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14 de octubre de 2010

Breve ensayo sobre la identidad – 2

identidad43 El desarrollo de la identidad, tanto individual como colectiva, es siempre un desafío, una lucha por fortalecer lo que consideramos las raíces, y escudarnos de invasores que trastoquen nuestra cosmovisión. Integrado en nuestro cerebro está el instinto de proteger lo conocido, y para ello la humanidad se ha valido en su historia de relatos, rituales, religiones, filosofías, guerras, monarquías, tribus, democracia… Y todas estas subestructuras han sido encaminadas a darle forma a una visión particular que inculcar a los pequeños y a los extranjeros.

Determinismos.

La parte positiva de todo esto es también su contraparte negativa. Es positiva porque mantiene en orden predecible el desarrollo social, algo que valoramos mucho los seres humanos, porque estamos habituados a habituarnos. Pero es negativa, cuando ese mismo orden predecible se convierte en dogma y se lo entroniza como la medida de todo pasado, presente y futuro.

No sólo Sócrates, sino muchos otros han retado ese orden, con la intención consciente o inconsciente de abrir la brecha del progreso; pero el determinismo reinante ha sido siempre el principal escollo. De esta manera, la sociedad (o sus líderes), queriendo mantener una identidad homogénea han estigmatizado a quienes muestran diferencias, es decir, que han condenado a quienes han decidido afirmar su propia individualidad para pensar, sentir, e incluso rendir culto. Por eso, la gran mayoría ha visto más fácil dejar que los otros piensen por ellos, con la esperanza de que sepan a dónde se dirigen. Entonces nos escudamos detrás de los determinismos, porque podemos culpar a nuestros genes, a la educación que recibimos de nuestros padres y a nuestra realidad circundante. Así preservamos una identidad, que llamamos nuestra porque la hemos asimilado, aunque para ello hayamos renunciado a ser responsables de nosotros mismos.

school-pecesquenosabendondevan Con lo dicho hasta acá no pretendo decir que cualquier actitud de rebeldía debe ser considerada una búsqueda legítima de identidad, aunque sea verdad que la búsqueda tenga algo de rebelde. Muchas veces la rebeldía no es más que una reacción contra personas o situaciones que terminamos asimilando cuando crecemos.

Pero cuando, por medio del pensamiento, vislumbramos algo mejor y apuntamos todo esfuerzo a lograrlo, incluso si la mayoría lo ridiculiza, nuestra individualidad se fortalece y nos hace realmente capaces de compartirnos profundamente con otros que pueden o no apoyarnos. Esta interdependencia se alcanza debido a la madurez de aceptar que nuestra libertad colinda con la de otros. Y es esa interacción la que nos invita constantemente a examinar nuestros paradigmas, a fin de evaluar si describen o no el terreno que pisamos.

Una línea, más que un punto.

En esto de la identidad hay mucho por decir, cada uno desde su perspectiva; pero creo que hay algo en lo que podemos convenir, y es que al hablar de una búsqueda de identidad no pensamos en un punto al cual se llega, como si fuera posible estandarizar una forma de ser; más bien hablamos de una línea que se construye todos los días, partiendo del bagaje que se nos ha inculcado, pasando por cómo hemos llegado a interpretar ese bagaje y su aplicación a nuestra propia vida mediante el pensamiento, hasta llegar a la interacción continua con otros seres humanos y con tantas circunstancias cambiantes que nos desafían a pensar y volver a pensar sobre nosotros, los demás y el mundo. Y todo este proceso converge en un individuo único, con sus sueños, ideales, desafíos y problemas, que debe elegir y ser responsable de su elección.

frp45Esto es, la verdad, mera divagación. Pero me gusta pensar que de alguna divagación puede salir al menos una idea importante. Creo que la búsqueda de la excelencia es una búsqueda de identidad, porque al ser humano le atrae mucho la idea de dejar su huella en el mundo, y si hemos de plasmarla para bien, qué mejor forma de hacerlo que siendo personas excelentes. Pero, eso es una elección que toca a cada uno realizar.

