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11 de abril de 2011

Un Poco de Insatisfacción.

insatisfaccion En el breve artículo sobre la necesidad de soñar, he dicho que la insatisfacción es un ingrediente importante, y en este texto quiero abordar el tipo de insatisfacción a la que he querido referirme a fin de aclarar mejor cómo los sueños pueden impulsarnos.

Una vez leí una frase cuyo texto no recuerdo bien, pero que daba el siguiente mensaje: Si ves que algo falta, en lugar de criticar porque hace falta, crea algo para suplir la necesidad. Esto me parece muy acertado para ilustrar dos tipos de insatisfacción y sus respectivos resultados en nosotros.

Por un lado, cuando notamos que algo no está bien, que es necesario producir un cambio, es bastante fácil caer en la frustración y criticar. Criticamos al gobierno, a la sociedad, a la falta de oportunidades, a la familia y amigos. Sin embargo, para ser francos, a pesar de todas nuestras críticas nada cambia para mejor. Esto nos envuelve en un círculo vicioso, o peor aún, en una espiral descendente de frustración y más crítica. Entonces nos volvemos violentos, intentando hacer por la fuerza los cambios que creemos necesarios en el mundo. Ese ha sido el fracaso de muchos movimientos políticos y sociales. Y escribo fracaso en tanto los resultados que han dejado en la sociedad: Más pobreza, más inseguridad, y mucho menos oportunidades.

Pero, ¿podemos tomar un enfoque diferente? ¿Y si en lugar de enzarzarnos en el círculo vicioso del criticismo, comenzamos a pensar en lo que podemos crear para superar las deficiencias que vemos a nuestro alrededor? En este caso también nos damos cuenta de que algo no anda bien, que es necesario producir cambios sustanciales, pero en lugar de frustrarnos ponemos manos a la obra, con nuestras capacidades, con los dones que tenemos, e iniciamos algo nuevo.

¿Qué significa esto? Que en lugar de bloquearnos dando toda nuestra energía al objeto de nuestra crítica, buscamos romper con los viejos paradigmas y comenzamos a pensar de manera diferente. Y en lugar de preguntarnos “¿Por qué se hace esto mal? ¿Mejorará algún día la situación (política, financiera, social, etc)? ¿Cambiarán algún día por fin mi familia, mis vecinos, el país, el mundo?” nos hacemos otro tipo de preguntas: ¿Hay algo que yo puedo mejorar? ¿Qué necesito cambiar en mí para que mi familia, mis vecinos, el país y el mundo cambien? ¿Cuál será mi respuesta creativa (proactiva) a esta situación?

girl-thinking_id3502081_size480 Ahora preguntémonos: ¿Qué tipo de insatisfacción tenemos? ¿Es la que nos incita a criticar o es la que nos impulsa a pensar en algo creativo? Cuando criticamos estamos tomando una actitud en la que, virtualmente, creemos que la vida nos debe: dinero, educación, pareja, etc. Eso nos lleva a ver el mundo en términos de escases, de lo que falta, y la insatisfacción producida nos hunde en la miseria. En cambio, cuando vemos la vida en términos de abundancia, en lo que pensamos es en lo que podemos aportar. Nuestra creatividad sobrepasa los límites, porque podemos ver a la distancia un ideal que suplirá lo que hoy falta. ¿Romántico? Tal vez. Mas, ¿de qué otra manera podemos avanzar?

8 de septiembre de 2010

Sobre Principios y Responsabilidad.

responsabilidad-social-empresaria En este artículo me gustaría poner delante de nosotros esta pregunta que rara vez nos atrevemos a externar. Bueno, digo “rara vez” desde que accedimos al mundo de los adultos, porque es posible que algunos todavía la piensen, y otros la recuerden de su adolescencia. En fin, el punto es que la pregunta no deja de ser relevante: ¿Sirve de algo ser responsables? Y, ¿qué es eso de la responsabilidad? Además, quisiera poner de relieve el tema de los Principios, para evaluar un poco su validez para nosotros. Después de todo vivimos en una sociedad relativista y en extremo subjetiva, ¿no será acaso una cuestión personal todo esto?

