de las cosas.
De vez en cuando alguien se da cuenta de que las cosas pueden cambiar. Entonces comienza a pensar, aunque alrededor el temor es evidente; es el miedo de que todo cambie de orden. Pero el líder inicia el cambio, con una palabra, con una actitud, con una acción. ¿Y qué ha hecho para convertirse en un líder? ¿Es su educación lo que ha permitido elevar su visión? La verdad es que ha tenido que formarse a sí mismo, partiendo de un sentido de inconformismo fundamental, pero no radical (léase, fanático). Simplemente, ha probado con hacer algo diferente.
¿Por qué no se enseña en la escuela sobre el potencial que tenemos? No estoy hablando de los espiritualismos que se han hecho comunes hoy en día. Hablo de las capacidades que tenemos para trabajar por ser mejores y ver un mundo mejor (una clara utopía que sirva para caminar).
¿Y qué podemos hacer nosotros?
Francamente, no lo sé. Pero creo que elevar la norma para nosotros y vivir en la excelencia puede ser un buen paso. Lo que somos influirá en quienes nos rodean, uno a uno, y eso sí puede hacer la diferencia. Aunque no podamos hacer que nuestro sistema educativo cambie, sí podemos ayudar a los más pequeños a ver nuevos horizontes. Para ello, nosotros mismos debemos ser excelentes. Cada hogar, e institución, o movimiento, puede convertirse en el catalizador de la educación que nuestros nuevos líderes están necesitando.
¿Qué debería incluir la educación de líderes? ¿Cuándo debería comenzarse a enseñar a los chicos que sus mentes cambiaran al mundo? Sería bueno considerar estas cuestiones, por ello me gustaría leer tu opinión. Deja tu comentario y déjame saber qué piensas.
5 de mayo de 2010
¿Autoayuda? No gracias…
Tal vez sólo sea una categorización, es decir, una forma de catalogar a un tipo de libros, cursos, terapias y grupos. Tal vez cuando fue acuñada tuvo la intensión de definir más bien un tipo de pensamiento en el que se premiaba el mejoramiento personal viniendo desde abajo (como el caso de Dale Carnegie y su famoso libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”). Lo más probable es que cuando la autoayuda apareció en escena denominada como tal, premiaba cualidades del carácter, como la humildad, la laboriosidad, la frugalidad, entre muchas otras. Pero, ¿qué es eso de la autoayuda hoy? Más aún, ¿existe realmente algo así como las terapias, libros y cursos de autoayuda?
Aclaremos un poco las cosas.
Es curioso que en este blog nos planteemos esto. Según las normas comunes, este sitio y todos los artículos que aquí escribo deberían catalogarse como de autoayuda. Y cuando entramos en las profundidades de esa categoría, nos encontramos un laberinto sin fin de filosofías, cuentos, novelas, poemas, consejos y más… Parece que estamos muy necesitados de que exista esta clasificación, en especial para esos momentos en los que nos sentimos tan desdichados que necesitamos que alguien nos diga cuánto valemos, como si fuera un nuevo descubrimiento. (Seguro que alguno dirá que es justo para el autodescubrimiento que surgió la autoayuda.) Y es justo en este punto donde creo que se destruye a sí mismo este concepto, es decir, se autodestruye.
Vayamos por partes. Primero, estoy convencido que la percepción del automejoramiento, autodescubrimiento y autoayuda, es muy fuerte en nosotros. Ha estado presente desde el invento de la rueda y el fuego, hasta el desarrollo de nuestra última tecnología robótica. Tiene que ver con no estar conformes con lo mismo de siempre. Tiene que ver con pensamientos que nos impulsan a tener ideales y luchar por alcanzarlos. No estoy en contra del concepto, pero ¿será posible que se haya desvirtuado? Eso es lo segundo: Me parece a mí, que esa fuerte percepción de poder venir desde abajo y convertirse en un gran hombre o mujer de bien para la humanidad, ha hecho que el marketing moderno se aproveche de nosotros y nos bombardee, día y noche, con las últimas recetas para mejorar la autoestima, combatir el estrés, bajar de peso, vernos y sentirnos más jóvenes, etc.
Lo anterior no significa que quienes gustan de ese tipo de libros deban dejar leerlos. Cada uno de nosotros es libre de hacerlo, según los títulos que más nos apetezcan y en las subcategorías que más nos convengan. El asunto esencial es que debemos estar alertas.
Mentores, consejos, Principios.
