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22 de septiembre de 2010

Decídete a ser tú – I.

«Un hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo»somos

Jean Paul Sartre

A veces, la frase de Sartre, cae como una gota de limón en una llaga purulenta. Especialmente si al ver a nuestro alrededor percibimos que no estamos yendo a ninguna parte, porque todo se hace más difícil, y las circunstancias nos desafían aún más conforme pasan los días. Sin embargo, nuestra vida de ahora, es lo que hemos hecho de nosotros mismos. Si es agradable, ¡felicidades! No hay nada más revitalizador que saber que hemos hecho de nuestra vida un monumento al éxito real, es decir, al que se vive todos los días cuando damos un paso en dirección de nuestros más preciosos sueños, en dirección de la excelencia; pero, si no es agradable lo que ves a tu alrededor, ¡fantástico! Hoy tienes la oportunidad de decidir hacer algo diferente contigo.

No te preocupes, esto no es mero positivismo radical. No es sólo mentalización ni verbalización. Lo que tienes en tus manos es la posibilidad de tomar la decisión de vivir este día de forma diferente a la que has vivido hasta ahora, convirtiendo los desafíos en oportunidades de crecimiento; sin embargo, para lograr hacer esto hay un requisito indispensable. Llenar este requisito es vital, pues es el que hace la diferencia real entre vivir malhumorados y cansados o vivir realmente felices. Me refiero a Ser Tú Mismo.

ser-uno-mismo Decide hoy que comenzarás a ser tú: auténtico, lejos de los convencionalismos sociales; decide que vas a vivir guiado por principios elevadores que te impulsan hacia la realización de grandes proyectos, al establecimiento de relaciones duraderas. Cuando eres auténtico, todo el mundo lo nota, y también todo cambia. ¿Cómo? En la lectura siguiente hablaremos un poco más sobre esto y verás cómo al ser tú liberas el gran potencial que duerme en ti.

(Tomado de mi E-book “En la Búsqueda de la Excelencia”, pág. 22-23)

