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15 de abril de 2013

La Mayor Inversión…

clip_image002La realización personal, trascender, es una de las metas más importantes que deberíamos encarar. No se trata solo de alcanzar cosas, de tenerlas, sino de ser. Un importante empresario mexicano (Carlos Katsuga) describe este proceso de realización y trascendencia con 4 bienes: 1) Bien Ser. 2) Bien Hacer. 3) Bien Estar. 4) Bien Tener. Cada uno es el resultante del anterior, por lo que se deduce que el más importante de los bienes es el Bien Ser.

El Bien Ser tiene que ver con la educación formativa, más que con la académica. La educación académica es muy importante hoy día, porque forma los marcos conceptuales con los que hay que enfrentar el cambiante mundo en el que vivimos. Sin embargo, por sí sola esta educación no tiene la capacidad de hacernos mejores. La educación en principios sigue siendo importante, aunque no se habla ya de ella como se debiera. La integridad, el honor, la solidaridad, el amor, el trabajo, siguen siendo principios factores del verdadero éxito y, más aún, de una vida de mérito.

Por eso es tan importante la inversión en el capital humano en las empresas. Hay muchos profesionales académicos que tienen poca educación formativa. Y las empresas de clase mundial, como lo diría Miguel Ángel Cornejo, invierten en ambos niveles: académico y formativo. El punto es que si eres una mejor persona, eso impactará en tu familia, en tu sociedad, en tu trabajo.

¿Te has preguntado por qué es necesario acudir a seminarios de trabajo en equipo, de liderazgo, de superación de crisis, etc.? Porque la educación formal se ha quedado corta en esos aspectos. Eso hace que haya muy buenos productores saliendo de las aulas de clase, pero muy pocos líderes, comprometidos con el desarrollo social, empresarial, familiar y personal.

"La inversión en nosotros mismos, es el único instrumento con que contamos para vivir y realizar nuestra aportación" Stephen Covey.

Esta sentencia lo resume todo: La mayor inversión es la que hacemos en nuestro desarrollo completo. Cada aspecto de nuestra vida merece atención. El mejoramiento continuo es importante a lo largo de toda nuestra vida.

¿Cuál será nuestro aporte? ¿Qué queremos dejar en este mundo? Invierte en tu desarrollo espiritual, invierte en tu desarrollo intelectual, invierte en tu desarrollo emocional y también en tu desarrollo físico. Mira alrededor y pregúntate en qué relación debes invertir ahora mismo, en qué aspecto de tu vida estás quedándote en números rojos, y comienza a trabajar, paso a paso, por invertir lo mejor en cada cosa que hagas (este es el segundo bien: el Bien Hacer).

Como ves, el Bien Ser conduce a una vida en la que se quiere Bien Hacer, es decir, en el que se hacen bien las cosas, aunque nadie parezca notarlo. El resultado de este es el Bien Estar, sentirse seguro de haber hecho lo mejor, estar alegre por haber dado lo mejor, lo que eventualmente traerá consigo el Bien Tener.

Hasta la próxima.

Si te ha sido útil este artículo no dudes en compartirlo. También déjanos tus comentarios, estaremos contentos de recibirlos. Y recuerda darte una vuelta por nuestros servicios.

Fuente: http://innpacte.com/blog/articulos/la-mayor-inversion.html

11 de marzo de 2011

¿Podemos mejorar… sin excelencia?

 esfuerzo Mejorar es la meta confesa de muchas personas, y hay toda una industria que se encarga de recodarles que todavía no lo están logrando, por lo que necesitan comprar los últimos programas de adelgazamiento, de ejercicio, de alimentación, de pensamiento positivo, etc. Además, para acompañar lo anterior, hay que comprar la ropa que están usando los exitosos (y con la ropa, todos los demás accesorios).