Una de las frases que más se esgrime en el mundo de la autoayuda y la motivación, es esta: “Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. La escuchamos muy a menudo y, como tiene el peso del gran genio Albert Einstein, no dudamos en aceptarla sin más. Digo “sin más”, porque es curioso que la frase anterior es utilizada por los más diversos planteamientos sobre lo que significa el desarrollo humano, y cada uno pretende ser un camino para alcanzar el máximo potencial. Justo aquí es donde la figura del mentor se ha agrandado. Porque se supone que este gurú ha pasado todo un proceso de iluminación y es capaz de decirnos qué hacer para lograrlo nosotros. Esto me resulta más interesante, pues implica que otro ser humano como yo, con sus propios problemas y debilidades, sabe mejor que yo lo que me conviene para la vida. ¿Es eso autoayuda? ¿Es eso hacer las cosas de manera diferente?
No quiero desvirtuar el papel de los consejeros, ni su capacidad para acertar a algunos problemas, pero me parece que podemos hacer algo mejor. Lo que podemos hacer es aprender sobre Principios. Me refiero a Principios de vida, como la humildad, la integridad, el amor, la fe, entre otros. Me refiero a Principios de la salud, como la sana alimentación y el ejercicio regular. Bajo este modelo, el rol del mentor se convierte más bien en el de un compañero viaje. Después de todo, eso es lo que somos, compañeros de viaje. Ninguno tiene una posición privilegiada, pues todos debemos seguir aprendiendo a descubrir nuestra propia y singular misión de vida.
Así que, en resumen, si por autoayuda entendemos el moderno concepto mercadológico en el que debemos comprar una cantidad creciente de libros para descubrir los secretos del universo y ser felices, porque al parecer necesitamos seguir alimentando una industria de 24 mil millones de dólares para que nos faciliten esos secretos, entonces digo: “¿Autoayuda? No gracias…”
PD: Lo que siempre debemos recordar es que nuestra misión en la vida, es sólo nuestra. Por es necesario volver al desarrollo del carácter.
___Aquí te dejo unos links donde he encontrado unos post muy buenos al respecto del tema que estamos tratando. El toque de humor nos hace reflexionar mejor:
26 de abril de 2010
Video: “Lo intenté. Y lo Conseguí.”
Luego de disfrutar del video en el que se habla sobre la creatividad, quiero presentar este día un maravilloso video que se resume en el título para esta entrega: “Lo intenté. Y lo Conseguí.” De hecho, es el personaje del video el que dice esto.
Aunque admito que en el video anterior no les puse sobre aviso de los 20 minutos que había que invertir para verlo, este video es más corto (6 min.) pero igualmente aleccionador. ¡Qué lo disfruten!
8 de abril de 2010
Para Ser Mejores…
¿Te ha sorprendo en alguna ocasión escuchar a alguien quejándose de sus enfermedades y problemas, pero cuando se les sugiere que, muy probablemente, sus hábitos pueden estar ocasionando esas enfermedades y esos problemas, se vuelven con una mirada que denota su confusión y rápidamente se lavan las manos en cualquier cantidad de excusas?
Esto es más habitual de lo que nos gustaría admitir. Pero no quiero ahondar en este asunto, sino en el trabajo a realizar para ser mejores. Este trabajo es el más noble al que podamos dedicarnos, porque tiene que ver con desarrollar un carácter digno, de excelencia, y una visión abundante de la vida.
Sin embargo, no será con mis palabras, sino con una pieza muy conocida e inspiradora que comparto a continuación:
Desiderata
Escucha entonces la sabiduría del sabio: “Camina plácidamente entre el ruido y las prisas, y recuerda que la paz puede encontrarse en el silencio. Mantén buenas relaciones con todos en tanto te sea posible, pero sin transigir. Di tu verdad tranquila y claramente; Y escucha a los demás, incluso al torpe y al ignorante. Ellos también tienen su historia. Evita las personas ruidosas y agresivas, pues son vejaciones para el espíritu. Si te comparas con los demás, puedes volverte vanidoso y amargado porque siempre habrá personas más grandes o más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros, así como de tus planes. Interésate en tu propia carrera, por muy humilde que sea; es un verdadero tesoro en las cambiantes vicisitudes del tiempo. Sé cauto en tus negocios, porque el mundo está lleno de engaños. Pero no por esto te ciegues a la virtud que puedas encontrar; mucha gente lucha por altos ideales y en todas partes la vida está llena de heroísmo. Sé tú mismo. Especialmente no finjas afectos. Tampoco seas cínico respecto al amor, porque frente a toda aridez y desencanto, el amor es tan perenne como la hierba. Acepta con cariño el consejo de los años, renunciando con elegancia a las cosas de juventud. Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en la inesperada desgracia, pero no te angusties con fantasías. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Más allá de una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Eres una criatura del universo, al igual que los árboles y las estrellas; tienes derecho a estar aquí. Y, te resulte o no evidente, sin duda el universo se desenvuelve como debe. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que le concibas, y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones, mantente en paz con tu alma en la ruidosa confusión de la vida. Aún con todas sus farsas, cargas y sueños rotos, éste sigue siendo un hermoso mundo. Ten cuidado y esfuérzate en ser feliz”.
