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20 de abril de 2011

¿Quieres una vida interesante? ¡No te compares con nadie!

comparar Aprendemos el hábito de la comparación desde chicos, porque nuestros padres, o maestros, o algunos otros adultos, sienten una extraña fascinación por decirnos: “Deberías ser más como fulano” o “Si te aplicaras como mengano, entonces…”. Tal vez no podamos culparlos por hacer eso, porque seguro que ellos mismo lo aprendieron a sangre de las tantas veces que lo oyeron (aunque bien han podido ser proactivos). Esa cacofonía va moldeando nuestra visión del mundo, hasta que un día, como seres presuntamente independientes, nos volemos en comparadores compulsivos, haciéndonos a nosotros mismos la medida de todas las cosas: “Nadie hace las cosas como yo”; “Si tan solo tuvieran mi aplicación”; “Si fueran yo…” Pero la realidad es que nadie puede hacer las cosas como uno, ni vivir la vida como uno la vive.

Al otro extremo, si todavía somos demasiado dependientes (o codependientes, que es peor), nuestra compulsión por compararnos toma el siguiente derrotero: “Si tan solo fuera más como fulano”; “Si hiciera las cosas como mengana las hace”; “Quisiera que mi vida fuera como la de…” Pero la realidad es que no podemos vivir la vida de otro, ni hacer las cosas como otro las haría.

El resultado de los dos casos anteriores: Frustración. Asegurada al cien por cien, porque la pretensión de ser tan perfectos es solo perfeccionismo, una idea falsa de control, que poco a poco nos hace perder la paciencia con los demás, aunque nosotros mismos estemos llenos de defectos. O, si nuestro caso es el otro, la frustración está asegurada porque nunca podremos ser exactamente lo que otra persona es.

La función de los modelos.

Con lo anterior no he querido decir que no podamos admirar a alguien y tomarlo como modelo, pero hay que saber qué es lo que imitamos. No imitamos su vida, sino los principios que lo hicieron destacarse. Es a los principios que dirigimos nuestra atención para ver cómo los aplicó en su propia vida para poder hacer lo mismo con nuestra singular existencia. Admiramos el coraje, la paciencia, la tenacidad, el valor, la perseverancia, y otras cualidades y tratamos de aplicar esas virtudes a nuestros propios sueños. Esa es la función de los modelos, mostrarnos qué hicieron ellos para andar su camino, para que ahora nosotros andemos nuestro propio sendero.

En este punto ya no nos comparamos. Nos damos cuenta que hacerlo es inútil. Nuestra meta es avanzar más allá de donde esos modelos dejaron su antorcha, a fin de abrir nuevos caminos, de superar, ya no a otros, sino nuestros propios sueños, nuestros propios ideales.

El gran problema de la comparación es que resulta en esclavitud, porque nos pone a la sombra de otros. De esta manera nos vemos forzados a la mera imitación, lo que limita nuestro verdadero poder, porque “uno de los peores resultados de ser esclavo [sea de la comparación o de cualquier índole] y ser forzado a hacer las cosas, es que cuando no hay quien te fuerce [y en nuestro caso: no hay con quien compararte], comprendes que has casi perdido el poder de forzarte a ti mismo” (C. S. Lewis, los corchetes son míos).

felicidad1 Ahora es tiempo de decidir abandonar la comparación, ya sea para nosotros mismos, o que la apliquemos a otros. Para ello, nada mejor que alentar nuestras metas, nuestros proyectos y ocuparnos en dar lo mejor de nosotros mismos. Este dar lo mejor de nosotros no se mide artificialmente con lo que otros hacen. Este dar más de nosotros, darlo todo, se mide en función de nuestro objetivo, del horizonte al que queremos llegar. Y, además, será bueno recordar la siguiente frase de Henry Fonda: “Todos encontrarían su propia vida mucho más interesante, si dejaran de compararla con la vida de los demás”.

10 de agosto de 2010

Sobre la Interdependencia…

innovacion_equipo[1] Cuando en verdad somos independientes, es decir, cuando no dependemos ni siquiera de los defectos de los demás para afirmar nuestra identidad, sino que ésta surge de una autentica consciencia de valor personal, entonces estamos listos para el siguiente nivel en el desarrollo de la madurez: La Interdependencia. Este es el siguiente paso, y no puede ser evitado si queremos vivir vidas plenas. O por mejor decir: puede ser evitado, bajo el costo de ser simples buenos productores, pero nunca con la posibilidad de convertirnos en líderes genuinos o buenos compañeros de equipo.