¿Es posible que se haya deificado la figura de cierta gente famosa? Hay chicas que esperan que sus parejas tengan el cuerpo de tal actor, aunque para salir en una película a este actor le hayan arreglado las piernas por medio de programas informáticos. Hay chicos que quisieran que sus novias tengan el cuerpo de aquella actriz (o el rostro, para no ser tan superficiales), aunque esa actriz se haya hecho algunos arreglos que no están al alcance de un sueldo promedio.

Esto me hace preguntar: ¿Se puede mejorar sin pagar el precio de la excelencia? Respondo sin rodeos: . Y se puede verificar no solo a nivel individual; también es posible verlo a nivel de empresas. Pero vayamos por partes.

A nivel personal.

Si todo lo que queremos es tener, sin duda hay muchas fórmulas para lograr todo lo que queramos. Podemos tener dinero, tener un cuerpo perfecto, tener muchos amigos y tener a la mujer de nuestros sueños, e incluso podemos tener mucho éxito. Para ello solo precisamos las técnicas correctas. No quiero decir que no requieran esfuerzo, porque sin duda es necesaria mucha dedicación para seguir sosteniendo esas técnicas; pero el problema es que nunca tendremos todo lo que queremos, sencillamente debido a la economía de consumo en la que vivimos.

De todas maneras, siempre alguien tendrá algo mejor que nosotros, y si nos centramos demasiado en “tener” terminaremos metidos en una carrera de ratoncitos cuya meta final es sortear el laberinto tan solo para encontrar una migaja de queso. El aliciente, sin duda, será esa migajita. El precio a pagar: vivir para siempre en el laberinto.

¿Y en la empresa? imagen_mejora_continua

Existen innumerables sistemas para desarrollar la tan anhelada y ya bastante mecanizada calidad total. Se supone que la calidad es sinónimo de excelencia. Y escribo “se supone” no porque esté equivocada la idea, sino por mi loca premisa de que la calidad es un componente que si ha de tener valor y sentido necesita surgir de la excelencia.

Se puede mejorar en las empresas, estableciendo estándares, mecanizando las normas, y hasta reprogramando a los empleados, pero mientras nuestra idea de calidad se centre más en los mecanismos, o en las máquinas, en los costos y el rendimiento, el resultado será una falta de  compromiso y entusiasmo por parte de los trabajadores.

¿Cuál es la diferencia?

Si es posible mejorar sin ser excelentes, y además con muy buenos resultado, ¿cuál es la diferencia entre mejoría con y mejoría sin excelencia? Más aún, ¿para qué ocuparnos de un concepto tan abstracto e idealista como el de excelencia, si de todas maneras obtenemos los resultados que queremos? Quiero proponer que la diferencia es, simplemente, pasión.

A nivel individual: ¿Tienes pasión por lo que haces? ¿Haces ejercicios, o lees, o trabajas, con entusiasmo? Si no tienes pasión, pronto te faltarán las fuerzas para seguir con ese plan de alimentación o esa rutina de ejercicios. Sin pasión es muy fácil encontrar “motivos” para dejar de hacer algo, no importa cuánto nos beneficie. Pero, ¿qué tiene que ver la pasión con la excelencia? Que la pasión es toda la fuerza emocional que la excelencia necesita para moverse hacia el horizonte trazado. Y como hemos dicho en muchos artículos antes, ser excelentes es tener sueños propios, ser verdaderamente independientes, con capacidad para ser interdependientes, y solo podemos movernos hacia esos sueños con entusiasmo.

A nivel de empresa: ¿Se sienten identificados los empleados con la institución, con la misión y visión de ella? ¿Trabajan con entusiasmo para cumplir con los objetivos de toda la organización? Es posible comprar el trabajo, incluso la voluntad, y hacer que los empleados lo hagan todo bajo el sistema de calidad que esté de moda, pero no se puede comprar su corazón. Es Miguel Ángel Cornejo quien ha dicho que las empresas de excelencia invierten una gran cantidad de horas en capacitar a sus trabajadores. Y la mitad de esas horas de capacitación tienen que ver con hacer mejores personas, que sean buenos padres y madres, buenos ciudadanos.