¡Qué tengas un gran día! Espero que puedas seguir disfrutando de Vivir la Excelencia.
18 de noviembre de 2009
¿Cómo Dejar de Ser Mediocres?
Creo que llegar a esta pregunta e intentar contestarla es la consecuencia lógica de los tres artículos anteriores de Vivir la Excelencia. Debo reconocer que, tanto el artículo “¿Por qué Dejar de Ser Mediocres?” como éste artículo, tienen títulos que podrían ser mal entendidos o tomados muy a pecho. Sin embargo, los presento porque considero que de vez en cuando no cae mal hacernos algunas preguntas, aunque sean un poco dolorosas, aunque no consideremos que se apliquen nuestra condición. Estas preguntas podrían incluir reflexiones como: ¿Soy mediocre o me comporto como una persona mediocre? Y si en alguna área de mi vida encuentro mediocridad, ¿por qué tendría que dejar esa condición? Y más aún: ¿Cómo puedo dejar de ser mediocre?, en caso de haberme dado cuenta de que lo soy.
La receta mágica es…
A ninguno de nosotros nos gusta la idea de pensar que somos mediocres, pero ya hemos dicho antes que la mediocridad es destructiva sólo cuando persistimos en ella, porque es entonces que iniciamos un inevitable descenso. Y persistimos en la mediocridad, cuando creemos que ya hemos alcanzado todo lo que podríamos haber alcanzado, es decir, cuando pensamos que no somos mediocres.
De alguna manera es paradójico que las personas de excelencia sientan que aún pueden dar más de sí (y de hecho, dan más de sí), mientras los mediocres creen que ya lo han dado todo, y mientras los fracasados lloran porque ellos nunca tuvieron mejores oportunidades de superarse. Con este panorama pintado en breves palabras, resulta interesante pensar que cuanto más me esfuerzo por demostrar que no soy mediocre, más me enredo en la mediocridad; pero cuando decidimos seguir la senda de la excelencia, lo que inevitablemente sucede es que dejamos de compararnos con los demás y comenzamos a crecer, a nuestro propio ritmo, es verdad, pero seguimos creciendo. Y entonces cabe preguntarnos: ¿Cómo puedo dejar de enredarme con la mediocridad para vivir la excelencia? ¿Hay alguna receta mágica? Y la receta mágica es… que no hay recetas mágicas para ser personas de excelencia, con calidad de vida y felices.
Aunque vivimos en una época de velocidad, lamento no poder unirme a las voces que oigo por aquí y por allá, dentro y fuera del internet, prometiendo una vida feliz y abundante después de 10 ó 15 pasos. No puedo unirme a los gurús que prometen que con sus cursos (algunos bastante costosos, por cierto) develarán los secretos del éxito, porque sus cursos son los definitivos, los que tienen las fórmulas mágicas para una vida de riqueza y prosperidad. Y no puedo unirme a esas voces que son tan abundantes, sencillamente porque la vida es todo un proceso para el que no existen los atajos. Con esto no estoy queriendo desacreditar la labor que hacen quienes intentan ayudar a los demás a mejorar, sólo quiero poner en perspectiva que una vida de excelencia es mucho más exigente que aplicar una fórmula, porque el ser excelente vive su vida en base a principios.
Así que, la manera que conozco para responder a la pregunta de nuestro artículo de hoy, es la siguiente:
1. Tener un ideal. Cuando tenemos ideales reconocemos que puede haber personas mejores y peores que nosotros, pero no importa, porque lo que nos ocupa es seguir avanzando en pos de nuestros sueños.
2. Cuidar nuestros hábitos. La creación y perfeccionamiento de un hábito es todo un proceso de preparación y crecimiento. Romper con hábitos nocivos requiere mucho valor. El punto es que nuestros hábitos decidirán nuestro destino.
