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17 de mayo de 2010

“Sólo quería escalar”

Los deportes siempre nos ofrecen la maravillosa oportunidad de aprender, de asumir los riesgos, de caer y de volver a levantarnos. Todos los deportes tienen un nivel de exigencia para el cual hay que prepararse, tanto física como psicológicamente. Y en todos los deportes encontramos historias dignas de ser contadas y oídas, porque nos dicen a nosotros que en distintas esferas de la actividad, en distintos lugares del mundo, existen personas que siempre están en busca de la excelencia en lo que hacen.

Edurne Pasaban.

edurne4 Hoy leí esta noticia: Edurne Pasaban se ha convertido en la primera mujer española en coronar con éxito los catorce “ochomiles”, es decir, los picos más altos del mundo, con más de ocho mil metros de altura.

Mientras hurgo en su sitio web me voy dando cuenta de que es más parecida a la mayoría de nosotros, de lo que podríamos imaginar. Ha sentido la indecisión por breves momentos, ha sido sacudida por los temores. Pero ha hecho lo que los seres excelentes siempre hacen: La pregunta clave. Sí, siempre está latente esa pregunta que hace la diferencia entre vivir una vida acomodaticia, y vivir la vida que realmente queremos.

Luego de una escalada en la que perdió dos dedos de su pie, pues fue exigida hasta la extenuación, en el límite de la supervivencia y después de una muy dolorosa recuperación, pensó seriamente dejar su pasión por las montañas. Retomó sus estudios, envió solicitudes de trabajo para proyectos de ingeniería, pero fue entonces que hizo la pregunta crucial: “¿Sería feliz trabajando como ingeniera el resto de mi vida?”

edurne Pasaban_mujer_ochomiles_mundo Esa es una pregunta para reflexionar. Es una pregunta para poner en perspectiva si nos hemos conformado o si realmente queremos vivir nuestros ideales.

Seguro que luchar por aquello que nos apasiona no es fácil. A veces el camino se vuelve escabroso, pero sabemos que vale la pena, sencillamente porque es todo lo que queremos ser y hacer en la vida. Nuestra propia cumbre nos espera, ¿forjaremos nuestra singular historia?

14 de septiembre de 2009

Sigue Adelante, aunque tiembles…

Hace unos días ya, fui invitado a compartir con el proyecto del adulto mayor de la Fundación MANA. Yo debía dar una pequeña charla a estos señores y me pregunté qué podría enseñarles un jovencito como yo. La experiencia de ese día fue maravillosa, porque aunque pude compartir alguna lección, yo mismo recibí más de una, y de una de esas lecciones quiero compartir en esta entrega de Vivir la Excelencia.

Como decía mi mamá.

344143-The-Andes-across-the-Jama-Pass--Los-Andes-por-el-paso-de-Jama-0 Ahora imagina, querido lector o lectora, esta escena: En medio de mi disertación, y para hacerla más amena, comienzo a preguntar a los señores sobre sus experiencias. Ellos comienzan a abrirse, ya no me ven como un chiquillo extraño, sino como alguien que desea aprender (¡y vaya que lo deseaba!) y algunos de ellos me cuentan en breves palabras cómo han tenido que enfrentar sus temores, aprovechar las oportunidades o fabricarlas si era necesario. Entre ellos hay uno, con unos sesenta y ocho años, que me informa que muchas de las cosas que aprendió en la vida, las aprendió observando y probando, porque Dios le dio la capacidad de ver y aprender. Y entonces me dice:

“Un día llegaron unos ingenieros a la fábrica donde yo trabajaba a buscar a alguien que embobinara motores. Yo había aprendido a hacerlo y tenía mi esposa embarazada, necesitaba alguna entrada de dinero más fuerte y ellos la ofrecían. De la fábrica nadie se animó, pero por instancias de unos amigos yo me acerqué a uno de los ingenieros y le dije que yo podía ir con ellos, pero no de inmediato, sino en tal fecha (que era cuando comenzaban mis vacaciones). El día señalado llegué a mi nuevo trabajo y vi una cantidad bastante grande de motores con los cuales trabajar. Al principio pensé que era demasiado, pero entonces recordé lo que decía mi mamá: ‘Tiemblas esqueleto, pero adelante’. Así que puse manos a la obra y en poco tiempo estaba terminando con esa tarea. No regresé a mi antiguo empleo. Y cuando mi labor era poca, me pegaba a los ingenieros y otros empleados de mi nuevo trabajo, para hacer rutas donde ellos atendían otro tipo de maquinaria, la cual también aprendí a trabajar yo. ¡Imagínese que por temor no hubiese aceptado probar en el nuevo trabajo – me dijo terminando su historia –, cómo hubiera sostenido a mi familia que estaba creciendo!”

