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La curiosidad es una de las características más notorias del ser humano y es que desde que somos niño sentimos curiosidad por casi cualquier cosa, comenzando por nuestro entorno y abarcando todo aquello que se nos presenta como nuevo y que deseamos conocer, explorar y experimentar. Cuando vemos anuncios publicitarios o campañas de esta índole […]
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“Solo atravesando la noche, se llega a la mañana” escribió J.R.R. Tolkien, autor de “El Señor de los Anillos”. Y nada más cierto, para que pueda amanecer, debe haber pasado la oscuridad, al menos así es en este mundo.
A todas las personas, alguna vez les ha llegado alguna situación que no pueden modificar, que los ha sorprendido y los ha golpeado duramente. Esto puede ir desde la pérdida de un trabajo, un desalojo, una separación o una muerte. O simplemente encontrarse en un ambiente que, podría suponer que dicha persona solo tiene una posibilidad de salida al margen de la ley y de la sociedad.
Es el caso que le ha ocurrido al artista y empresario Daddy Yankee, quien vivió durante toda su infancia en un barrio pobre de San Juan de Puerto Rico. Lugar de drogas, alcohol y violencia. Para sobreponerse a eso, soñaba con jugar en las grandes ligas de béisbol de USA. Sin embargo, un balazo que recibió en su fémur en una pelea de una pandilla con otra, su sueño se quebró en pedazos.
Cuando ocurre una situación dramática en la vida, se puede elegir tener una de estas dos actitudes:
Realmente convirtió una situación adversa en una exitosa.
Y eso no se realiza negando lo sucedido, escondiéndose y lamentándose o ilusionándose por lo que se perdió. Sino aceptando que es una dura experiencia pero que supone tomar conciencia y reestructurar la forma de entender, ver y enfrentar al mundo.
Es un momento clave para construir nuevos sistemas de valores y por lo tanto, una nueva vida.
Según algunos psicólogos, es natural, importante y provechoso, que las personas acepten y no se opongan a las experiencia adversas. Ya que de allí surgen los procesos adaptativos normales de todo ser humano.
De ese concepto de adaptación aparece la palabra “resiliencia” que significa la capacidad de todo ser humano o grupo, de resistir y rehacerse ante la adversidad, proyectándose en el futuro a pesar de los sucesos desestabilizadores, o de los traumas o condiciones de vida difíciles.
En realidad, es la habilidad de mantener un equilibrio estable durante todo el proceso sin que se afecte su vida cotidiana y su rendimiento. Diferente a la recuperación que supone un retorno gradual hacia la normalidad.
A través de la resiliencia se enfatizan los recursos personales y las potencialidades que permiten enfrentar una situación adversa y salir fortalecido a pesar de encontrarse expuesto a factores de riesgo.
Los orientales darían como un ejemplo de resiliencia la actitud del bambú. Ya que es una planta que se adecúa a los cambios, no oponiéndose a los vientos y dejándose llevar por ellos. Inclusive adaptándose a los cambios en el cauce del río, flexibilizándose y así pudiendo mantenerse a pesar de ellos.
Si la persona sabe capitalizar el hecho traumático pueden ocurrir tres tipos de transformaciones:
Podría considerarse inclusive que superar y crecer a partir de una situación traumática es equivalente a lo que sucede con el gusano que se encierra en su crisálida para terminar siendo una mariposa.
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Vivimos en un mundo en que nada nos es regalado, todo lo que hacemos y/o recibimos requiere de un esfuerzo, ya sea el que hoy se realiza para contener el cambio climático, ese otro que se hace para mantener un presupuesto de gastos y egresos, o bien ese que es habitual en nuestro trabajo para finalizar o cerrar un negocio. Y las más de las veces, el término de esa tarea, cierre de negocio o simplemente el gozar de un aire limpio en el campo, entre otras, nos produce una sensación de triunfo y placer. Pero detrás de esa sensación de gozo, hubo un esfuerzo…y una decisión. Y ello porque no es fácil decidir hacer un esfuerzo, pues debemos de luchar contra la pereza, contra la ley del esfuerzo mínimo, o de la autocomplacencia, de salir de la denominada “zona de confort”.
Hacer un “esfuerzo” no es algo simple, como lo dice la definición siguiente: “el esfuerzo corresponde al empleo enérgico de la fuerza física, la inteligencia, la voluntad o cualquier facultad espiritual, para la consecución de un fin”.
