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5 de marzo de 2010

¿Qué Traerá la Marea Mañana?

naufrago_03 En la película “Náufrago” de Tom Hanks (que dicho sea de paso me parece una gran película y la recomiendo), cerca del final hay una escena en la Chuck Noland (Tom Hanks) está hablando con un amigo y le cuenta rápidamente algunas de las vicisitudes que tuvo que enfrentar mientras estaba perdido en una isla solitaria. Dentro del monólogo hay una frase que me ha gustado mucho y va algo así: “Sé lo que debo hacer. Seguir respirando, conservar la vida, porque mañana saldrá el sol de nuevo y… ¿quién sabe qué traerá la marea?”

Cuando la lucha arrecia.

Mientras miraba la película, mi hermana (con quien la estaba viendo) me preguntó por qué Noland había abierto todos los paquetes que tenía cerca de él, para ver qué utilidad podrían aportarle, pero cuando llegó al último no lo abrió. “Para tener un sentido de propósito… para saber que tenía algo por lo cual vivir”, fue todo lo que atiné a responder.

Es muy posible que, a veces, lleguemos a sentirnos como verdaderos náufragos, a la deriva en un mar de vicisitudes y ansiedades. A nuestro alrededor, todo lo que alcanzamos a ver es un horizonte lejano, quizás demasiado lejano. Es fácil perder la esperanza, es fácil ceder al desánimo, pero como persona de excelencia, sabes que hay algo por qué vivir. Tal vez no sabes cómo, pero tienes un “Por Qué”. A veces te sientes frustrado, a veces quisieras renunciar, pero tú no eres de los que retroceden. Sigues luchando, aunque toda la lógica del mundo te diga que no vale la pena.

Al final de la película se ve a Noland yendo a dejar el paquete que guardó durante los 4 años que estuvo desaparecido. Como no encuentra a nadie en la casa donde debía dejarlo, decide escribir una nota y ponerla junto al paquete al pie de la puerta principal. Y en la nota escribe lo siguiente: “Este paquete salvó mi vida”. Sí, cuando la lucha arrecia, aferrarnos a nuestro propósito puede salvar nuestra vida.

Lo que la marea trae.

1224023655337_f Cuando tenemos un ideal claro en nuestra mente, en nuestro ser, podemos estar atentos a lo que la marea trae. Quizás no siempre sea algo útil para nosotros, pero si estamos alertas, la marea puede traer la oportunidad que necesitamos. Por eso, cada día es nuestro deber mantener delante de nosotros lo que queremos ser y hacer en la vida. Pronto el nuevo día traerá nuevas ideas, nuevas personas, nuevos trabajos, etc.

Hoy es un nuevo día. El sol volvió a salir. Es verdad que tu casa pudo haber quedado devastada por un terremoto la noche anterior, o que la enfermedad ha llegado a tu cuerpo; es posible que hayas perdido todo tu dinero, o que no consigas un empleo. A pesar de eso, este día no se parece a ningún otro, porque tenemos la oportunidad de decidir cómo hemos de encararlo, y ¿quién sabe?, hoy la marea puede traerte algo bueno.

Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia

30 de abril de 2009

¿Qué Hago en Medio de Todo?

excusa-191x300 Actualmente todo parece una vorágine. Las crisis (inventadas o resultantes) se alimentan unas a otras y frente a todo esto, es justo preguntarnos: ¿Qué hago en medio de estos problemas? Pues bien, este es un buen momento para poner a prueba nuestra capacidad proactiva, de la que ya hemos hablado en artículos anteriores (como Proactividad en Acción II).

Mirando el cuadro.

Mira bien el cuadro: Todo lo que ves son reveses financieros, inyecciones cuantiosas de dinero que no llegan a nuestras manos, salud en deterioro, una sociedad más convulsionada (si no, mira por ejemplo cómo hay personas que están utilizando el tema de la influenza porcina para promover sus causas “anti-inmigrantes”, por usar una palabra “correcta”). Todas estas cosas están fuera de nuestro control. No podemos hacer absolutamente nada para que mañana el pan aparezca en la casa de millones de personas que han perdido sus empleos y casas; no podemos hacer nada para que mañana todos tengan salud, etc.