La razón para que la Interdependencia sea el nivel más alto en el desarrollo de la madurez se desprende de su paradigma básico: NOSOTROS. Esto quiere decir que Nosotros podemos pensar en soluciones creativas; Nosotros podemos ganar el partido de fútbol, baloncesto, voleibol, etc.; Nosotros nos valoramos y apoyamos mutuamente. A fuerza de ser sinceros, el nosotros no es nada fácil de vivir, porque tenemos la tendencia a pensar que mis aportes son los que en realidad hacen la diferencia, y mis conocimientos son la mejor guía para los demás. Pero el pensamiento interdependiente supera esto al mirar por el prisma de la abundancia. Lo que significa que una persona interdependiente no pierde al compartirse con los demás, sino que gana con las experiencias de quienes le rodean, por ello es que sólo una persona realmente independiente puede pasar a este nivel.

¿Trabajo en grupo o equipo de trabajo?

Hoy en día escuchamos a menudo el llamado al trabajo en equipo, pero en algunas ocasiones en realidad lo que vemos es un grupo de personas trabajando juntas sólo porque así lo ha requerido la ocasión. El compromiso mutuo, la entrega de lo mejor de las cualidades individuales al servicio de la meta común, el apoyo y la valoración al compañero, entre otras cosas, son meras transacciones en el mejor de los casos, o no existen en el peor escenario, en el que la manipulación para alcanzar un objetivo individual suele ser el juego más tácitamente aceptado.

chiste trabajo_de_equipo En un escenario de trabajo en grupo sólo los dependientes e independientes pueden trabajar, pues los independientes, por sus fortalezas siempre logran imponerse mediante la técnica correcta, pero al dependiente tampoco le importa tanto, porque al menos alguien quiere hacerse cargo de la situación, y con poco o nada de su aporte. Es el escenario perfecto para las personas perfeccionistas que piensan que algo sólo puede hacerse bien si lo hacen ellas, al mismo tiempo que es el hábitat natural del acomodado que busca el menor involucramiento posible para no ser responsable de la tarea. Definitivamente, una persona interdependiente es excluida de este escenario porque al independiente le parece muy difícil de convencer o manipula, siempre espera ser oído y atendido en sus ideas; y al dependiente le parece que amenaza su comodidad, porque le exige participación y compromiso en la tarea.

Esto nos lleva a plantearnos preguntas como: ¿Por qué no es posible alcanzar los objetivos de la empresa? ¿Por qué en la familia hay tanto pleito, tanta discordia? ¿Por qué en la organización caritativa nos cuesta encontrar voluntarios? ¿Por qué los congresistas o diputados no logran ponerse de acuerdo en ese punto crucial para el país? Porque sólo son un grupo de personas trabajando. Porque hay independientes empujando o arrastrando a dependientes. Porque en algunos casos se ha llegado hasta la codependencia y la contradependencia. Porque ser interdependientes requiere coraje, el coraje para oír con atención el punto de vista del otro, comprenderlo, hacerle ver el mío con respeto y entre ambos puntos trazar una línea de conexión, buscar una solución, un compromiso que una lo mejor de los dos y nos dé una tercera alternativa. En realidad, se requiere coraje para esto.

El nivel más alto.

trabajo-en-equipo Por esa razón la interdependencia es el nivel más alto en el desarrollo de la madurez personal, porque une la capacidad para mantener mi identidad, con la de compartirme con los demás. Cuando vemos a nuestra alrededor nos damos cuenta que la vida es interdependiente, lo que significa que nosotros podemos serlo. La bella flor nos deleita con su figura y aroma, gracias al Sol, a la lluvia, a la tierra, al cuidado del jardinero, a la polinización. Los poderosos ríos comienzan su vida a penas como las salidas de riachuelos más pequeños que a su vez ha surgido del goteo de un pequeño manantial.

Sin embargo, debemos dejar bien claro que ser interdependientes no es renunciar a nuestra individualidad, sino trabajar en equipo por desarrollar mejor esa identidad personal que tanto valoramos.