Pero…la realidad nos indica que TODO trabajo significará un esfuerzo, ya sea intelectual o físico. En las actividades de comercialización es quizás donde el “esfuerzo” es más que necesario, y de ambos tipos, dado que significa “pensar”, “reflexionar”, “crear”, “imaginar”, “redactar”, “estudiar”, “decidir”, “capacitarse”, “motivarse”, “cumplir metas”, “definir objetivos”, “llamar por teléfono”, “caminar”, “escribir”, “tomar decisiones”, etc.
En la definición de más arriba, se indica que el esfuerzo es la aplicación con energía de la fuerza física, la inteligencia y la voluntad. Sinónimos de energía encontramos en las palabras: activo, autoritario, eficaz, firme, fuerte, poderoso, potente, pujante, tenaz, vigoroso. Como antónimo, DEBIL.
Pero para llegar a hacer ese “esfuerzo” que necesitamos, se requiere de una decisión, de decidir si queremos modificar la situación o queremos continuar. Modificar una situación nos enfrenta posiblemente a lo desconocido, al hecho de que tengamos que modificar varias (o todas) formas de nuestro actuar (o de ser) y lo vemos como un problema que muchas veces no estamos dispuestos a afrontar y por ello elegimos sencillamente, continuar en la mal llamada “zona de confort” y dejar simplemente “que las cosas sucedan” (y vaya que suceden cosas, pero negativas!).
“Que tus decisiones sean el reflejo de tus esperanzas, no de tu miedo”. Nelson Mandela.
“Decidir que no hacer es tan importante como decidir qué hacer” – Steve Jobs.
Y apoyándonos en estas magníficas frases, nuestros deseos, la esperanzas de que los problemas se solucionen, que la situación cambie favorablemente, que podamos por fin hacer lo que queremos, en fin, no pueden ser relegados al olvido solo por el temor de tomar una decisión y hacer el esfuerzo que ese cambio nos puede demandar. El temor al compromiso, el temor a la responsabilidad, el temor a equivocarse, son miedos que hay que combatir fuertemente. Mientras no se efectúe el esfuerzo requerido y se tome una decisión al respecto, la situación continuará (o el problema aumentará).
Pero ¿podemos soslayar ese temor y llegar a tomar una decisión?
Claro que sí, pero ello requerirá de un esfuerzo, aunque menor. ¿Cuál es ese esfuerzo? El esfuerzo de a) querer solucionar el problema que enfrentamos o cambio de situación, y b) utilizar un tiempo en…pensar, sí simplemente pensar, reflexionar, concentrándonos en las soluciones más que en los problemas que ello nos puede significar. Así, en una forma ordenada podríamos tener una pauta o esquema, como lo siguiente:
La vida es demasiado corta para pasarla en la negatividad. Por lo que he hecho un esfuerzo consciente para no estar donde no quiero estar.-Hugh Dillon.
Un abrazo, Freddy Hayvard.
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En toda administración, hay cuatro procesos básicos: la planificación, la organización, la dirección y el control. En las organizaciones comerciales, y en ellas, entre agentes y/o vendedores, el que más dificultades presenta en su aplicación, es el CONTROL. Y ello debido a que dicho proceso se entiende más bien como autoridad, dominio, con fuerte énfasis en la subordinación casi absoluta, produciendo por ende el rechazo de la o las acciones de control que se quieren efectuar. El agente, el vendedor, el promotor, o como se denomine el profesional de las ventas, es un personaje que, luego de un proceso de madurez, estima las más de las veces, que ya posee suficientes habilidades y conocimientos como para “estar controlado” y, por lo tanto, rechaza la supervisión, el reporte periódico y la “intromisión”, respecto de su trabajo. Lamentablemente esta oposición al “control” o “supervisión”, se trasmite rápidamente hacia aquellos que están en pleno proceso de desarrollo, y de pronto los líderes se encuentran casi frente a una “revolución”, la que de no saber manejar hará casi imposible el conocer y anticipar el avance de lo planificado en cuanto a los objetivos de la organización y lo más peligroso, el poder efectuar las rectificaciones o adecuaciones en forma oportuna en una labor preventiva. Resultado? – La mayoría de las organizaciones cambia al Líder y/o inicia un proceso de recambio de su fuerza de ventas.