(Nota: El hecho de que este artículo lleve “2”, no significa que sea una necesaria continuación del anterior, sino que era más fácil agruparlo bajo un mismo título, porque se trata el mismo tema.)

4 de octubre de 2010

Breve ensayo sobre la identidad - 1

identidad Autenticidad, originalidad, independencia, son palabras que pueden asociarse a la idea de la identidad; sin embargo, muy a menudo, todo el conjunto que estas palabras forman son cuidadosamente usadas para señalar una forma muy específica de ser que se busca inculcar en los demás y que estigmatiza (si no es que condena) cualquier manera diferente de pensar que no sea la que se desea imponer (y digo imponer aunque esto sea hecho por medios muy persuasivos, que ejemplos perfectos de esto son los medios masivos de comunicación).

No es que sea un delito compartir nuestras convicciones con otros, e incluso que ese compartir pueda contagiar de tal manera a mi oyente que desee unirse a mi causa. El problema surge cuando se usan medios para coaccionar la libertad individual para elegir si nuestras convicciones concuerdan con las convicciones que se nos presentan. Y muy usualmente esos medios de coacción tienen que ver con el sentido de pertenencia a un grupo determinado y el punto de vista particular.

La presión del grupo.

Sentirse parte del grupo, integrando la identidad personal con la de todos, es de alguna manera una necesidad, pero en nuestro contrato social tácito esperamos que esa integración no anule nuestra libertad personal, sino más bien que la regule al hacernos responsables de nuestras decisiones y acciones. Así, lo que tenemos en un grupo en forma básica es integración + libertad personal + responsabilización. Y la manera más sencilla de moldear a alguien para que se acomode de una manera muy específica al grupo es la desmedida responsabilización, es decir, aislarlo o castigarlo o señalarlo por cualquier desviación (hecha por la libertad de elección) de la identidad del grupo, con lo cual se condiciona al individuo para que piense ya no como pensaría libremente, sino como lo haría el grupo.

No soy un borrego_es En este punto, la autenticidad, la originalidad y la independencia son meras fantasías. Pero, de nuevo, con esto no estoy significando que decirles a otros lo que creemos, o incluso tratar de persuadirlos de que es lo correcto sea un atentado; pero sin duda que es una falta muy grave, cuando usamos la fuerza (de cualquier tipo) para imponer lo que creemos que debería ser la identidad.

Para ilustrar lo que he escrito hasta este momento debería bastarnos recordar al insigne Sócrates, quien representaría la verdadera identidad individual (con su deseo legítimo de compartir y persuadir sobre lo que consideraba mejor) y contrastarlo con la identidad de los atenienses que lo mataron bajo la acusación de corromper a la juventud (o lo que es lo mismo: invitarlos a dejar de ser parte pasiva de un rebaño). Sócrates invitaba a pensar, no para descubrir alguna nueva moral, sino para examinar y mejorar la existente. Eso fue visto como una amenaza a un grupo de personas que se preciaban de ser la élite intelectual del mundo antiguo, lo cual no deja de ser al menos un poco irónico. Al sentirse incómodos con el desacato de uno sólo, recurrieron a la fuerza, viciando un juicio con acusaciones falsas hasta que lograron desembarazarse de él.

¿De dónde debe surgir la identidad?

El punto central de este escrito está en las siguientes preguntas: ¿Cómo se construye la identidad? ¿De dónde debe surgir? ¿Cómo identificar las sutiles formas de sesgo, que intentan moldear nuestras opiniones y eventualmente nuestras vidas? ¿Nuestra identidad es realmente nuestra? ¿O nos dejamos llevar por el fanatismo y el recelo cuando se pone en tela de juicio lo que creemos?

Son muchas preguntas y se las han hecho ya muchas mentes en el pasado, pero debemos seguir indagando en ellas. Alguien dijo que nunca debemos temer al examen de la verdad, porque entre más pronto el error salga a la luz, más pronto podremos deshacernos de él.