Recuerda: todos comenzamos nuestra vida como seres dependientes, y esto está bien, tiene su lugar, pero a medida que crecemos debemos acentuar nuestra identidad, afilarla, ser verdaderamente independientes, porque en un mundo donde tantas voces reclaman nuestra atención es necesario aprender a ser uno mismo, sin embargo esto no lo es todo, necesitamos avanzar, aprender realmente a convivir, es decir, necesitamos llegar a ser interdependientes.

Hasta la próxima.

3 de agosto de 2010

Sobre la Verdadera Independencia.

“Ya soy un hombre (o una mujer)” se oye gritar al adolescente que exige más libertad a sus padres, que quiere, de una vez por todas, su independencia.

“Yo soy así y no pienso cambiar” espeta alguien para reafirmar su supuesta identidad.

“Me da igual lo que piensen o digan de mí” declara quien pretende escudarse así del qué-dirán sobre su pretendida originalidad.

Pero, ¿qué hay detrás de esas declaraciones y otras similares? O quizás deberíamos hacernos una pregunta aún más fundamental: ¿Qué queremos decir con la palabra “independencia”? Porque, tal vez lo que nos ha pasado es que arguyendo que queremos libertad, ser independientes, hemos caído en actitudes que, en realidad, demuestran dependencias más profundas.

La Independencia es…

libertad Ser independientes es una meta loable, pero ¿qué es ser independientes? Básicamente la independencia está sustentada en el paradigma del “YO”. Esto no tiene que ver con el concepto del “yo” espiritualizado que acostumbramos a oír hoy en día. Simplemente tiene que ver con la consciencia de que yo soy responsable de mi vida; yo puedo tomar decisiones por mí mismo; yo puedo pensar mis propios pensamientos; yo no dependo de que me valoren para sentirme bien, porque sé que valgo por quien soy. Como podemos ver, la independencia correctamente comprendida es la afirmación de la identidad personal, algo muy importante en nuestra sociedad tan plural, en la que cientos y miles de voces reclaman nuestra atención a fin de ocupar un espacio en nuestra mente. Así, el paradigma del YO en el que se basa la verdadera independencia, en realidad nos ayuda a no ser movidos por cualquier tipo de corrientes ideológicas según estas vayan apareciendo. De esta manera, ser independiente es reafirmar nuestra identidad básica.

Un vicio muy extendido.

amarrada Sin embargo, las frases de más arriba en realidad reflejan una deformación de la independencia. Esta deformación bien puede llamarse contradependencia que no es más que una reacción a la dependencia, y es en realidad lo que la sociedad hoy en día confunde con la independencia. Para hacer más claro el concepto: La contradependencia es depender de los defectos de los demás, y a partir de allí reaccionar contra quienes creemos que tienen esos defectos. Un par de ejemplos bastarán para ilustrar este asunto: 1) Los adolescentes que ven en sus padres una amenaza que les impide hacer todo lo que quieren sin restricciones, generalmente magnifican los defectos de sus progenitores, a fin de recalcar su supuesta necesidad de libertad, de allí que terminen gritando “ya no soy un niño, soy un hombre (o mujer)”, pero que una vez enfrentados a la responsabilidad no saben lidiar con su independencia, porque en realidad han sido contradependientes. 2) El esposo (o la esposa) que magnifica los defectos de su cónyuge y que decide abandonar sus responsabilidades, por lo general usa el argumento de que necesitaba su independencia, pero en realidad dependía tanto de los errores de su pareja que no tuvo la verdadera libertad que le permitiera aprender a conciliar los conflictos.

Es fácil ver cómo la contradependencia es el vicio más extendido en nuestra sociedad, porque mucha gente se enfoca y magnifica los errores ajenos para reafirmar su propia identidad, pero eso es contraproducente, pues al aminorar a otros en realidad nos rebajamos a nosotros mismos, y entonces ya no podemos ser verdaderamente independientes. En realidad retrocedemos, porque del paradigma del “YO” volvemos al del “TÚ”, en el que el responsable de todos nuestros fracasos, tristezas y desilusiones son los demás: los hijos, los padres, la esposa, el esposo, el jefe, los empleados, etc.

Esto es sólo un paso.

Dicho lo anterior, sólo nos queda una consideración más que hacer: La Independencia (la verdadera) es sólo un paso en el gran proceso de la madurez personal. Es importante, pero no es lo más importante. Eso sí, nos escuda del desequilibro en nuestra actitud frente a la vida y nos permite ser responsables de nuestras decisiones y acciones; y nos da la fuerza para pasar al siguiente nivel…

Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia.