Si bien creo que todos tenemos claridad sobre lo que es el CONTROL, estimo pertinente revisar algunas definiciones, como la de Tony Robbins: “…el proceso de regular actividades que aseguren que se están cumpliendo como fueron planificadas y corrigiendo cualquier desviación significativa” – La de James Arthur Finch Stoner: : “El control administrativo es el proceso que permite garantizar que las actividades reales se ajusten a las actividades proyectadas” – También recordemos la de Henri Fayol: “Consiste en verificar si todo se realiza conforme al programa adoptado, a las órdenes impartidas y a los principios administrativos…Tiene la finalidad de señalar las faltas y los errores a fin de que se pueda repararlos y evitar su repetición” – Todas ellas, sin exclusión nos conducen a que el control básicamente es el medio para asegurarnos que lo que se está ejecutando está conforme a lo planificado, otorgándonos a la vez, la posibilidad de enmendar las desviaciones u errores en forma oportuna. Por lo tanto, no podemos negar en absoluto su importancia.
El problema de su aplicación reside, conforme a mi experiencia, en la forma en que se COMUNICA y transmite la necesidad de su acción. Y ello, porque si bien interesa cumplir los objetivos de la organización, debe primariamente, hacerse coincidir sus resultados con los que espera también el ejecutor (vendedor, agente, consultor, etc.), es decir sus objetivos personales. Si existe disonancia entre ellos, el rechazo al control será mayor, dado que no tiene sentido. Por tanto, la comunicación debe estar relacionada con esos objetivos personales y el CONTROL ser percibido como un elemento de APOYO para la consecución de ellos. Indudablemente, la MOTIVACIÓN tiene un papel preponderante en la determinación de lo que se desea lograr.
El CONTROL solo por CONTROLAR, es uno de los males que a veces observamos en la supervisión y que conduce a su rechazo. Solicitar reportes en forma obligatoria y luego, no revisarlos ni compartir con el productor, es el peor de los errores. En estos análisis, producto del control, el objetivo básico es conocer no solo el cuánto, sino también el cómo se está gestionando la actividad, de tal forma de felicitar (compensar) por un buen resultado o apoyar para la mejora requerida, y corrigiendo, en forma conjunta, las desviaciones que pudieran haberse observado. El “cuánto” es un resultado que proviene de la forma en “cómo” se obtuvo, y cuando uno se detiene aquí, es cuando obtiene una información más valiosa que solo unos números o cifras.
Un tercer elemento que considerar del CONTROL es la determinación de los patrones o estándares, que son una medida para establecer rápidamente si los resultados o acciones, están sobre o bajo el promedio de lo que se espera (lo planificado). Generalmente, se aplican estos sobre resultados, sin analizar si a su vez las actividades medias para obtenerlos han sido cumplidas. Como, por ejemplo, la prospección, el número de llamadas o contactos, o el número de entrevistas, así como la metodología misma para la ejecución de ellas. El saber el “cómo” por sobre el “cuánto” facilita el análisis de las frías cifras y empodera el APOYO por sobre el CONTROL.
Sin una amplia explicación previa de la utilidad de los “CONTROLES” a los que deberá de someterse el productor, el riesgo de rechazo es mayor. Las razones del porqué, por ejemplo, de los reportes diarios o semanales, y la utilidad que su análisis entrega al productor en cuanto a reparar los errores o faltas que está cometiendo, y así anticiparse a un resultado negativo. Los resultados son una consecuencia de acciones previas, y es ahí donde debe focalizarse el CONTROL y por tanto el APOYO.
El CONTROL es un elemento más que debe integrar el Líder junto con la MOTIVACION, la DIRECCION y el APOYO a sus seguidores. La mayoría, por no decir todos, trabajamos por objetivos personales, los que debemos de alinear, en lo posible, con los de la compañía o empresa, en caso contrario, cualquier exigencia de ella, nos parecerá exagerada e imposible de cumplir. Esta alineación, debe de ser “trabajada” por el Líder con cada uno de sus liderados, de tal forma de que finalmente, las aspiraciones y objetivos personales, se acerquen y/o coincidan con los que se desea, y así la MOTIVACIÓN será reforzada. Si ello no ocurre (por desinterés), y sus aspiraciones son inferiores a los que requiere la empresa o compañía, es muy posible que el error se encuentre en el perfil reclutado.
Douglas McGregor, autor del famoso libro de Management “El lado humano de las organizaciones”, manifiesta: “La autoridad no es un medio adecuado para lograr que las personas se comprometan con los objetivos. Se necesitan otras formas de influencia para lograr esa integración (los personales y los de la organización). La teoría Y señala la posibilidad de ir prescindiendo poco a poco de las formas externas de control según vaya lográndose un mayor compromiso con los objetivos de la organización”.
Un abrazo.
Freddy Hayvard
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