Sí, todo esto pinta un cuadro bastante escabroso; pero, seamos honestos, ¿qué ganamos con dedicar toda nuestra energía a pensar en las cosas que están mal? No estoy proponiendo que nos olvidemos del mundo y vivamos aislados en una eterna meditación, porque eso no respetaría la realidad que estamos viviendo. Lo que estoy proponiendo es que si todo está mal, ¿porque no dedicamos nuestros mejores pensamientos a buscar maneras creativas de enfrentar estas crisis?

Mira más allá.

No escribe estas líneas alguien que puede vivir holgadamente. Los que tienen de oportunidad-de-negociossobra pueden decir que está crisis va a pasar, pero pensado que se contentan con que no pase sobre ellos. Pero éste tu servidor sabe lo que es levantarse una mañana sin saber qué vamos a comer durante el día. Sin embargo, he aprendido que cuando nuestros pensamientos se concentran más en las oportunidades que en los problemas, podemos ser realmente felices.

Cruzarse de brazos no es una opción, pero en lugar de ir quejándonos por lo cara que está la vida o por lo enfermos que estamos, ¿no crees que sería mejor tener una actitud de agradecimiento? Sí, de gratitud, aunque parezca de locos. Para poder tener esta actitud de agradecimiento todo lo que necesitamos es mirar más allá de nuestros problemas, hacia las oportunidades, hacia las lecciones personales que podemos obtener, hacia el descubrimiento de nuevas habilidades.

Recuerda: “El que tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”; “el que aspira a ser águila de mirar lejos y volar alto, el que se resigna a arrastrarse como gusano, renuncia al derecho de protestar si lo aplastan”; “entre más grande es el obstáculo, más fotologoGE-VEgrande es la gloria de vencerlo”.

Estás frases ya han sido citadas en artículos anteriores, pero creo que vuelven a ser pertinentes hoy. Disfruta al máximo de estas oportunidades y a vivir la excelencia.

28 de enero de 2009

Proactividad en Acción–II

357096934_37421d12a4_m La mayoría de los que leen estas líneas saben ya por sus propios estudios y lecturas algo sobre la proactividad. Según presentamos en el artículo anterior, las personas reactivas son el total opuesto de aquellos que, como dijimos en “Que sea proactivo”, asumen la responsabilidad de la vida, y hoy vamos a profundizar, un poco solamente, en eso de hacerse responsable de la propia vida. Así que es mi deseo que disfruten de esta entrega.

Antes que cualquier otra cosa, hay que aclarar que las mismas circunstancias, traumas o limitaciones son enfrentadas por las personas proactivas tan ciertamente como las enfrentan las reactivas, pero la respuesta de cada uno es sumamente diferente. Eso no significa que alguien proactivo vea lo que pasa a su alrededor y tome una actitud descuidada, muy por el contrario, lo que sucede es que se hace responsable de su propia vida, y allí está el secreto de su crecimiento siempre constante.

La proactividad también tiene un lenguaje especial en el que caben expresiones como: “Consideremos las opciones…”; “Yo elijo…”; “decido que…”; “pase lo que pase…”, etc. No me detengo a considerarlas una a una porque creo que basta con echarle una mirada a la lista de la primera parte de este artículo y contrastarla con esta, para darnos cuenta de lo diferente que son las expresiones de alguien que sabe que es el arquitecto de su propio destino.

A veces nos resistimos a la idea de la proactividad.

Cuando yo expresé esta convicción en cierta ocasión, alguien se sobresaltó un poco y me dijo que yo era el chico al que nada le afectaba. Entonces le expliqué que no es que a una persona proactiva no le afectan las cosas, lo que sucede es que es ella la que decide cómo le afecta (eso fue causa de otro sobresalto que no abordaremos hoy). Si un hombre o una mujer quiere vivir una vida de víctima, acusando a los demás de su fracaso, diciendo que su genética tiene la culpa, o que sus padres no lo educaron como debían, o que sus compañeros de Universidad o de trabajo son insoportables, entonces eso es lo que será: una víctima. Pero, si decide que pese a las circunstancias adversas, y pese a la escasa educación recibida, etc., esta persona va a vivir una vida de excelencia, entonces será una persona de excelencia.