29 de marzo de 2010

El Gran Espejo…

Un_hombre_est_partiendo_02 Cuando el hombre se levantó, notó que su esposa había estado llorando por la noche al ver un pañuelo húmedo sobre el tocador. Extrañado se dirigió a la cocina y lo que halló fue una estela de caos: platos rotos, vasos por el suelo, sillas volteadas con violencia. Como no vio a nadie, él mismo se preparó un breve desayuno y se marchó al trabajo. El transito ese día fue extraño, todo mundo parecía evitarlo, lo que ocasionó más congestionamiento del que esperaba siempre, pero por lo inusitado del suceso ni siquiera se acordó de enfadarse como solía hacerlo cada día. En la oficina parecía que sus compañeros lo evadían. Saludos a medias, frases entre dientes, miradas furtivas de acusación. Su jefe lo vigilaba constantemente, a cada paso que daba. Se sentía juzgado. A la hora del almuerzo ningún colega lo invitó a almorzar como acostumbraban, por lo que el hombre comenzó a sentirse solo, realmente solo.
La tarde fue igual de desastrosa, y a la hora de la salida el jefe lo llamó para decirle, con un tono de voz parsimonioso y con un discurso lacónico, que estaba despedido. Todo lo que quería entonces era llegar a casa, mas al entrar notó de nuevo el vacío de la mañana. Por un momento se le cruzó el pensamiento de que su esposa lo hubiera abandonado. Buscó por cada cuarto y no halló nada, ni una nota con alguna explicación, ni algún indicio de volverla a ver. La tristeza se apoderó de él, y junto con ella llegaron todas las preguntas: ¿Por qué se fue? ¿Por qué me despidieron? ¿Por qué todos me evitan? No lloró… Se enojó de tal manera que comenzó a tirar todo lo que encontraba, pero su desesperación no desapareció. Cansado, decidió irse a dormir sin cenar, después de todo ¿qué objeto tenía? Y cuando se metió en la cama deseó no despertar al siguiente día…
gothicart274pk2 En la noche tuvo un sueño, o eso le pareció. Una sombra muy alta, cubierta con una capa de la cabeza a los pies, lo sacudió en la cama y sin decir una palabra lo hizo vestirse y salir de la casa. Aturdido por la visión, obedeció en todo hasta que, luego de caminar por un buen rato, todo el paisaje conocido comenzó a cambiar. La sombra iba delante y el hombre, en un momento de valor, atinó a preguntar el lugar hacia donde lo conducía. Sólo hubo silencio. A su alrededor los edificios habían desaparecido; en su lugar, a un lado del camino había un gran peñasco, y al otro un precipicio profundo. El guía avanzaba con paso firme, sin siquiera volver a ver, como si tuviera la plena certeza de que de ninguna manera el hombre podría dejar de seguir sus pisadas. Al llegar cerca de una cueva, el hombre notó que el ser de la capa negra se detenía. “Por fin”, dijo cansado, “por fin te has detenido. ¿Quién eres y qué quieres de mí? ¿Estoy soñando? Dime…” La palabra se ahogó en su garganta cuando la sombra lo tomó del brazo y le señaló hacia la cueva. Debía entrar solo. Temblando de pies a cabeza caminó despacio hacia lo que le pareció una inmensa boca. Adentro escuchó voces; al principio, confusas, pero a medida que se introducía más, se fueron haciendo muy claras. Era su propia voz, junto con la de su esposa, la de sus compañeros, y la de aquellos con los que ocasionalmente se cruzaba. Lo que oyó fueron sus gritos, sus críticas, sus insultos. Se estremeció al oírse a sí mismo con toda claridad, con una lucidez que nunca había tenido. Entonces llegó a una cámara extrañamente iluminada, donde había un gran espejo. A medida que avanzaba hacia el cristal, veía una figura acercándose en el reflejo, pero la figura estaba sucia y desaliñada, con la ropa rota y con apariencia de enfermo. Cuando estuvo frente al espejo se dio cuenta que era su imagen, sin embargo, en forma mecánica comenzó a balbucear:
espejo6lu - ¿Quién eres tú? – preguntó.
- Tú dímelo, – fue la respuesta – si no lo sabes, menos yo.
- Pero, mírame, yo no puedo ser tú. Tengo ropa diferente, no estoy enfermo, no me veo tan mal…
- Por fuera tal vez te veas muy bien, – dijo desde el espejo la imagen del hombre – mas, ¿has visto en tu corazón? Adentro, sí, adentro de ti está tu enfermedad y yo soy su reflejo. Todo lo que te ha sucedido durante el día, ha sido sólo la respuesta a lo que tú ya mostrabas. ¿Te has oído mientras venías para acá?
- Pero, pero… yo… yo nunca pensé…
- Y ese fue tu problema. Nunca pensaste en nadie más que en ti mismo. Nunca diste una palabra de cariño a tu esposa. Tus amigos intentaron ayudarte, pero los alejaste con tus críticas, tus actitudes y tus ofensas gratuitas. O mejor dicho, los alejamos, porque aun si no lo quieres aceptar, tú eres yo.
- ¿Puedo hacer algo para remediar mi condición? – gimió el hombre, postrándose impotente con la cabeza entre las manos, mientras las voces que había oído antes resonaban aún más cerca de él.
- Esto no es un cuento de navidad… Cada día hemos tenido nuestra oportunidad; y cada día la hemos dilapidado sin preocuparnos de nada más, y de nadie más. ¿Por qué te importa ahora? Ya hiciste tú elección.
- ¡No puede ser, no puede ser! – gritó el hombre mientras se ponía de pie y golpeaba el espejo.
Entonces el toque de una mano en su hombro lo detuvo; por el reflejo pudo ver que se trataba del mismo ser misterioso que lo había llevado hasta allí. Al verlo junto a sí no tuvo dudas. Su deseo habría de cumplirse, porque no se volvería a levantar por la mañana.
Y nosotros, ¿qué veremos cuando estemos frente al gran espejo? Hoy es el momento para hacer nuestra elección.