Aunque tiembles.

everest ¡Vaya historia! La lección que aprendí fue mucho más valiosa de lo que pude haber imaginado. “Tiemblas esqueleto, pero ¡adelante!” Sí, a menudo sentimos miedo de emprender el camino de nuestros sueños, porque parecen descabellados, porque nadie los comprende y nos miran como a bichos raros. Mas ¿qué importa? Es mejor avanzar, aunque temblando, que quedarse de brazos cruzados sin hacer nada en la vida y morir enojados porque otros (los locos que se atrevieron a soñar) vieron mejor fortuna.

¿Ahora qué vamos a hacer nosotros? ¿Seguiremos adelante, aunque a veces las nubes grises de la adversidad nos hagan temblar? Recuerda que tú y yo tenemos el privilegio de soñar y seguir nuestros sueños, no permitas que nadie ni nada te impida alcanzar tu máximo potencial. Sigue adelante y a Vivir la Excelencia.

26 de junio de 2009

La Montaña de la Excelencia.

gerson_logo La mejor manera que encuentro para iniciar este artículo es con gratitud. Gratitud a la Vida, a Dios, porque en mi devenir me han enseñado que debo seguir aprendiendo; gratitud especial también para todos aquellos que llegan a este espacio y lo consideran por un momento, como un lugar donde poder encontrar a un amigo con quien compartir el mismo sentir que nos une como hermanos y hermanas: la consciencia de que podemos ser mejores cada día.

En estos dos años de Vivir la Excelencia, mi mayor motivación ha sido saber que hay alguien al otro lado de la pantalla que está leyendo. Tal vez sea alguien cercano, tal vez sea alguien lejano, pero la distancia no importa cuando en nuestra mente se entretejen sueños por los cuales estamos dispuestos a vivir; en ese momento la distancia y el tiempo desaparecen y nos vemos en el mismo camino que nos conduce hacia la montaña más alta, el verdadero techo del mundo: la excelencia.

Todo nuestro potencial, todo aquello por lo que luchamos, todos a los que amamos, se conjuga en una fórmula maravillosa que nos invita a nunca darnos por vencidos; después de todo, siempre enfrentaremos reveses en la vida, pero nuestra determinación puede hacer una diferencia real.

Es cierto que a veces nos sentimos débiles, y con el rostro contra el piso creemos que ya no podremos levantarnos una vez más; mas es en ese momento cuando al volver a observar nuestra historia (la personal y la universal) nos damos cuenta que no existen límites si creemos. El único límite es el que nosotros decidamos, la única manera de fracasar es cruzarnos de brazos y pensar que lo hemos dado todo.

Y qué si las lágrimas nos sobrepasan, acaso no son ellas quienes nos limpian por dentro para que podamos ver mejor hacia el lugar donde se encuentra nuestra fuerza: el corazón. Quizás esto suena marcadamente romántico, y no faltará quien crea que intento alejar la fuerza de Dios de nuestra vida; pero, ¿quién ha logrado alcanzar aquello que no ama con todo su ser? Y, ¿en dónde es que se comunica Dios para ayudarnos a ver un poco más arriba de la miseria y el dolor?

La montaña de la excelencia es nuestra vida, esCumbre Torreon LR la historia que podemos legar a nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros jefes o empleados. La montaña de la excelencia es tu conquista y nadie podrá hacer aquello para lo que estás aquí: hacer que otro se sienta inspirado, que sonría o que simplemente encuentre alguien con quien sentarse y confiar.

El viaje a penas comienza y quiero agradecerte por caminar conmigo estos dos años de Vivir la Excelencia. Te deseo siempre lo mejor y que sigas disfrutando de este sitio, donde puedes contar con un amigo en mí.