3. Aprender e internalizar Principios de Vida. El amor, la integridad, la gratitud, la fidelidad, la virtud, entre otros, deben dejar de ser meros valores sociales y deben volver a su justo sitio de Principios guiadores (regidores). Y para que vuelvan a su justo sitio, los Principios deben ser estudiados, meditados, pensados e internalizados, sólo así permearan nuestra vida.
4. Desarrollar relaciones fuertes. Siempre hay personas con las que se puede crecer, porque uno es mejor estando junto a ellas. Y para andar la senda de la excelencia, ¿qué mejor que ir acompañado de alguien excelente?
5. Dejar un legado. Viktor Frankl dijo: “Cada hombre debe decidir, para bien o para mal, cuál será el monumento de su existencia”. Y la manera de dejar un legado duradero en aquellos que nos rodean es integrando los cuatro puntos anteriores. Eso nos impulsará a dejar nuestra huella y nos impedirá acomodarnos en el punto medio donde yacen los sueños de muchos que decidieron que ya habían hecho suficiente. Dejar un legado, es estar dispuestos a vivir todo el proceso de una vida significativa, con sus luchas, caídas y equivocaciones, con sus victorias, avances y aciertos.
No ha sido mi intención escribir los títulos de este artículo y del anterior para herir la sensibilidad de ninguno de mis lectores. Quizás sirva de disculpa decir que, como todos mis escritos anteriores, la primera persona para la que escribo es para mí. Mi deseo es que ésta serie de cuatro artículo haya servido para profundizar (o al menos intentar hacerlo) en este tema que nos puede afectar de una o de otra forma y que al pensar en ello hayamos podido encontrar nuevas ideas, tal vez nuevas fuerzas, para seguir avanzando hacia la cumbre que hemos vislumbrado para nuestra vida.
Una recomendación final: Tal vez sería muy bueno que leyeras desde el artículo “¿Qué es Ser Mediocre?” hasta el artículo de hoy en forma corrida. Así tendrías todo el cuadro completo en una sola leída. La razón por la que escribí 4 artículos sobre el tema de la mediocridad es porque me permitiría explayarme en unas pocas ideas en cada entrega.
Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia.
3 de noviembre de 2009
El Problema Real de la Mediocridad.
En el artículo anterior hemos igualado a la mediocridad con el conformismo. La justificación para hacer tal cosa nos ha venido de analizar detenidamente la composición de la palabra en sí. Como hemos dicho, ser mediocres es conformarnos con lo normal, con lo bueno solamente y con llegar (al menos) a la mitad de la montaña. Pero dicha definición no pretende en ninguna manera ser absoluta, sino propiciar una reflexión personal sobre eso de ser mediocres o conformistas.
¿Es mala en sí misma la mediocridad?
El objetivo de este artículo es aventurarnos a preguntar: ¿Cuál es el problema de la mediocridad? ¿Es realmente importante hablar sobre esto? No podemos evitar tener juicios a priori respecto a estas preguntas, pero considero saludable suspender brevemente el juicio hasta haber reflexionado un poco. Lo más seguro es que lleguemos a las conclusiones que teníamos antes de iniciar nuestra reflexión, es sólo que ahora las reforzaremos con nuestro compromiso al habernos permitido pensar sobre esto.
En primer lugar, ¿es mala la mediocridad en sí misma? Sin pretender defender lo indefendible, en mi opinión, la mediocridad en sí misma no es mala (o negativa o perjudicial), al menos, en el corto instante en que es un punto. De hecho, parafraseando a José Ingenieros, la mediocridad sirve para que el genio (el ser excelente) apunte hacia la altura a la que el mediocre no puede llegar. La normalidad, lo de media calidad, sólo sirve para mostrarle al ser de excelencia que ya no es posible seguir a ése nivel, sino que hay que avanzar un paso más. De esta manera, el mediocre le sirve al ser excelente como alarma contra una actitud acomodaticia; aunque luego (y a veces a pesar del mediocre) el excelente termine sirviendo con sus ideas y progresos al otro.