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16 de febrero de 2010

Para Ser Felices…

20080324164301-construccion-de-la-felicidad Hace algunos meses publicamos el artículo “Decídete a Ser Feliz”. En dicho artículo esbocé 4 consideraciones a partir de una famosa frase de Abraham Lincoln, en la que nos dice que la felicidad es ante todo una decisión.

Obviamente decidir ser felices es un desafío, en especial en el arremolinado mundo en el que vivimos. Sólo hace falta ir al supermercado (o al mercadillo) para que nos quiten la sonrisa del rostro; o al ver las noticias (cosa que en lo personal hago muy poco) no podemos menos que sentirnos impotentes ante tanta violencia y caos. Sin embargo, es justo aquí donde entra en juego nuestra capacidad proactiva de decidir ser felices a pesar de todo.

Siempre tendremos que luchar con nuestro entorno. Mira el contenido de los anuncios propagandísticos para fechas como el día del amor y la amistad, el día de la madre o del padre, la navidad, etc. Todos esos anuncios tratan de crear un vacío que finalmente necesitamos llenar comprando tal o cual “regalo perfecto”. El resultado de eso es que he llegado a conocer personas que se sienten realmente infelices al no poder obsequiar “algo especial”. Así que, aunque dar presentes no es un problema, se convierte en uno cuando centramos en dicha actividad la medida para ser felices y hacer felices a otros (lo que no es más que una actitud consumista).

Ahora, como ya en otra parte hemos hecho algunas pocas consideraciones sobre lo que significa decidirse a ser felices, hoy solo vamos a soltar algunas ideas (que pueden ser discutidas, ampliadas, negadas o afirmadas) sobre lo que necesitamos para ser felices. Sólo nos concentraremos en la actitud, por cuanto antes ya nos hemos centrado en el carácter.

Así que:

felicidad Para ser felices, no debemos dejar pasar las pequeñas alegrías, sólo por aguardar una gran felicidad. A veces, hay pequeños detalles que pueden hacer una gran diferencia en nuestras vidas.

Para ser felices, hay que aprender a amar lo que hacemos, porque no siempre podremos hacer lo que queremos. La actitud con la que emprendamos cada tarea, puede decir mucho de si somos felices o no.

Para ser felices, compartamos nuestra propia dicha, de esta manera se multiplicará. Encerrar la felicidad en un cofre a fin de guardarla segura, es condenarla a morir. La única manera de asegurar la felicidad es compartiéndola con otros.

Para ser felices dejemos de quejarnos. Las quejas nos hacen ver en una hormiga a un elefante, en una piedra a una gran montaña.

Si queremos ser felices es preciso aprender a sonreír con mayor regularidad. Cuando niños reíamos bastante, pero a medida que crecimos pareciera que alguien nos hizo creer que la sonrisa ya no funciona, sin embargo alguien dijo que “la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz”.

Si queremos ser felices necesitamos aprender a amar en verdad, porque la felicidad es amor; es decir, es acción.

Y, finalmente, para ser felices nunca debemos olvidar que la felicidad es una disposición de nuestra mente, no de nuestras circunstancias. Recuerda esta frase de Frank A. Clark: “Seríamos más felices con lo que tenemos si no fuéramos tan infelices con lo que no tenemos”.

Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia.

14 de octubre de 2009

Entendiendo Bien la Crisis…

mundo-en-llamas Cuando escuchamos la palabra “Crisis”, por lo general vienen a nuestra mente imágenes negativas de la vida, del gobierno, de la familia, de la economía, etc. ¿Por qué? Es decir, si analizamos bien nuestros conceptos de crisis nos damos cuenta que en realidad no tienen por qué condicionarnos a sentimientos o pensamientos negativos. Es más, todo lo que falta, a veces, es ampliar un poco más el concepto para ver la mejor cara de la moneda.