28 de julio de 2010

Sobre la Dependencia…

Todos valoramos la necesidad de ser personas maduras en cada aspecto de la vida: emocional, físico, mental y espiritual. La razón es que al ser maduros podemos disfrutar mejor de la vida, sin ceder a la frustración, ni a las ansiedades. Por lo general percibimos a una persona con madurez como alguien equilibrado, que sabe aprovechar lo bueno de la vida, pero que también ha aprendido a sacar provecho de lo que es adverso.

dependencia-cadenaSin embargo, la madurez es un proceso continuo (casi que inacabado) en el que el aprendizaje es fundamental, por lo que pretendo poner en perspectiva los tres pasos, o niveles, o escalones que conciernen al desarrollo de la maduración en nuestra vida. Sólo que abordaremos estos tres aspectos en artículos diferentes, comenzando hoy con la “dependencia”.

La Dependencia tiene su lugar.

Cuando nacemos, los seres humanos somos extremadamente dependientes, pero es natural que sea así, porque de otra manera no viviríamos más que unas pocas horas o como mucho un par de días. El cuidado de nuestros padres es completamente necesario en el desarrollo de nuestros primeros años, y no sólo en el aspecto físico, sino en el espiritual, emocional e intelectual también. De esto se desprende que el paradigma básico de la dependencia es el “TÚ”, es decir, eres responsable de mi salud; piensas por mí y decides por mí; me valoras para que yo pueda sentirme querido, etc. Como podemos ver la dependencia es un nivel muy bajo en la madurez, pero tiene su lugar.

Pero veamos otros ejemplos de cuándo tiene lugar la dependencia: Cuando somos principiantes en una disciplina deportiva, cuando somos los nuevos en un trabajo, claramente dependemos de otros para aprender los aspectos básicos de esa nueva actividad que estamos realizando. La arrogancia de creer que no necesitamos de nadie en realidad nos haría perder la oportunidad de crecer en nuestras nuevas funciones. Sin embargo, esa dependencia debe limitarse sólo al tiempo en que aprendemos a valernos por nosotros mismos.

El vicio de la dependencia.

codependencia Además de que la dependencia se vuelve un problema que no nos deja madurar cuando no pasamos de ella, hay un vicio, una deformación de ella, y se llama “codependencia”. Esta deformación lleva al extremo el paradigma del TÚ, porque renuncia a la identidad propia para dejarla en manos de otra persona, de tal manera que un codependiente vive como el padre, el amigo, el cónyuge, o la sociedad le determinan que debe vivir.

De alguna manera el codependiente llega a desarrollar un pensamiento similar al de Claude del cuento de Émil Zola “Una víctima de la publicidad” que desde muy chico se dijo así mismo: “El plan de mi existencia está trazado. No tengo más que aceptar las ventajas de mi tiempo. Para marchar con el progreso y vivir totalmente feliz, me bastará con leer los periódicos y los carteles publicitarios, mañana y tarde, y hacer exactamente lo que esos soberanos guías me aconsejen. En ello radica la verdadera sabiduría, la única felicidad posible”. Y así quien padece de codependencia ve la vida a través de los ojos de los otros, no de su propia identidad.

Los puntos centrales hasta aquí son, para resumir, que: Hay una etapa en la que ser dependientes tiene su lugar, y es cuando aprendemos cosas nuevas. Sin embargo, la dependencia es apenas el primer paso, o el primitivo aspecto de la madurez. Avanzar de ella nos garantiza estar en el proceso, mientras que estancarnos es abrir la puerta de la codependencia, y ésta es la renuncia a la integridad personal. Al renunciar a nuestra identidad básica y depender de los pensamientos, sentimientos y valoraciones de otros, nos limitamos y todo progreso queda inaccesible para nosotros. Pero, al reconocer que la dependencia es un aspecto primitivo de la madurez, vislumbramos el siguiente aspecto en la Independencia.

Hasta la próxima entrega.

5 de noviembre de 2008

“Sí podemos”: Obama, el sueño de una Nación.