En segundo lugar, ¿cuál es el problema real de la mediocridad? Enfatizo la idea de que la mediocridad no es negativa en sí misma, en el corto instante que es un punto en el que se hace necesario tomar una decisión. Vivir la excelencia es un viaje, una escalada si se quiere, en la que no siempre resulta sencillo mantener el ritmo. A veces nos cansamos, o incluso nos desanimamos; también tropezamos y hasta caemos. Entonces llegamos al punto en que hay que decidir. Y la decisión puede ser: seguir avanzando a pesar de todo (lo que hace el ser excelente) o contentarnos con haber llegado a la mitad de la montaña (lo que hace el mediocre). Pero cuidado, aquí es donde comienza el peligro real de la mediocridad y para ilustrarlo usaremos dos ejemplos: 1) Cuando tomamos un recipiente y lo llenamos de agua, el primer día el agua está limpia; pero, ¿qué sucede a la semana siguiente o al mes siguiente? El agua se ha descompuesto, pues es el resultado natural del estancamiento. 2) Imaginemos que vamos subiendo por una montaña y a la mitad nos falta el aliento. Nos detenemos, por un momento, para tomar una decisión. En ese momento en que nos detenemos somos mediocres, pero no hay problema, hacer esa pausa no está mal en sí. Lo que hace la diferencia es la decisión que tomamos: Si decidimos avanzar, obviamente dejaremos el punto medio en el que nos detuvimos y llegaremos a nuevas alturas. En cambio, si decidimos que no podemos seguir porque el camino es demasiado difícil, lo que inevitablemente sucederá no es que nos quedaremos a la mitad del camino para siempre, sino que comenzaremos a descender por la montaña. De esta manera, la mediocridad no es un estado permanente, sino el momento en que se debe decidir.
Ahora, si es importante o no reflexionar sobre esto, es una cuestión personal que debemos enfrentar tarde o temprano. Ojalá sea temprano, porque entonces podremos ver más allá de las limitaciones personales o ambientales con las que debemos lidiar todos los días.
En resumen.
Me gustaría terminar este artículo haciendo un breve resumen de cuatro puntos: 1) La mediocridad tiene su lugar en el mundo, pero eso no significa que debamos acomodarnos (o contentarnos) en la mitad del camino. 2) La mediocridad es un punto en el que se debe tomar una decisión (por eso tiene su lugar en el mundo), y de la decisión depende el futuro de nuestras vidas. 3) Decidir seguir avanzando bajo la luz de nuestros ideales, aunque sea difícil, es vivir la excelencia y eso nos permite aspirar a nuevas alturas. Pero recuerda, aunque esto de las nuevas alturas puede ser diferente para cada uno; sin embargo, el estilo de vida será el mismo. 4) Decidir no seguir avanzando es condenarnos a un inevitable descenso.
Así, la mediocridad es caer en una espiral descendente de conformismo, fatalismo, negatividad y quejas, entre otras cosas, y es en el constante descenso donde se encuentra el verdadero problema del mediocre y de la mediocridad. Por tanto, debemos tener cuidado con contentarnos por haber llegado a la mitad del camino, porque podríamos estar propensos a descender si no elevamos la vista hacia la altura que nos espera.
Hasta la siguiente entrega.
14 de octubre de 2009
Entendiendo Bien la Crisis…
Cuando escuchamos la palabra “Crisis”, por lo general vienen a nuestra mente imágenes negativas de la vida, del gobierno, de la familia, de la economía, etc. ¿Por qué? Es decir, si analizamos bien nuestros conceptos de crisis nos damos cuenta que en realidad no tienen por qué condicionarnos a sentimientos o pensamientos negativos. Es más, todo lo que falta, a veces, es ampliar un poco más el concepto para ver la mejor cara de la moneda.
Crisis = Momento para tomar una decisión.
La palabra en sí nos ha legado un poco de historia al provenir del latín crisis, que a su vez ha derivado del griego κρίσις (krisis); y ya esta palabra griega ha nacido del verbo krinein que tiene las siguientes connotaciones: separa, juzgar, decidir.
Ahora, pensemos en esto: A lo que nos referimos con crisis es a un momento de cambios, y aunque no podemos saber si lo serán para bien o para mal, al fin y al cabo son cambios inevitables, por cuanto vivimos en un mundo en el que todo cambia. Pero, aceptar cualquier cambio en forma meramente pasiva es realmente un problema, porque limita (cohíbe) nuestra capacidad para hacernos responsables de nuestras propias vidas. Aunque, quizás, el problema no sólo sea la limitación. Escribo esto porque si nuestra limitación fuera todo el problema, pronto lo notaríamos e intentaríamos cambiar eso. El problema mayor es creer que “así deben ser las cosas”, “que no hay nada que hacer”, con lo cual nos quedamos en el conformismo.