11 de abril de 2009

Sacude la tierra y sigue adelante.

triunfador Mientras impartía una charla sobre la importancia de esforzarnos y ser valientes para seguir adelante a pesar de todo, una de mis oyentes contó una historia que me pareció muy interesante y que me ha dado la oportunidad de escribir este artículo.

La historia.

Un hombre tenía dos caballos y quería deshacerse de ellos; el plan era enterrarlos vivos en un hondo hoyo abierto en la tierra. Los caballos tenían actitudes diferentes frente a la vida, así que llegado el día en que su dueño los iba a sepultar, uno de ellos, el que creía que debía seguía viviendo pues tenía un propósito, comenzó a sacudirse la tierra que le caía en el lomo y a pisarla fuertemente para ir creando una base para sí mismo; el otro, sin embargo, se resignó a morir sin más y sólo agachaba la cabeza con cada palada de tierra que caía sobre él. Finalmente, mientras el caballo resignado quedaba enterrado, el otro logró salir del hoyo y pudo seguir viviendo.

La lección.

En la vida siempre enfrentaremos problemas. Es más, quizás hasta se nos eche tierra (la tierra de las críticas, las calumnias o cualquier otra cosa), pero está en nuestra decisión cómo responderemos a cada circunstancia que nos asedie. Somos libres para tomar las riendas de nuestras vidas, y al mismo tiempo somos los únicos responsables de la manera en la que vamos a vivir. Bien podemos resignarnos ante los embates de la vida y morir, sepultados por las presiones grupales, por el temor al qué dirán, por el temor a tomarnos un momento para reflexionar sobre quiénes somos en realidad, por el temor a vivir nuestros propios sueños. Mas, también podemos decir sacudirnos la tierra y seguir adelante, en cuyo caso cada desafío se convertirá en nuestra oportunidad para seguir desarrollando un carácter firme y decidido.

¿Cómo queremos vivir? ¿Será que estamos en este mundo para ocultar nuestros sueños, mientras estos mueren de inanición porque no hemos querido alimentarlos? ¿Es que acaso no podemos cambiar nuestra vida y elevar nuestra vista hacia la cumbre? ¿Estamos condenados a la mediocridad? ¿O es que con todo el potencial que tenemos podemos hacer grandes cosas? ¿Podemos llegar tan lejos como nuestros sueños? ¿Estamos dispuestos a pagar el precio de ellos?

Mi querido lector o lectora, sin ánimo de parecer elitista o peyorativo, la realidad de la vida es que existen personas mediocres y personas de excelencia. Lo que diferencia a ambos grupos de personas es que mientras las que son mediocres se pasan la vida quejándose por lo mal que les va, excusando de sus fracasos y criticando a los están tratando de hacer algo con sus vidas, lasgerson_logo personas de excelencia se fijan metas elevando su vista al horizonte y como las águilas emprenden el vuelo. Recuerda, mientras que los mediocres se dejan sepultar por la misma mediocridad, las personas de excelencia se sacuden la tierra y siguen adelante… siempre.

15 de diciembre de 2008

No Mires Hacia Atrás...

gerson Esta es la última entrega de Vivir la Excelencia para este año 2008. Ha sido un año con altos y bajos (crisis económicas que desembocan en crisis sociales), pero ha sido nuestro año. Es decir, siempre hemos tenido la oportunidad de tomar una decisión, de hacer algo diferente, mejor; siempre hemos podido vivir en la excelencia. Hay algo que nada ni nadie puede quitarnos, a menos que nosotros lo permitamos: nuestra dignidad. Ninguna crisis, ningún revés, puede alienarnos de nuestro destino, ése que labramos todos los días al alimentar nuestros sueños y luchar por ellos.

Pero el año se nos va. Se me ocurre que tenemos un gran privilegio, pues hay muchas personas que ya no pudieron ver el final de este 2008, pero nosotros atisbamos ya el 2009, y sabemos que traerá grandes desafíos y, con ellos, grandes oportunidades para seguir avanzando, por eso debemos tener mucho cuidado de que nuestra mirada quede amarrada al pasado.