 Esfuerzo1 Pero quiero ser claro: No estoy en contra de las técnicas y los sistemas, pues tiene su lugar. Son herramientas que deben ser puestas en manos de la excelencia, de la pasión, del sueño de ser mejores no según las normas o conveniencias sociales, sino según nuestra propia realidad.

Esto no es un escrito exhaustivo, y mi anhelo es que nos sintamos impulsados a reflexionar sobre cómo mejorar cada día nuestra vida, teniendo como base el propósito dominante de la excelencia.

6 de octubre de 2008

Pero, ¿Qué es la Excelencia?

La RAE define esta palabra de la siguiente manera: Del lat. Excellentĭa. Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo. En un diccionario de sinónimos y antónimos leemos algunos términos asociados a dicha palabra: Superioridad, eminencia, perfección, excelsitud, magnificencia, notabilidad, exquisitez. En el artículo Vivir la Excelencia (mismo nombre de este Blog) hemos reflexionado sobre la importancia de responder al llamado para ser personas excelentes, especialmente al contrastar lo efímero de la vida con nuestra singular misión de trascender. Luego, en Construyendo la Excelencia Personal, hablamos un poco sobre los hábitos y su poder para potenciarnos o entorpecer nuestro camino, porque los hábitos tienen poder, claro está; es sólo que ese poder puede ser benéfico o no, dependiendo de lo que cultivamos. Pero la pregunta persiste: ¿Qué es la excelencia?

Muchas respuestas… un objetivo.dardos

Quizás no podamos definir concluyentemente qué  queremos significar cuando hablamos de ser personas de excelencia, pero, aunque haya muchas definiciones o respuestas, existe un solo objetivo, que, de hecho, es común a todo ser excelente: el constante crecimiento.

Sí, esa indómita idea de seguir creciendo, de alcanzar una cima y elevar la visión para ir tras otra, un poco más alta que la anterior, es fundamental en el ser excelente. ¿Por qué? Porque reconoce que la perfección a la que lo impulsan sus ideales no es un punto estático en el camino, sino todo un viaje.

Este hombre o mujer es superior, pero no arrogante; lo que lo hace superior es su capacidad de seguir aferrándose a sus ideales, de seguir soñando aunque la sociedad no acompañe dichos anhelos. Mas es dicha superioridad la que marca el paso de las civilizaciones, así nos lo ha ratificado la historia.

Para el ser que vive en la excelencia, esta palabra no es sólo un concepto abstracto, no es una metáfora, es un estilo de vida; es levantarse cada mañana y volver a ver el sueño que tiene por delante; es dar un paso a la vez, pero con seguridad, en la realización de esos ideales; es más que buenas maneras, porque es calidad y bondad.

Pero, ¿qué busca este ser con su inagotable persistencia de crecimiento? En una palabra: Despertarnos. No tiene todas las respuestas, no pretende tenerlas; no conoce todo el camino, pero conoce las señales; no busca cambiarnos para que seamos mejores, sólo quiere que veamos que es posible ser mejores. La luz que irradia este hombre o esta mujer no pretende intimidarnos, sino iluminar una senda más elevada; pero el temor es una realidad, para aquellos no quieren darse la oportunidad de brillar con su luz propia; pero al decir propia nos referimos al legado que nos ha dejado la historia, al incluir en sus páginas a aquellos que se han convertido en personajes, pero que antes fueron personas con un espíritu excelso.

Así que, si hemos de resumir aún más un concepto de excelencia, lo cual no es del todo posible porque dicha palabra se ha magnificado en la vida de algunos, encarnándose en sus aspiraciones, repito, si hemos de resumir aún más, diremos: que el ser excelente lo es por su estilo de vida, por sus ideales; y es en la búsqueda insaciable de ellos que una persona vive en la excelencia, porque, después de todo, no se trata de alcanzar algo, sino de vivir una vida con propósito.

Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia, que tengas un día lleno de oportunidades.

5 de octubre de 2007

Se supone que sea difícil…



Hace algunos días tuve la oportunidad de ver parte de una película de Tom Hanks; estaba ambientada en la época de la guerra de Vietnam, y trataba sobre la liga de beisbol femenina que se inició en ese tiempo (la película se llama: A League of Their Own).


En una escena que llamó mi atención, la actriz Geena Davis, quien interpreta a la mejor jugadora de beisbol, Dottie Hinson, decide retirarse para irse a vivir con su esposo que ha regresado de la guerra, tener hijos y criarlos. Tom Hanks, el entrenador, pregunta la razón para su retiro ahora que están en la serie mundial y pueden ser campeones. Ella responde con un simple: “se puso difícil”. Entonces Hanks pronuncia lo que considero la declaración de misión de los verdaderos triunfadores: “Se supone que sea difícil, si no cualquiera lo haría”.


El problema de quejarse.

He pensado mucho sobre esa frase desde que la escuche, he visto a mi alrededor las circunstancias que me rodean y me he dicho: Se supone que sea difícil. Pero también he tenido que ver a muchas personas que pasan por la vida y se quejan cuando ésta se pone un poco dura. Hay quienes llegan a considerarse meras víctimas, y lo son, pero no de la vida o las circunstancias, sino de sí mismos, porque simplemente se han sentado a esperar que el viento sople a su favor.

El problema de esperar que el viento sea favorable, en lugar de trabajar por labrar la oportunidad que vamos a aprovechar, es que cuando la oportunidad llega no estamos listos, porque estamos más habituados a esperar.

¿Qué es mejor: avanzar aunque sea un paso por día, incluso si es un poco penoso, o esperar en una estación fantasma a que pase el tren ilusorio de la buena suerte? ¿Quién es exitoso: el que se arriesga y cae en algunos tramos del camino, pero se levanta, o el que cree que puede acertar en una sola oportunidad, pero que no se prepara?

Cuando a alguien con altos estándares de vida le va bien, las personas alrededor actúan de formas variadas: unas se conforman, como si la victoria de esos pocos excelentes se debiera a una disposición especial de las “estrellas” que ellos no tienen; otros, se quejan de que esa “buena suerte” no les tocó a ellos, y piensan que la vida no ha sido justa; pero algunos pocos se dan cuenta de que ahora es el turno de ellos, para crear una oportunidad, para elevar los estándares y perseguir con todas las fuerzas sus sueños. ¿En qué grupo de estos tres nos encontramos?


El problema de quejarse es que las quejas nos atan a las circunstancias, nos vuelven víctimas, nos alienan de las oportunidades, nos desmoralizan frente a los desafíos; luego, simplemente nos conformamos con la “mala suerte” que nos ha tocado.

Aprendiendo.

Pero la buena noticia es que podemos cambiar ese paradigma y comenzar a ver la vida desde otro cristal. Sin embargo, esa decisión requiere valor y, quizás más que eso, voluntad para querer ver de otra manera.

Ahora bien, ¿de quién debemos aprender? Alfred Nobel dijo una vez que “la persona inteligente aprendía del fracaso”. Pero más recientemente, Miguel Ángel Cornejo dijo que “la persona verdaderamente inteligente aprendía del éxito”. Me parece que ambas declaraciones están en lo correcto y se complementan (dejo a cada uno para que las reflexione con calma). Así que tenemos mucho de donde aprender, porque la vida siempre sigue y no podemos darnos el lujo de quedarnos estancados. Hay que comenzar a hacer algo, por pequeño que parezca, para encontrar nuestra propia oportunidad. Y si las cosas se vuelven difíciles, siempre recordemos que “se supone que sea difícil, si no cualquiera lo haría”.

Que tengas un gran día.

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