El origen griego de la palabra con la que estamos tratando nos invita a tomar decisiones, a juzgar lo que pueda ser mejor para nosotros en medio del cambio, a separar aquello que podría sumirnos en una catástrofe emocional, económica, familiar o de cualquier otra índole para tratar de quedarnos con lo que puede fortalecernos.
Entender bien toda crisis es saber que tenemos una parte activa en medio de ella. Tal vez nos quedamos sin empleo; tal vez no encontremos empleo; tal vez el matrimonio esté pasando por un momento difícil; tal vez los hijos han llegado a la adolescencia; tal vez estamos en medio de un accidente… Todos esos momentos son para tomar una decisión, por eso son momentos de crisis.
Es verdad que no podemos hacer muchas cosas; pero, para qué nos centramos en ellas si podemos concentrarnos en las que sí podemos hacer. Por ejemplo: Si estas en medio de un accidente y hay heridos, tal vez no conozcas primeros auxilios, pero tienes un celular para llamar a emergencias, y si no tienes un celular, al menos puedes colaborar para ayudar a los que no están tan heridos entre tanto que llegan las paramédicos. O que tal si no encuentras empleo o te despidieron del que tenías, ¿será mejor quedarse de brazos cruzados, quejándonos de lo injusto de la vida? ¿O será mejor, en lo que encontramos un nuevo trabajo, especializarnos en algo, poner una tiendita, enseñar algo de lo que sabemos…? Tal vez sea el matrimonio el que esté pasando por un momento de crisis, pero ¿debemos por eso permitir que la rabia, los celos, o el conformismo nos invadan? ¿Por qué no mejor hacemos…?
En el artículo “Que sea proactivo” transcribí un pensamiento que encaja muy bien en estas consideraciones sobre la crisis que hemos elaborado, y ese pensamiento lo transcribo de nuevo:
“Entre el estímulo y la respuesta existe un espacio; en ese espacio se halla nuestra libertad para elegir la respuesta; en la respuesta se encuentra el secreto de nuestro crecimiento y desarrollo”.
Una breve conclusión:
No estamos diciendo que enfrentar una crisis es algo fácil, de hecho, se supone que sea difícil; lo que queremos recordar es que aun en medio del peor conflicto, todavía podemos echar mano de nuestra capacidad para hacernos responsables de nuestras propias vidas. Vivir la excelencia es un viaje de crisis, es decir, de cambios constantes, pero vale la pena, porque de otra manera cualquiera podría ser un ser excelente sin ningún esfuerzo. ¿Estás enfrentando alguna crisis personal? No te preocupes, tú puedes elegir.
Hasta la próxima entrega.
______________________________
Te dejo un par de links donde puedes leer algunas aplicaciones del griego original:
7 de agosto de 2009
Éxito: Un Estilo de Vida – Parte 2.
Ahora vamos a continuar considerando la definición que hemos esbozado en la primera parte de este artículo, con el fin de profundizar en eso que queremos decir al definir al éxito como un estilo de vida.
¿Qué es un estilo de vida?
Sencillamente, nuestros pensamientos dominantes, nuestras palabras, los temas más frecuentes de nuestras conversaciones, nuestros hábitos y costumbres, los objetos que nos rodean e, incluso, las personas con las que nos relacionamos. Todo eso (y seguro que algo más) conforma “un estilo de vida”. Es evidente que, visto así, volveríamos a la pluralidad de decir que el éxito es algo diferente para cada persona, y yo estoy plenamente de acuerdo con eso, pero sólo en lo que respecta a los resultados que buscamos, porque (en mi opinión personal) debe existir algo así como una columna vertebral, hitos demarcadores en el camino de la excelencia que es el mismo del éxito.
Alguien ha dicho que «la definición de éxito no es la misma para dos personas… El proceso, sin embargo, es el mismo para todo el mundo». Y, de nuevo, creo que esto es acertado si definimos el éxito con los resultados que deseamos o que alcanzamos. Pero, según pienso, lo que nos hace exitosos o fracasados no es aquello que logramos o dejamos de lograr, sino el proceso. El mismo autor de la frase anterior, quizás en una revisión de sus ideas, hace una definición mejor: «El éxito es un viaje». Es decir, es la razón por la que nos levantamos todas las mañanas, es el sueño que nos inspira a seguir avanzando a pesar de todo, es una construcción diaria, es la formación de nuestro carácter y nuestra personalidad. ¿Acaso no hay personas que bien podrían definirse como exitosas por todo lo que han logrado y, sin embargo, sus vidas se desmoronan en alguna área? Si hay personas así, no es porque no han definido lo que para ellas significa el éxito, sino porque han olvidado que el verdadero éxito, en primer lugar, es un estilo de vida.