Desventajas del pasado.

abrazado-a-la-tristeza A veces, he oído a algunas personas hablar sobre cómo se hacían las cosas antes, cómo se solucionaban los problemas, qué estrategias se usaban; pero con frecuencia, esos suspiros por el pasado son una manifestación de frustración por no poder solucionar los desafíos del presente. Entonces, recordar parece un aliciente, una panacea para nuestro dolor de no encontrar respuestas.

La pregunta es: ¿Los escollos que encontramos hoy son iguales a los del pasado? ¿Podemos aplicar viejas fórmulas a las nuevas complejidades del presente?

Sin embargo, no es sólo en cuestión de problemas que ver estancadamente el pasado nos trae desventajas. Incluso si hemos tenido éxito, y quizás más especialmente si hemos tenido éxito antes, puede ser peligroso seguir viendo algo que ya pasó. Es como si nos dedicáramos a mirar un trofeo, pero pensando que es el último que podemos lograr, y lo limpiamos, lo acariciamos, hablamos de las glorias que nos trajo haberlo obtenido, y… si nos preguntan qué pasó después del trofeo, titubeamos, indecisos, porque nos hemos aferrado tanto a él que hemos olvidado que hay más vida después de un logro.

Así que, en mi simple opinión, las dos mayores desventajas de ver hacia el pasado son: 1) Que nos aferra a viejas formas de hacer y solucionar (problemas), incompatibles con la era de rápidos y profundos cambios en la que vivimos, y 2) Que si hemos tenido éxito, nos aferra a una ilusión del pasado, como encadenándonos a una estaca de glorias pasadas que ya se esfumaron, pero que seguimos viendo como lo mejor que podríamos haber logrado.

¿Hay alguna ventaja?

Lo dicho anteriormente no tiene la intensión de hacernos olvidar nuestra memoria histórica, más bien, tiene la intensión de poner en perspectiva la forma en que vemos hacia atrás, y si nuestra manera de ver al pasado se ajusta a lo descrito antes, es imperioso que ¡no volvamos a ver hacia atrás!

Pero, debe haber alguna ventaja de echarle una mirada al pasado, no lo niego, y personalmente, pienso que la ventaja que podemos tener es que al aprender de nuestra historia, evitaremos cometer los mismos errores que nos han hecho fracasar, y buscaremos ampliar, estudiar, verificar y re-inventar aquello que nos ha dado resultado en nuestras vidas. Sin embargo, esto es posible, cuando tenemos una clara visión de nuestra propia vida hacia el futuro y trabajamos fielmente en el presente.

Así que, de nuevo, ¡no mires hacia atrás!... A menos que estés dispuesto a enmendarte y perfeccionarte en la búsqueda de tus ideales, mientras haces tu trabajo presente con todas tus fuerzas. No te estanques en las viejas fórmulas de ayer, porque el cambio es inevitable, pero busca vivir una vida de excelencia centrada en principios, pues los principios no pasan de moda. No te quedes viendo tu último logro, ¡felicítate por él!, pero recuerda que ahora tienes una nueva cima que alcanzar.

Mi deseo es que estas entregas de Vivir la ExcelenciaLogovivirlaexcelencia-navideño1 hayan sido útiles para ti durante este año. Ya estoy pensando en lo que vendrá en 2009, porque espero poder servirte como hasta ahora. Gracias por leer querido lector y querida lectora. Gracias por recomendarme a otros. Es mi anhelo que siempre encuentres aquí alguna palabra de ánimo, que te motive a seguir luchando por tus sueños, porque si eso sucede, entonces mi sueño se estará cumpliendo.

¡Que tengas una feliz navidad, y un próspero año, es el deseo de Vivir la Excelencia para ti!!!! ¡Nos vemos en 2009!

19 de julio de 2007

En La Cima Del Mundo – Parte 3.


Cada historia, es decir cada vida, tiene una lección con la que podemos identificarnos. Al escuchar sobre Mark Inglis y Erik Weihenmayer, nos estremecemos porque reconocemos todo lo que podríamos lograr si tuviéramos el mismo tesón de ellos. Nos identificamos y nos vemos a nosotros mismos y nuestros montes Everest y cómo, también, estamos enfrentando tramos difíciles en nuestro ascenso. Pero hasta dónde, es decir: hasta qué punto estamos dispuestos a pagar el precio de la cima.