Crisis = Momento para tomar una decisión.

La palabra en sí nos ha legado un poco de historia al provenir del latín crisis, que a su vez ha derivado del griego κρίσις (krisis); y ya esta palabra griega ha nacido del verbo krinein que tiene las siguientes connotaciones: separa, juzgar, decidir.

Ahora, pensemos en esto: A lo que nos referimos con crisis es a un momento de cambios, y aunque no podemos saber si lo serán para bien o para mal, al fin y al cabo son cambios inevitables, por cuanto vivimos en un mundo en el que todo cambia. Pero, aceptar cualquier cambio en forma meramente pasiva es realmente un problema, porque limita (cohíbe) nuestra capacidad para hacernos responsables de nuestras propias vidas. Aunque, quizás, el problema no sólo sea la limitación. Escribo esto porque si nuestra limitación fuera todo el problema, pronto lo notaríamos e intentaríamos cambiar eso. El problema mayor es creer que “así deben ser las cosas”, “que no hay nada que hacer”, con lo cual nos quedamos en el conformismo.

El origen griego de la palabra con la que estamos tratando nos invita a tomar decisiones, a juzgar lo que pueda ser mejor para nosotros en medio del cambio, a separar aquello que podría sumirnos en una catástrofe emocional, económica, familiar o de cualquier otra índole para tratar de quedarnos con lo que puede fortalecernos.

autoayuda-como-tomar-decisiones-correctas-460x345-la Entender bien toda crisis es saber que tenemos una parte activa en medio de ella. Tal vez nos quedamos sin empleo; tal vez no encontremos empleo; tal vez el matrimonio esté pasando por un momento difícil; tal vez los hijos han llegado a la adolescencia; tal vez estamos en medio de un accidente… Todos esos momentos son para tomar una decisión, por eso son momentos de crisis.

Es verdad que no podemos hacer muchas cosas; pero, para qué nos centramos en ellas si podemos concentrarnos en las que sí podemos hacer. Por ejemplo: Si estas en medio de un accidente y hay heridos, tal vez no conozcas primeros auxilios, pero tienes un celular para llamar a emergencias, y si no tienes un celular, al menos puedes colaborar para ayudar a los que no están tan heridos entre tanto que llegan las paramédicos. O que tal si no encuentras empleo o te despidieron del que tenías, ¿será mejor quedarse de brazos cruzados, quejándonos de lo injusto de la vida? ¿O será mejor, en lo que encontramos un nuevo trabajo, especializarnos en algo, poner una tiendita, enseñar algo de lo que sabemos…? Tal vez sea el matrimonio el que esté pasando por un momento de crisis, pero ¿debemos por eso permitir que la rabia, los celos, o el conformismo nos invadan? ¿Por qué no mejor hacemos…?

En el artículo “Que sea proactivo” transcribí un pensamiento que encaja muy bien en estas consideraciones sobre la crisis que hemos elaborado, y ese pensamiento lo transcribo de nuevo:

“Entre el estímulo y la respuesta existe un espacio; en ese espacio se halla nuestra libertad para elegir la respuesta; en la respuesta se encuentra el secreto de nuestro crecimiento y desarrollo”.

Una breve conclusión:

optimismo-contra-la-crisis No estamos diciendo que enfrentar una crisis es algo fácil, de hecho, se supone que sea difícil; lo que queremos recordar es que aun en medio del peor conflicto, todavía podemos echar mano de nuestra capacidad para hacernos responsables de nuestras propias vidas. Vivir la excelencia es un viaje de crisis, es decir, de cambios constantes, pero vale la pena, porque de otra manera cualquiera podría ser un ser excelente sin ningún esfuerzo. ¿Estás enfrentando alguna crisis personal? No te preocupes, tú puedes elegir.

Hasta la próxima entrega.