Vayamos por partes.

En primer lugar, la responsabilidad es común a todos los seres humanos. Al haber nacido libres, nacimos también responsables. Sin embargo, el uso que le damos a esa cualidad sí que es subjetivo, a tal grado que podemos renunciar a ella. Y renunciar a ser responsables es una buena prueba de que más que una cualidad, nos estamos refiriendo a un Principio.

Ningún Principio puede forzarnos. Tampoco puede cambiarnos. No es su función. La función de los Principios es mostrarnos cuál es el mejor camino, el que ha soportado la prueba del tiempo y ha dado como resultado hombres y mujeres virtuosos; pero la decisión de seguirlos es de cada uno. Paradójicamente, aunque decidamos no guiarnos por ellos, eso no los destruye, sino que los pone de relieve cuando cosechamos los resultados.

La responsabilidad trabaja en función de principios, es decir, en aceptar o no la guía de ellos y en aceptar las consecuenciasresponsabilidad (en este segundo “aceptar” no existe la posibilidad de no hacerlo). Para hacerlo claro: Al aceptar ser guiados por la virtud, aceptaremos el resultado de una vida plena, de constante desarrollo, lo cual no significa que sea fácil, pero sí que será realmente feliz. Por otro lado, al rechazar la virtud (porque la responsabilidad implica la libertad de decidir no ser virtuosos) estamos aceptando las consecuencias que ese rechazo traerá.

Una palabra más: Es necesario enfatizar que la responsabilidad trabaja sólo en función de los principios, no en función de las consecuencias o  resultados. Aunque parezca redundante, enfatizar este punto resulta importante para no confundir una conducta excelente de una conveniente. La conducta conveniente puede derivar en “el fin justifica los medios”, entretanto que la conducta excelente se mantendrá firme y tranquilo, del lado de los principios, aunque al corto plazo parezca perder. La responsabilidad sirve para darnos cuenta, para concientizarnos, de cuál es el mejor camino para seguir. Como finalmente Tamyra Horst nos dice: “Necesitamos ser responsables con el fin de crecer y cambiar”.

24 de agosto de 2010

Iniciando el Cambio.

«Si un minuto basta para morir, debe bastar para cambiar»

Émile Chartier

cambiando_de_pecera Vivimos en un mundo que cambia constantemente. ¡Qué maravilloso es saber que nosotros tenemos el poder para vivir al ritmo de esos cambios! No digo “poder” en un sentido místico y espiritualizado. Me refiero al poder de la elección.

Así que todo a nuestro alrededor cambia, no sólo la geología de nuestro planeta. Cambian las relaciones, cambian los empleos, cambian las ciudades, cambia el dinero. A veces, la vorágine es tal que sentimos que no podemos mantener el ritmo, más si nos ha tocado enfrentarnos con un despido, con una enfermedad o con una montaña de deudas que parecen sobrepasar al mismo monte Everest. Pero, en las líneas de éste volumen, quiero que me permitas entrar en tu casa a conversar por unos cuantos minutos al día sobre todo el poder que tienes en tus manos para darle el giro que desees a tu propia existencia.

La vida es frágil, efímera, y también es hermosa, ¿por qué tendríamos que pasar los mejores años de nuestra vida sintiendo que está en nuestra contra? La respuesta es que no tenemos que hacerlo, porque si en un minuto podemos morir, también podemos cambiar, pues el cambio comienza con una decisión.

cielo gaviota ¿Qué quieres cambiar hoy? ¿Tu estado de ánimo? ¿La forma en que te relacionas con tu esposa / hijo / padre / jefe, etc.? ¿Tus pensamientos? Comienza por decidir. Nuestras decisiones pueden llevarnos a la senda que nos hará cada vez más fuertes y mejores… que nos hará personas de excelencia.