Podemos sentirnos victoriosos mientras el viento está a nuestro favor, mientras el mundo nos sonríe y los amigos no faltan, pero ¿qué sucede cuando por alguna razón el viento cambia de dirección, el mundo nos da la espalda y aquellos que pretendían ser nuestros amigos nos abandonan? Esta pregunta no puede ser respondida de forma general, pero cuando nos enfrentamos personalmente con ella no podemos quedarnos callados, porque nuestra respuesta determinará si seguiremos avanzando a lo largo de nuestra vida o nos rezagaremos.



El monte Everest esta lleno de historias. No todas tienen un final feliz en el que el héroe conquista la cima y todos lo veneran. Algunas historias terminan sin un final, o mejor dicho, terminan mientras el héroe es sacrificado en el altar sus sueños. Otras historias dejan su marca en el cuerpo de los héroes que se atrevieron a desafiar sus propios límites. Pero esta es una realidad que debemos enfrentar en toda área de nuestra vida en la que deseemos dejar nuestra huella. Nunca el camino de la excelencia estará pavimentado de pétalos, estos solo los encontraremos después de haber caminado sobre las espinas de los desafíos que se interpongan entre nosotros y nuestros sueños.



¿Llegar a la cima?


Muy bien, llegamos a la cima, cumplimos nuestro sueños, conquistamos nuestro propio Everest, pero ¿qué significa eso ahora? ¿Podemos quedarnos de brazos cruzados y simplemente dormirnos en nuestros bien logrados laureles?



Toda persona que verdaderamente ha alcanzado el éxito tomará dos actitudes una vez que haya conquistado su cima “más alta”. La primera será una actitud de humildad, de reconocer que aún no ha terminado su vida y por lo tanto debe seguir buscando retos con el mismo entusiasmo y determinación con que emprendió su mayor escalada, y descubrirá que aunque parecen menores, cada desafío trae su propia emoción, riesgo y aventura y los apreciará por lo que son, sin compararse con otros. Tal vez descubra que algunos de esos desafíos son mayores después de todo, pero seguirá adelante porque mientras viva su misión es seguir superándose. La humildad de las personas de verdadero éxito les ayudará a mantener los pies en la tierra, es decir, que no se le suban los sumos a la cabeza, sonreirá, se equivocará, caerá a veces pero se levantará tantas veces sean necesarias para seguir creciendo. La segunda actitud que tomará es la de servicio. Bajará de la cima para ayudar a otros a escalar, les mostrará posibles opciones de ascenso y les apoyará para que logren lo que él ha logrado y está logrando.



El hecho es que mientras vivimos no existe un punto en el que podamos decir: “Ya basta, he crecido demasiado… dejémoslo hasta aquí…” Solo tenemos tres opciones y dos destinos: La primera opción es retroceder y dejar que nuestros sueños mueran sin intentar realizarlos. La segunda opción es estancarnos con algunos logros, y sumarnos luego a la mediocridad mientras nos desvanecemos como nuestros logros pasados. Y la tercera opción es seguir creciendo, disfrutar de nuestros logros, sí, pero mirar más alto cada vez en busca de nuevos desafíos, nuevas cumbres que escalar.



Las primeras dos opciones nos llevan indefectiblemente al fracaso, pero la tercera nos conduce a una vida de excelencia donde el éxito no es un punto sino el desarrollo constante de nuestra vida, de nuestras potencialidades, de nuestros sueños.



Tal vez Mark Inglis y Erik Weihenmayer no se propusieron nunca convertirse en ejemplos a seguir, como ninguno de los grandes hombres y mujeres de la historia se lo ha propuesto, pero cuando leemos sobre ellos no nos queda más que iniciar un examen personal para descubrir que también hemos sido llamados a hacer grandes cosas, sin importar el escenario en el que nos ha tocado vivir. Tal vez nuestra cima es ser un buen padre o madre, o es terminar una carrera profesional con notas excelentes, tal vez es convertirnos en actores, escritores o músicos, quizá sea ser el mejor amigo que alguien pueda encontrar. No sé cuál es tu cima, pero lo que sí se es que podemos llegar.



Y hoy, cuando leas esta nota, recuerda las palabras de José Ingenieros: “El que aspira a ser águila debe mirar lejos y volar alto; el que se resigna a arrastrarse como gusano renuncia al derecho de protestar si lo aplastan”.