La ley que hace esto posible es la ley de la siembra y la cosecha, es decir, si sembramos pensamientos responsables y saludables, y vivimos de acuerdo a ellos, veremos la vida como la gran oportunidad de trascender; pero esa misma ley puede actuar en contra nuestra si lo que sembramos es resentimiento, excusas e irresponsabilidad. El problema es que no queremos nada que nos lastime, pero olvidamos que tenemos lo que pensamos, pues vivimos como pensamos.

Los cuatro dones.

Como he dicho un poco más arriba, estoy seguro que la mayoría sabe algo sobre la proactividad, así que no les será extraño el concepto de los cuatro dones que entran en acción cuando una persona responde a un estímulo, especialmente si han leído los libros del Dr. Covey. Pero para refrescarlos en nuestra memoria, a los cuatro dones a los que me refiero son:

1) Autoconsciencia: Ya saben, la capacidad de pensar sobre nuestros propios pensamientos, de hecho, eso es lo que permite que reconozcamos pensamientos limitantes y destructivos y los cambiemos por aquellos que son más elevados y que nos darán una cosecha mucho mejor.

2) Imaginación: La capacidad para “ver” las posibilidades, para crear nuevos pensamientos más creativos y mejor desarrollados, además de crear nuevos mundos.

3) Consciencia moral: Para poder evaluar nuestras respuestas no en función de instintos, sentimientos o valores, sino en función de Principios. Recuerden, los Principios son verdades basadas en la ley de la siembra y la cosecha, y nuestra consciencia nos dice si estamos viviendo en armonía con ellos.

4) Voluntad independiente: Que es tomar los tres dones anteriores y elegir una respuesta libre, una respuesta propia, para hacer frente a la vida.

Si lo notas, estos dones siempre están en juego. Pero no hay que preocuparnos, no tenemos que estar cien por ciento conscientes de esto, porque cuando nos ocupamos de desarrollar un estilo de vida responsable, ya estaremos fortaleciendo estás áreas.

Conclusión

Finalmente, tanto las personas reactivas como las sonrisa2 proactivas tienen las mismas posibilidades. Lo que hace la diferencia es la elección. Tú elección puede, literalmente, hacerte una persona exitosa o fracasada, pero lo maravilloso es que por naturaleza todos somos proactivos, incluso aquellos que han renunciado a ese privilegio. Así, si no vivimos la vida que queremos, es porque le hemos dado tanto poder a las circunstancias que nos vemos a nosotros mismos luchando contra marea. Claro, siempre habrá dificultades, debemos ser realistas, pero que enfrentemos obstáculos grandes no significa que debamos renunciar a ser felices, pues (aunque ya lo he repetido en otra publicación) “entre más grande es el obstáculo, más grande es la gloria de vencerlo” (Molière)

Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia.

21 de enero de 2009

Proactividad en acción-I.

Hace ya varias publicaciones hice una promesa. Prometí que nos detendríamos a considerar un poco más eso de la proactividad. En el artículo “Que sea proactivo” hablamos un poco sobre la libertad y la responsabilidad, dos palabras que son muy importantes para las personas proactivas, pero hoy quiero que veamos el contraste con el otro tipo de personas mencionadas en ese artículo: las reactivas. Aunque ya dijimos algo sobre ellas, creo que es importante que ahondemos un poco más en su psicología y a partir de allí veamos por qué es tan importante vivir una vida proactiva. De hecho, en estas líneas ya se ve mi intensión: lo que pretendo decir es que ser reactivos o proactivos tiene que ver con nuestro estilo de vida, no se trata de técnicas aisladas o pensamientos aislados, sino de la forma en que hemos decidido vivir nuestras vidas.