El sueño de los fundadores.

independencia1 El martes 4 de noviembre de 2008 será recordado siempre. Más allá de ser el día de elecciones para Presidente de los Estados Unidos, es también el día en que el sueño de quienes fundaron una Nación se hace realidad. Tal vez ni John Hancock ni todos los que participaron en la declaración de independencia de América del Norte se imaginaron que, pasado el tiempo, un hombre, de una raza que fue tradicionalmente esclava, se convertiría en el Líder elegido por votación, en un ejercicio libre de democracia.

Pero, cuando los fundadores de Estados Unidos dijeron “sostenemos que estas verdades son evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, en ese mismo momento estaban sembrando la semilla para lo que ha sucedido en Norte América. Y lo que vemos es que los sueños, por muy difíciles que parezcan en el momento en que nacen, pueden hacerse realidad, no sin lágrimas, no sin luchas; mas al fin se hacen realidad, porque todos somos iguales, dotados con la capacidad de alcanzar grandes y nuevas alturas. Los estadounidenses han demostrado que los ideales de quienes forjaron su país siguen vivos.

El sueño de Lincoln.

Quisiera pensar que, aunque quizás Abraham Lincoln no se imaginó a ciencia cierta lo que hemos visto este martes 4 de noviembre, cuando el 1º de enero de 1863 declaró que “todos los esclavos, sean del Estado que sean, serán a partir de ahora y para siempre libres”, estaba regando la semilla que antaño había sido plantada.

La esperanza de Lincoln era sencilla y se puede ver en suLincoln_Memorial_Washington pronunciamiento del 19 de noviembre de 1863: “Ahora estamos involucrados en una gran guerra civil, poniendo a prueba si es que esta nación, o cualquier nación así concebida y así dedicada, puede resistir el paso del tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a dedicar una parte de este campo a ser la morada final de aquellos que aquí dieron sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es completamente adecuado y propio que debamos hacerlo.

Pero, en un sentido superior, no podemos dedicar… no podemos consagrar… no podemos santificar… esta tierra. Los hombres valientes, vivos y muertos, los cuales lucharon aquí, la han consagrado muy por encima de lo que nuestra pobre capacidad pueda aportar o despojar. El mundo poco notará o ni recordará por mucho tiempo lo que nosotros digamos aquí, pero nunca podrá olvidar lo que ellos aquí hicieron. Corresponde a nosotros, los vivos, más bien, el aquí dedicarnos al trabajo no terminado, y que quienes lucharon han así dejado tan noblemente avanzado. Más bien, nos corresponde aquí el dedicarnos a la gran tarea que resta por hacer…que tomemos de estos honorables muertos una aumentada devoción para la causa por la cual ellos brindaron la última prueba de devoción; aquella que nos hace entender que estos fallecidos no han muerto en vano; que esta nación, bajo Dios, deberá tener un nuevo nacimiento de libertad; y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no perezca en este mundo”.

¿Y ahora?

barack-obama-capitol La lección es evidente: los sueños no mueren nuestra muerte, ellos pueden permanecer, siempre y cuando haya quienes quieran alimentarlos. Pueden pasar generaciones enteras, es verdad, pero si un sueño es legítimo, si un ideal vale la pena, se hará realidad. “Sí podemos”, ha dicho Barack Obama en su primer discurso como presidente electo. “Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos”.

Falta mucho camino por recorrer, y este artículo no tiene que ver con asumir una postura respecto al nuevo presidente electo de Estados Unidos, pero al escribirlo he querido resaltar algo mucho más importante que la elección de un cargo; he querido poner de relieve que los sueños se hacen realidad; he querido decir que cuando un ideal es válido, cuando el espíritu humano se eleva por sobre la etnia, el color, o las ideologías, puede crear cosas impresionantes.

Ahora nos toca a nosotros escribir la historia, ahora es tiempo de evaluar la base sobre la que se fundan nuestros objetivos, hoy es el día en que debemosgerson_logo tomar decisiones y hacernos responsables de los resultados, y si así lo hacemos, mañana cosecharemos un mundo diferente, un mundo de excelencia, porque tú y yo buscamos la excelencia.

Hasta pronto.