El Todo.
Los seres humanos (y la naturaleza misma) somos sinérgicos, somos una totalidad y no sólo una de nuestras partes. Aunque distintas ramas de estudio dimensionen al hombre, el hombre mismo es mucho más que una dimensión aislada, es todas esas dimensiones (social, emocional, espiritual, intelectual, física) que conforma un todo mayor que la suma de sus partes.
Siendo esto así, pienso que el éxito verdadero es sinérgico también. Es decir, el éxito en un área debe potenciar las demás áreas. Proponer esto no significa que hemos de ser infalibles en todo, porque los errores son parte esencial de nuestra vida; ellos nos ayudan a madurar, a crecer, a definir mejor los objetivos que queremos alcanzar. Proponer que el éxito es sinérgico es reforzar la idea que hemos venido desarrollando: debe afectar toda la vida y no sólo una parte de ella, después de todo, ¿qué clase de éxito es el que se enfoca en una sola dimensión, a corto plazo, sin ayudar a desarrollar las demás dimensiones? A largo plazo se convertirá en un fracaso.
Entonces, las personas verdaderamente exitosas lo son por su estilo de vida. Sin importar cómo cuantifiquen el éxito, toda su vida se enfoca en vivirlo en cada dimensión: Sus pensamientos dominantes los fortalecen cuando enfrenta la prueba; sus palabras los animan cuando se sienten desmayar; los temas de sus conversaciones más frecuentes son sus sueños, aunque a algunos les parezcan locuras; sus hábitos y costumbres les aseguran un ritmo estable, aunque no son para nada monótonos, porque disfrutan de la vida; se rodean de objetos que realmente les ayuden a recrearse, esto con el fin de mantenerse frescos para la acción; y sus amigos son personas con las que puede hablar en serio de hacer grandes cosas, porque las personas de calidad se atraen mutuamente.
¿Lo ves? El verdadero éxito es un Estilo de Vida. O como lo dice Whit Hobbs: «El éxito es despertar por la mañana, quienquiera que seas, dondequiera que estés, joven o viejo, y saltar de la cama porque hay algo que te gusta hacer, en lo que crees, para lo que eres bueno. Algo que es más grande que tú y que difícilmente puedes esperar para retomarlo hoy».
Es mi deseo que disfrutes de este estilo de vida, y si este artículo te ha sido útil, invita a tus amigos a leerlo, coméntalo, pule estas ideas. Hasta pronto y a Vivir la Excelencia.
30 de julio de 2009
Éxito: Un Estilo de Vida – Parte 1.
Yo creo que todo el mundo quiere tener éxito en la vida. Después de todo, las personas exitosas se ven más felices, más completas. De allí que la industria de la autoayuda, el éxito, la motivación (y hasta la de los negocios on-line que prometen tanto) tengan un mercado muy amplio, porque siempre parece descubrirse el último gran secreto del éxito, el santo grial de quienes tienen mucho dinero, mujeres bonitas (u hombre guapos), tiempo para la familia, entre otras muchas cosas que deseamos. Entonces devoramos cientos de libros (o al menos los hojeamos lo suficiente para tener claro de qué tratan) y comenzamos a aplicar una tras otra las sugerencias, esos consejos que nos aseguran que pronto estaremos en la cima del mundo.
El sube y baja.
Durante un tiempo todo va bien, pero inevitablemente encontramos baches (como es natural en la vida) y nos lanzamos de nuevo a la búsqueda de otro nuevo descubrimiento que aplicar a nuestra existencia, y así volvemos a sentirnos cómodos… por un tiempo.
La verdad es que no podemos abstraernos al hecho de que la vida tiene sus altos y bajos. Incluso con los mejores pensamientos, o con toda la motivación del mundo, hay ocasiones en las que al llegar la noche nos sentimos cansados, tristes, quizás hasta solos. ¿Han fallado los tantos volúmenes que hemos leído sobre el mejoramiento personal? ¿Nos mienten los afamados gurús de la autoayuda? ¿Sólo quieren hacerse ricos a costa de los bolsillos de quienes buscamos aprender cómo lograr alcanzar aquello que queremos? O, tal vez, deberíamos hacernos otro tipo de pregunta por no generalizar: ¿Qué es realmente aplicable de todo eso que se predica? ¿Quién está escribiendo por ganar dinero y quién por servir? Pero de todas maneras son preguntas que no podemos responder tan completa y acertadamente como quisiéramos.