(Tomado de mi e-bookEn la Búsqueda de la Excelencia”, pág. 10-11)

21 de julio de 2010

Revisar nuestros paradigmas…

mente-compu Cuando vemos el mundo nos gustaría pensar que lo vemos de una manera objetiva, que somos capaces de ver el cuadro completo; pero, la realidad es que, estrictamente hablando, no existe tal cosa como el hombre o la mujer puramente objetivos. Todos vemos el mundo a través de unos lentes muy particulares, que sólo usamos nosotros, estos filtran la información que llega a nuestros cerebros y con esos datos trabajamos para la toma de decisiones.

Un ejemplo de lo que significa mirar el mundo con una visión muy particular, puede ser nuestra posición frente a la excelencia. Para algunos la excelencia es una aspiración, un ideal que vale la pena seguir, porque según esa visión, al ser personas excelentes garantizamos paz, crecimiento, fortaleza y demás bondades de la vida para nosotros. Otros, sin embargo, por su visión particular de la vida, pensarán que la excelencia no es tan importante, que no hay que complicarse la vida con eso. Que la paz y el crecimiento se logran sin esa idea de la excelencia. Y lo más curioso es que ambos grupos tienen fuertes razones para mantener su posición. ¿Por qué esto es posible? Porque hemos heredado un mapa, o lo hemos aprendido, con el cual nos guiamos en nuestro caminar.

Son nuestros paradigmas los que nos ponen en tensión con otros, en especial cuando nos intentan convencer de que no son correctos, o cuando intentamos convencer a otros de que los suyos son los equivocados. El hecho es que nadie puede cambiar a otros, ni convencerlos mediante la lógica o las emociones a que cambie, porque la puerta del cambio sólo se abre desde adentro, cuando elegimos que el cambio es importante para nuestro desarrollo.

Para poder evaluar si es necesario un giro en nuestras perspectivas, es necesario que revisemos nuestros paradigmas. De otra manera seguiremos creyendo que tenemos la razón, aunque tal vez no la tengamos del todo. Las palabras clave son “del todo”, es decir que podemos estar en lo cierto en parte de lo que creemos, pero no sabremos que es posible mejorar hasta que emprendamos nuestra revisión. Si usas anteojos comprenderás lo importante de una revisión periódica de tus lentes. Si pasa mucho tiempo desde nuestra última visita al oftalmólogo, es posible que nos hayamos acostumbrado a nuestros lentes inservibles. Vemos televisión, leemos, trabajamos y nos recreamos con ellos. Son parte de nosotros. Tal vez la graduación ya no nos sirva, pero no acusamos la necesidad de un cambio, justamente porque nos hemos acostumbrado a ellos. Eso es lo mismo que pasa cuando no revisamos nuestros modelos básicos, nuestros mapas mentales. Creemos que nuestros viejos patrones están bien porque los hemos tenido desde siempre, nos han servido en muchas ocasiones, no hay ningún motivo para revisarlos ni cambiarlos.

Algunos quizás vean en la propuesta de revisión una amenaza, algo así como un lavado de cerebro conducente a cumplir una agenda oculta. Pero, si nuestros paradigmas son correctos, no tenemos que temer un análisis de ellos o una crítica contra ellos, porque permanecerán, mientras la hojarasca se cae; sin embargo, si no son efectivos, entre más pronto sean identificados y alejados, mejor será para nuestra vida.

faro1 No creo que exista una fórmula exacta para evaluar nuestros paradigmas. Si alguien la supiera tendríamos que admitir que es una persona objetiva, pero como he dicho más arriba, no existe la persona puramente objetiva, aunque luchar por acercarnos a eso es un ideal loable. A veces la vida nos da sacudidas para que demos un giro; a veces la invitación al cambio puede venir en las alas de una relación, de un discurso, de una lectura, de una canción. Sin embargo, sólo quisiera advertir que ninguna genuina revisión de nuestros modelos mentales sugerirá la pérdida de identidad. Es más, sólo quien es genuino, íntegro, independiente e interdependiente, puede hacer un examen equilibrado de sus postulados básicos.

Hasta pronto y que tengas un gran día.

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