El lenguaje de las personas reactivas.

desmotivado Sí, las personas reactivas tienen un lenguaje muy especializado, diseñado meticulosamente para deslizar la responsabilidad de sus vidas hacia otras personas, y entre algunas palabras que son propiedad de estas personas están:

 

  1. Yo soy así…” Es decir, no tengo la culpa, nací con este temperamento, mis abuelos eran así, mis padres me mal educaron, mi ambiente es hostil… estoy determinado por todo lo que me rodea.
  2. Nunca voy a cambiar…” Es decir, no puedo, soy débil como para intentar el cambio, y de hecho, eso de cambiar me asusta, porque significa renunciar a las viejas y tradicionales formas de hacer las cosas y buscar vivir una vida de ideales… no puedo hacer eso.
  3. Tengo que hacer…” Es decir, no quiero hacerlo, pero me lo han impuesto y… ni modo, trabajo es trabajo y hay que hacerlo. La verdad es que esta tarea me la han puesto porque le caigo mal al jefe, pero, ¿qué puedo hacer?
  4. Me vuelve loco…” Es decir, no tengo control sobre mis emociones, pero tú sí, y si tú no me tratas bien yo enloquezco. Tú tienes el poder para desquiciarme, yo no tengo la culpa.
  5. No puedo hacer nada…” Es decir, no tengo oportunidades, nadie me apoya, nadie cree en mis propuestas, y qué voy a hacer yo si todos me dan la espalda.
  6. Si…” Es decir, si llueve no puedo hacer lo que me había propuesto, si hace sol no puedo salir porque me lastima la vista, si hace viento… ni hablar. Si tengo, algún día, alguna oportunidad, haré lo que me había propuesto.

Bien, creo que con estos ejemplos es suficiente. Como lo has notado mi querido amigo y mi apreciada amiga, este es un lenguaje desarrollado para decirle al mundo “yo no soy responsable de lo que me pasa en la vida”, porque ciertamente es más fácil decir “no soy responsable” que decir “soy irresponsable”. Pero, ¿cuánto bien nos hacemos a nosotros mismos viviendo una vida como esa? ¿Podemos alcanzar nuestros objetivos de vida de esa manera?

¿Hacia dónde nos conduce la reactividad?

La respuesta a esta pregunta es: hacia una espiral descendiente de mediocridad. ¿Quién quiere vivir dependiendo de los errores de los demás? ¿Quién quiere vivir dependiendo del qué dirán? ¿A caso nos volvemos más maduros con una vida reactiva? En mi opinión, nos evitaríamos muchos males si nos sacáramos la estaca de los condicionamientos sociales, psíquicos y ambientales y nos hiciéramos realmente responsables de nuestra vida.

Ahora, ¿quieres saber por qué una persona proactiva vive un estilo de vida mucho más efectivo? En la segunda parte de este artículo hablaremos de ello, hasta entonces.

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26 de septiembre de 2007

Que sea proactivo…


Me ha parecido interesante leer en los anuncios de empleos, la solicitud de una característica en especial: “Que sea proactivo.” Pero leer eso me ha llevado a hacerme la pregunta de si todo el mundo sabe lo que implica ser proactivo. Por ello ofrezco, en esta publicación, una aproximación un poco más profunda al concepto de proactividad, pues saber esto puede mejorar el perfil de un aspirante a algún puesto de trabajo, más si sabe aplicarlos en su diario vivir y (especialmente) en la resolución de problemas.

Comencemos con lo básico.

Partamos del concepto más general de la palabra. Ser dinámico ha llegado a convertirse en el sinónimo de ser proactivo, lo que implica que es una persona que toma la iniciativa en el lugar donde está, no es apagado ni apático, y lo mejor es que siempre está sonriente. De por sí, el dinamismo es una dimensión muy interesante, pero vamos a dejar por un momento esta concepción porque es la que mejor conocemos, así que cualquier otro comentario sería una redundancia con lo que ya sabemos.

Ahora bien, la dimensión que resulta vital conocer la expone con toda claridad el Dr. Stephen Covey y, un poco antes que él, el Dr. Viktor E. Frankl. En sus libros básicamente nos transmiten la idea de que la proactividad es la capacidad que tiene el ser humano para usar su libertad con responsabilidad. Es decir, “libertad” y “responsabilidad” llegan a ser las palabras claves de una persona proactiva y con ellas aprende a tomar el timón de su propia vida, hasta convertirse en el verdadero arquitecto (nunca mejor dicho) de su propio destino.