Enlaces de las citas en comillas de más arriba:

http://es.wikisource.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_de_Independencia_de_los_Estados_Unidos_de_Semanario_Pol%C3%ADtico,_Econ%C3%B3mico_y_Literario

http://mx.encarta.msn.com/encyclopedia_761574881/Proclamaci%C3%B3n_de_la_Emancipaci%C3%B3n_de_los_esclavos_estadounidenses.html#461516736

http://es.wikisource.org/wiki/Pronunciamento_de_Gettysburg

http://ecodiario.eleconomista.es/elecciones-usa-2008/noticias/844321/11/08/Obama-agradece-su-victoria-y-desafia-a-los-escepticos-en-su-discurso.html

22 de septiembre de 2008

El Precio de la Libertad.

La celebración del día de independencia es una celebración muy importante en muchos países, pues en él conmemoran el hecho de que hubo personas dispuestas a pagar un alto precio para ganar la libertad de sus pueblos. Sin embargo, en esta entrega de Vivir la Excelencia, no me ocuparé de porqué un pueblo quiere llegar a tener libertad, o porqué quiere asegurar la libertad para los menos afortunados de entre sus compatriotas, sino en la importancia de reconocer que la libertad tiene un precio ineludible.

Nacidos para ser libres.

Es inherente al ser humano ser libre. Aunque a lo largo20060329124609-77 de la historia hayamos sido testigos de cautiverios, exilios y demás, nada de esto ha podido acostumbrarnos a la idea de la esclavitud. En nuestro espíritu (nuestro ánimo, pensamiento, inclinación) no hemos podido resignarnos a la idea de vivir encadenados, ya sea por la fuerza del hierro, o por la conveniencia de la seudo seguridad que pueda darnos el esclavismo.

Lamentablemente, a medida que nuestras sociedades se complejizaban, también se hicieron más complejas las formas de lograr hacer esclavos: La primera forma, a mi entender, es la ignorancia. No me refiero a ser analfabetos o carecer de educación formal, porque podríamos tener títulos por doquier y seguir siendo ignorantes del gran potencial que duerme en nosotros. Ese potencial tiene que ver con nuestra capacidad de ser humanos, de ser libres, de vivir en una continua búsqueda de la perfección personal, que no debe ser confundida con el perfeccionismo. Pero la ignorancia de eso puede sumirnos en la mediocridad, en la autocomplacencia del conformismo, convirtiéndonos en esclavos por miedo a pensar, a pensar que podemos llegar más lejos cada vez. La segunda forma, en mi opinión, es la del consumismo, pero no debemos radicalizar lo que esto significa. Sería ridículo sugerir que hay que aislarnos de la tecnología (computadores, celulares, Internet, etc.) porque el hacer tal sugerencia, estaríamos virtualmente negando la capacidad creadora, inventiva, innovadora que tiene el ser humano en sí; mas, aunque las cosas no son malas en sí, debemos ser conscientes del poder que les damos para que controlen nuestras vidas. El problema del consumismo radica en que invirtió los papeles. Cada avance de la ciencia y tecnología se hizo a favor de la humanidad, para que esta pudiera disfrutar de los frutos de sus conocimientos en constante desarrollo, mas ahora parece que nosotros existimos para las cosas producidas por dichos avances.

¿Cuál es el precio de ser libres?

libertad800x6002pa Sin embargo, siempre podemos ser libres, aunque hay que pagar un precio. El precio es elevado, sin duda, pero vale la pena si en verdad queremos ser libres. Ese precio es el de la RESPONSABILIDAD con que vivimos nuestras vidas. La libertad en sí misma y por sí misma carece de sentido, en mi manera de pensar, si no es amalgamada con la responsabilidad, y ser responsables significa aceptar cada una de las consecuencias de nuestros actos, pensamientos y palabras. No me refiero a las consecuencias como castigos sociales que se nos imponen por no pensar o actuar como la mayoría, sino como la cosecha personal de lo que hemos decidido en nuestro autónomo uso de la libertad.

He querido, en esta entrega de Vivir la Excelencia, presentar esta reflexión respecto a la libertad y la responsabilidad, porque como personas en desarrollo, con una misión que cumplir en busca de la excelencia personal, es indispensable que reconozcamos el inmenso poder que tenemos entre manos, pero que dicho poder puede ser usado para el bien o para el mal (aunque esto suene algo canónico), pues somos libres y al mismo tiempo somos responsables. Mas existe una pregunta fundamental que responder en este punto y es: ¿Estamos dispuestos a pagar el precio de ser verdaderamente libres?

La respuesta a esa pregunta puede darte el rumbo que necesitas en tu vida.

Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia.

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