Mi propuesta es que la identidad se construye sobre la base del carácter, este es el resultado de nuestros hábitos más constantes, los que a su vez resultan de los pensamientos dominantes de nuestra mente. Allí debemos trabajar, en los pensamientos, en intentar elevarlos tan alto como podamos. La identidad no es mera rebeldía. Pero si un hombre auténtico se rebela lo hace en función de principios e ideales más nobles y elevados.

No voy a pretender que puedo responder las preguntas que he planteado, pero intentaré pensarlas. Y decidí escribir sobre esto para que quienes lean este burdo escrito, también puedan pensar sobre esto y aportar su singularidad a estas cuestiones. Sin embargo, debemos meditarlas desde la humildad de Sócrates, de reconocer que “sólo sabemos que no sabemos nada”.

22 de junio de 2009

La Influencia del Maestro

En mi país, hoy se celebra un día festivo en honor a los maestros, quienes tienen la sagrada labor de influir sobre las mentes de miles de jóvenes, con la misión de implantar en ellos un espíritu de superación constante, de búsqueda de la excelencia en la vida.

Los Maestros.

profe1 Los mejores maestros son herederos indiscutibles de los mayores maestros de la historia. Las vidas de ellos son en sí mismas una lección constante. Sus palabras inspiran al mejoramiento y sus consejos se encaminan hacia el éxito.

Es que enseñar no es sólo transmitir una cátedra, es tocar una vida, y cada maestro tiene el inmenso privilegio de hacerlo dentro y fuera de las aulas. Ellos, los verdaderos maestros, llevan en su mano la antorcha de la verdad; con ella iluminan el camino de quienes estamos empezando la vida, con ella nos señalan los peligros que debemos enfrentar; pero al mismo tiempo nos señalan el glorioso destino que nos espera si seguimos por la senda de la justicia, el desarrollo y el trabajo.

Los verdaderos maestros no temen desnudar su alma mientras enseñan, aunque prefieran el anonimato o el silencio de sus casas u oficinas. Siempre tratan de llenarse para compartir, pero en este llenarse han aprendido a vaciarse de todo aquello que es espurio, mientras fijan su atención y la de sus discípulos en lo verdaderamente importante.

Un poco más allá.

chp_socrates Pero no sólo existen maestros en las aulas, pues hay quienes han escogido, como Sócrates, las calles de las ciudades, los cuartos de sus hijos o nietos, los puestos de sus empleados, el café con los amigos, la iglesia, la comunidad, etc. Incluso no necesitan decir una palabra para dar una lección, basta con su vida para que todos aquellos que los vemos podamos aprender.

Ahora nos toca pensar en nosotros: ¿Cómo ven nuestra vida quienes nos rodean? ¿Hemos podido inspirar a alguien a ser mejor persona? Tal vez, sin saberlo, seas el maestro de alguien y, ¿qué clase de maestro eres? No te preocupes, no tienes que buscar discípulos; cuando ya hayas aprendido ellos vendrán; mientras tanto lo que nos conviene es tener un espíritu humilde, para que cuando estemos listos el maestro que nos ha de ayudar a aprender aparezca.

Recuerda que en esta vida siempre estamos aprendiendo y soñando, por ello es necesario que estemos receptivos a la voz que nos quiere guiar hacia la excelencia; y si escuchamos atentamente, notaremos que esta voz está muy cerca.

jeshua-joya777 Finalmente, quiero invitarlos a conocer mejor al que creo que es el Maestro de los maestros. Él me ha conducido hasta acá, y me confieso su seguidor. Sus enseñanzas han traspasado las fronteras, aunque muchas veces han sido objeto de tergiversación; sin embargo, todo aquel que busca el sendero de la felicidad y la paz, puede encontrar en este Maestro todo lo que necesita. El Maestro del que hablo es Jesús.

Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia.

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