______________________________

Te dejo un par de links donde puedes leer algunas aplicaciones del griego original:

http://es.wikipedia.org/wiki/Crisis

http://etimologias.dechile.net/?crisis

25 de septiembre de 2009

Decídete a Ser Feliz.

Abraham_Lincoln Hace algunos años me aprendí de memoria una frase atribuida a Abraham Lincoln que dice así: “Casi todas las personas son tan felices como se deciden a serlo”. Esta frase no dejó de incomodarme un poco cuando la aprendí, pero por respeto al ilustre personaje que la había dicho, y por tener un poco de cultura general más “avanzada” me la trague. Como una espinita fue entrando por mis carnes, hasta que un buen día comencé a pensar seriamente en lo que podía significar esa frase y he aquí algunas de esas consideraciones:

1. Ser feliz es una decisión. ¿Significa que ser infeliz también es una decisión? Pues, la persona que decide ser feliz no necesariamente es multimillonaria, ni puede darse todos los lujos que quiera. De hecho, la razón por la que una persona es feliz, es porque ha decido concentrarse más en aquello que sí tiene, en aquello de lo que puede estar agradecida. En cambio, las personas infelices han decidido (tal vez inconscientemente) concentrar su mirada en aquello que les falta, o en lo mal que les va en la vida.

2. Decidir ser felices nos da libertad. No hay peor esclavitud que la de nuestra mente. Y hoy en día hay muchas personas esclavas de los problemas y angustias que los aquejan (y recuerda que ya hemos hablado sobre por qué tienen “muchos” problemas las personas). Seguramente tú conoces personas que dicen: “Me siento deprimida; yo sólo quiero pasar acostada; me dan unos grandes dolores de cabeza; y el doctor me ha dado una cantidad de medicinas, y me a prohibido que coma esto o lo otro, etc.” Y cuando, con toda la buena intención del mundo, tú les dices: “No te preocupes, confía, todo va a salir bien. Por qué no salimos a hacer algo, por qué no devoras un buen libro, haz alguna manualidad…” La respuesta inmediata es: “Sí verdad, pero es que me siento deprimida; yo sólo quiero pasar…” Ya sabes el resto.

3. Decidir ser felices no nos quita los problemas. Esta fue una de las conclusiones más difíciles que pude extraer de la frase de Lincoln, sencillamente porque, para ser franco, a mi no me gustan los problemas; así que pensé que si podía mantenerme feliz todo el día los problemas desaparecerían; pero, para mi sorpresa y consternación, estos estaban todavía en la noche… sólo que ahora los veía de forma diferente. La verdad es que aunque decidir ser felices no nos quite los problemas, nos permitirá verlos en su justa dimensión, para que no convirtamos a una hormiga en un elefante.

4. La felicidad no es un punto al cual se llega, es un camino. Algunos de los problemas de nuestra sociedad derivan del deseo de satisfacción instantánea, es decir, de querer experimentar emociones fuertes aquí y ahora. Pero la verdadera felicidad no es una emoción en primer lugar, es una actitud, es un estilo de vida. De hecho hay personas que son felices, aunque se los vea serios. Y así también hay personas infelices que le sonríen a todo el mundo.

ARCOIRIS Tal vez sea un poco idealista escribir estas reflexiones, pero las comparto sólo porque en verdad me ayudaron mucho (y lo siguen haciendo) cuando las cosas no pintaban bien. A veces hay lágrimas que derramar. A veces estamos tan cansados que preferiríamos tumbarnos de una vez por todas. La vida no es fácil, pero recuerda que se supone que sea difícil… Al final, tú y yo podemos hacer toda la diferencia si nos decidimos a ser felices. Y si deseas ratificar la validez de estas reflexiones, mira la vida de Abraham Lincoln, mira a aquellos que dejaron su huella en la historia después de innumerables trabajos, piensa si vale la pena vivir una vida de quejas y amargura. ¿Qué decides?

Hasta próxima y a Vivir la Excelencia.

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