Definiciones.
Ahora bien, hay algo de lo que se cuidan mucho la mayoría de los autores y conferencistas motivacionales, y es de dar una definición de éxito. ¿Por qué? Porque definir algo que tantas personas buscan podría ser contraproducente, en especial si para alguien esa definición no funciona (pues todo lo que queremos de algo es que funcione para nosotros, en nuestros términos). Y de hecho, se debe ir con cautela en este terreno, porque sin duda alguna la concepción del éxito es diferente para cada persona, en cuanto a los resultados que buscan en la vida.
Sin embargo, quiero aventurarme, aun si me equivoco, a dar una definición del éxito, entresacada de mi experiencia y de la lectura. Mas debo advertir: Esta definición no funciona en nuestros términos. Exige que estemos dispuestos a hacer nuestra parte, viviendo de una manera específica, sin importar los resultados que creemos que nos harán exitosos, porque los resultados vendrán después.
El éxito, es un estilo de vida. Listo, ésa es la definición, sencillamente “el éxito es un estilo de vida”.
En la próxima entrega continuaremos con estas consideraciones. Espero sus comentarios y observaciones, espero que ésta reflexión haya logrado su cometido: Servirte en el desarrollo de este viaje que es Vivir la Excelencia.
22 de junio de 2009
La Influencia del Maestro
En mi país, hoy se celebra un día festivo en honor a los maestros, quienes tienen la sagrada labor de influir sobre las mentes de miles de jóvenes, con la misión de implantar en ellos un espíritu de superación constante, de búsqueda de la excelencia en la vida.
Los Maestros.
Los mejores maestros son herederos indiscutibles de los mayores maestros de la historia. Las vidas de ellos son en sí mismas una lección constante. Sus palabras inspiran al mejoramiento y sus consejos se encaminan hacia el éxito.
Es que enseñar no es sólo transmitir una cátedra, es tocar una vida, y cada maestro tiene el inmenso privilegio de hacerlo dentro y fuera de las aulas. Ellos, los verdaderos maestros, llevan en su mano la antorcha de la verdad; con ella iluminan el camino de quienes estamos empezando la vida, con ella nos señalan los peligros que debemos enfrentar; pero al mismo tiempo nos señalan el glorioso destino que nos espera si seguimos por la senda de la justicia, el desarrollo y el trabajo.
Los verdaderos maestros no temen desnudar su alma mientras enseñan, aunque prefieran el anonimato o el silencio de sus casas u oficinas. Siempre tratan de llenarse para compartir, pero en este llenarse han aprendido a vaciarse de todo aquello que es espurio, mientras fijan su atención y la de sus discípulos en lo verdaderamente importante.
Un poco más allá.
Pero no sólo existen maestros en las aulas, pues hay quienes han escogido, como Sócrates, las calles de las ciudades, los cuartos de sus hijos o nietos, los puestos de sus empleados, el café con los amigos, la iglesia, la comunidad, etc. Incluso no necesitan decir una palabra para dar una lección, basta con su vida para que todos aquellos que los vemos podamos aprender.
Ahora nos toca pensar en nosotros: ¿Cómo ven nuestra vida quienes nos rodean? ¿Hemos podido inspirar a alguien a ser mejor persona? Tal vez, sin saberlo, seas el maestro de alguien y, ¿qué clase de maestro eres? No te preocupes, no tienes que buscar discípulos; cuando ya hayas aprendido ellos vendrán; mientras tanto lo que nos conviene es tener un espíritu humilde, para que cuando estemos listos el maestro que nos ha de ayudar a aprender aparezca.
Recuerda que en esta vida siempre estamos aprendiendo y soñando, por ello es necesario que estemos receptivos a la voz que nos quiere guiar hacia la excelencia; y si escuchamos atentamente, notaremos que esta voz está muy cerca.
Finalmente, quiero invitarlos a conocer mejor al que creo que es el Maestro de los maestros. Él me ha conducido hasta acá, y me confieso su seguidor. Sus enseñanzas han traspasado las fronteras, aunque muchas veces han sido objeto de tergiversación; sin embargo, todo aquel que busca el sendero de la felicidad y la paz, puede encontrar en este Maestro todo lo que necesita. El Maestro del que hablo es Jesús.
Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia.