¡Que tengas un día lleno de éxito!!!

5 de julio de 2007

En La Cima del Mundo – parte 2.


En la entrega anterior hablamos sobre Mark Inglis, quien con sus dos piernas de fibra de carbono logró llegar a la cima del mundo pese a la dificultad que la escalada le ofrecía; pero él no es el único que, con una discapacidad “limitante”, ha logrado hacer una proeza tan grande. Cinco años antes, el 25 de mayo de 2001, otro hombre conquistó al Everest de una manera también espectacular.
Recuerdo que estaba muy enojado luego de una discusión sostenida con mi hermana y lo único que atiné a hacer fue ir a un cibercafé, alquilar una computadora y comenzar a revisar mi correo electrónico. Esa tarde recibí una de las entregas del boletín “Guerrero de la Luz” que escribe el autor Paulo Coelho, y comencé a leerlo solo para distraer mi mente del disgusto que había tenido unos minutos antes. El boletín presentaba algunos eventos acaecidos al autor mientras estaba hospedado en un hotel, y por momentos me preguntaba hacia dónde quería conducir aquella entrega, aunque me pareció bastante divertida. De pronto, un hombre interpeló a Paulo Coelho con una pregunta increíble “¿Puede un hombre ciego llegar a la cima del monte Everest?”, pero me sentí mucho más relajado cuando el escritor contesto lo que yo también pensaba: NO. Sin embargo, vino otra pregunta que me hizo detenerme a meditar mi propia respuesta: “¿Por qué no contesta ‘Tal Vez’?”
La historia de Erik Weihenmayer.

¿Tal vez? Realmente sería imposible creer que un hombre ciego es capaz de llegar a la cima del mundo si Erik Weihenmayer no lo hubiera logrado. Cuando él tenía trece años de edad quedo ciego completamente. Sin embargo su falta de visión física fue compensada por una poderosa visión mental y, por que no decirlo, espiritual. Así que tres años después, a los dieciséis, comenzó a practicar alpinismo. Poco a poco, y con mucho esfuerzo, fue conquistando los retos que se ponía a sí mismo hasta que, un día, decidió que era hora de ir por la cima del Everest. No era una escalada fácil, pero estaba dispuesto a pagar el precio de cumplir con su sueño de convertirse en el primer invidente en escalar el pico más alto del mundo y las siete cimas.
Cuando terminé de leer ese artículo no pude menos que preguntarme qué era lo que yo estaba haciendo con mis talentos y habilidades. Sin detrimento de las personas discapacitadas, muchas veces quienes tenemos nuestros cuerpos y sentidos completos, adolecemos de una invalidez mucho más aguda y paralizante: la falta de definición de propósitos. Nos falta tenacidad, valor, entusiasmo, todo porque no nos hemos tomado el tiempo para aclarar nuestra misión en la vida.
Es cierto que el camino por el que cada uno debe forjar su propio destino no es fácil, pero Molière nos recuerda que “entre más grande es el obstáculo, más grande es la gloria de vencerlo”. ¿Cuál es nuestro propio monte Everest? Quizá sea el estudio, el trabajo, la familia, etc. Sin importar el escenario en que nos toca desenvolvernos tenemos el privilegio de convertirnos en personas de excelencia; agentes de cambio con una visión mucho más grande que nosotros mismos y que nos impulsa hacia adelante y hacia arriba, en la persecución de la felicidad.
¿Cómo está nuestra visión? ¿La estamos forjando para poder vislumbrar nuevas alturas en nuestras vidas? Mi deseo es que el ejemplo de Erik Weihenmayer nos ayude a “VER” todo lo que podemos lograr si estamos dispuestos a vivir nuestros sueños. Tal vez las cosas no resulten como nosotros queremos en la primera o segunda ocasión, pero en lugar de preguntarnos “¿Por Qué a Mi?”, comencemos por decir “Tal vez” sea en la próxima ocasión y sin vacilar lancémonos a la tarea aunque sea la más humilde que nos haya tocado.
Recuerda dejar tus comentarios, pues ellos me ayudarán a mejorar este blog día a día.
Que tengas un día lleno de éxito.

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