La frase clave que resume la proactividad es: “Entre el estímulo y la respuesta existe un espacio. En el espacio se halla el poder de elegir la respuesta. En la respuesta yacen el crecimiento y la libertad del ser humano”. Recomiendo personalmente aprender y meditar este enunciado con suficiente tiempo y dedicación.

Avancemos un poco más.

La idea central del enunciado que hemos transcrito antes es que, sin importar la circunstancia por la que estemos atravesando, somos nosotros, y únicamente nosotros, los que decidimos cuál será nuestra respuesta a tal circunstancia. No estamos determinados, ni por el ambiente, ni por las situaciones, ni por los defectos (o virtudes) de los demás. De esta manera somos responsables de la forma en la que vamos a responder al estímulo que demandó nuestras acciones.

En otras palabras, el hecho de que haga sol o esté lloviendo no modifica la calidad de personas que somos, el hecho de que mi novia o esposa me haya gritado insultándome en un arranque de ira no cambia mi integridad personal, o si mi jefe (o empleado) se portó como un incompetente no influye sobre mi propio desempeño. Nadie es responsable de mis reacciones, eso sólo me corresponde a mí. Así, una persona proactiva reconoce que bajo cualquier situación, siempre tendrá el espacio donde se halla el poder para elegir sus propias respuestas.

En este momento podemos hacer la diferencia entre dos tipos básicos de personas: los proactivos y los reactivos. Los reactivos actúan por impulso, sin detenerse a pensar en las consecuencias de sus actos o palabras, hieren a otros y al hacerlo se lastiman a sí mismo, pero no lo admiten (aunque lo reconozcan) porque creen que ofrecer una disculpa es signo de debilidad. Entonces, van por la vida, acumulando cargas de inseguridad, de tristeza, de rencores, de reproches, etc. Los proactivos son todo lo contrario, sin llegar a ser meros santurrones marginados. Es más, toman la iniciativa, dicen y hacen cosas, pero si fallan no se excusan en los demás ni en las circunstancias, sino que asumen con valor y reflexión la consecuencia de sus hechos, los rectifican y crecen.

La historia de Viktor E. Frankl.

El principio de proactividad fue ratificado por el psiquiatra austríaco Viktor E. Frankl, quien vivió los horrores de la Alemania Nazi y perdió a toda su familia, con excepción de una hermana. Él había sido educado en la tradición de Freud de que estamos determinados de alguna manera, por nuestra niñez, por las circunstancias, etc. Pero en los campos de concentración encontró que bajo la misma deplorable circunstancia, algunos decidían comportarse como animales, mientras que otros actuaban como verdaderos santos.

Un día, desnudo en una fría celda, comenzó a tomar consciencia delo que llamó: “La última de las libertades humanas”. Y se dio cuenta de que sus carceleros podían quitarle toda libertad circunstancial, pero nunca su libertad personal. Él podía verse como un actor activo en la situación que lo apremiaba, en vez de verse como una indefensa víctima; luego, con ayuda de un poco de memoria más un poco de imaginación, comenzó a verse a sí mismo dando clases en la Universidad sobre los descubrimientos que había hecho, gracias a su propia experiencia y a la de los demás prisioneros de los campos.

El hecho no es que sea fácil ser proactivo, sino reconocer que las personas proactivas actúan impulsadas por principios que han meditado e internalizado, y no basadas en meros arranques impulsivos.

En una publicación futura nos detendremos a profundizar un poco más sobre este tema, pero hoy, mi mayor interés es que hayas aprendido lo que en verdad significa ser proactivo, al menos de forma básica. Pero si quieres saber más, no dudes en leer los libros de Stephen Covey y Viktor E. Frankl.

Recuerda dejar tus comentarios o preguntas, puedes hacerlo con una cuenta blogger o de forma anónima. De antemano gracias por leer estas publicaciones.









Que tengas un día de grandes logros.

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