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20 de mayo de 2011

¿Triunfar o ir triunfando?

triunfar «No se trata de triunfar en la vida, sino de ir triunfando»

Doménico Cieri Estrada

A medida que adquirimos nuevos conocimientos por obra de nuestra inversión en la lectura, y a medida que invertimos en otras áreas de nuestra vida, como el cuidado de nuestro cuerpo, el fortalecimiento de las relaciones importantes, el desarrollo de nuestra espiritualidad (esto último tiene diferentes connotaciones para diferentes personas), nos damos cuenta que nuestra existencia no se trata de alcanzar un triunfo lejano, idílico, sino de ir triunfando todos los días.

El ideal que nos formamos, los sueños que albergamos, son los guías maestros con los que vivimos, mas para acercarnos a ellos hace falta que todos los días demos un paso. Cada uno de estos pasos es un triunfo en sí mismo, que sirve para ir construyendo la gran realización de nuestra vida. Esto tiene que ver con las actitudes que tenemos, con los hábitos que cultivamos, con los pensamientos que acariciamos. Siempre tenemos la oportunidad de pensar en aquello que realmente queremos para nosotros y, concentrando nuestros pensamientos en ello, comenzar a alejar de nuestra vida la actitud que podría limitarnos, o cambiar los hábitos que entorpecen nuestra efectividad.

Lo que la frase escogida para hoy nos dice es que el triunfo no se alcanza si no se ejercita, de allí la necesidad de ir triunfando cada día, pues no es Horizonte necesario hacer una gran cosa para ser grande; hay muchas cosas pequeñas que pueden hacer realmente la diferencia. Si sólo te decides a sonreír hoy, si te decides a ver oportunidades en vez de calamidades, si comienzas a invertir en tu conocimiento, si decides que hoy vas a comenzar a cuidar tu cuerpo, etc., ya estarás triunfando, pues cada decisión que tomamos para ser mejores cada día es un gran primer paso en la senda de la excelencia.

(Tomado de mi E-book - “En la Búsqueda de la Excelencia”, pp. 68,69)

29 de diciembre de 2009

Esto También Pasará…

Un año más que se va y un nuevo año que se viene. Sí, axiomático diríamos; obvio, es un ciclo. Pero, al dejar este año ¿qué nos llevamos? Y cuando el nuevo año empiece ¿con qué nuevos proyectos y resoluciones lo saludaremos? ¿Cómo nos encontrará? Seguro que hemos tenido momentos felices y no tan felices, y seguro que esperamos otro año intenso, lleno de nuevos desafíos. Por esa razón quiero contarte una historia. Quizás ya la oíste (o leíste) antes, quizás no; pero lo importante es sacar la valiosa lección de este relato.

El anillo del rey.

 Anillo (1) Un poderoso rey había mandado hacer un añillo de oro que quería legar a su hijo, para que éste a su vez lo legara al suyo y se convirtiera en la reliquia familiar más preciada. Para ello reunió a los sabios de su consejo y les pidió que elaboraran un mensaje lo suficientemente pequeño como para que cupiera en el anillo, pero lo suficientemente profundo como para que les sirviera de inspiración a él y su prole. Los sabios deliberaron por semanas, buscando entre sus libros y sus estudios el mensaje perfecto para el monarca; sin embargo, no lograban dar con esa máxima breve y profunda que se les demandaba.

En el palacio había un servidor ya muy viejo. Éste había servido al padre del ahora gobernante y siempre había sido fiel, por lo cual era muy apreciado por la familia real. Viendo que sus sabios no avanzaban, el monarca le contó a este anciano servidor lo que había pensado hacer con su anillo y le preguntó si él podría ayudarlo. “Con mucho gusto, – respondió el anciano – creo que tengo el mensaje justo para su majestad”. A la tarde le llevó escrito un pequeño papel que cabía justo en el anillo del rey y le recomendó que no leyese el mensaje hasta que estuviera en una situación en la que realmente lo necesitara.

A los pocos meses una invasión enemiga diezmó sus ejércitos y lo obligo a huir, angustiado por haber perdido su reino. Desesperado, entró por un bosque en el que sintió que sus enemigos lo asediaban, y cabalgó a todo galope hasta que de pronto se encontró frente a un gran precipicio. El fin había llegado. Retroceder implicaba caer en manos enemigas y avanzar… era suicidarse porque no había a donde ir. Un rayo de luz iluminó su mente, con presteza sacó de su anillo el papel que su siervo le había escrito y leyó: “Esto también pasará”. De pronto una oleada de paz lo inundó. Dejó de sentir la ansiedad de ser perseguido, recobró su energía, hizo volver las riendas de su caballo y se dirigió a su disperso ejército. Los arengo, les infundió ánimo y al cabo de un poco de tiempo más había reconquistado su reino.

anillo Mientras entraba por su fortaleza, aclamado por la multitud y acompañado de su fiel y anciano servidor, éste se acercó al monarca y al verlo tan feliz por la victoria alcanzada le dijo: “Su majestad, me parece que este es un buen momento para volver a leer el mensaje”. “Pero si todo está marchando bien – replicó el rey – y no veo el motivo para lo que me pides”. Sin embargo, aunque el siervo no dijo más, el soberano saco el mensaje de su anillo y volvió a leer: “Esto también pasará”. Una nueva ola de paz lo inundó. Miró a su anciano criado y le dijo: “Ahora entiendo bien el mensaje”.

Para enfrentar el futuro.

Tal vez lo que estamos enfrentando ahora mismo no sea nada halagüeño, o por el contrario, quizás estemos disfrutando de nuestra mejor época. Sin embargo, ¡cuán oportuno es el mensaje para nosotros! “Esto también pasará”. De lo que trata este mensaje es de poner en perspectiva la vida. Ningún triunfo o fracaso es definitivo, porque la vida no es algo estático y definido; la vida es dinámica, tiene altos y bajos.

20060405022601-ante-mi-reto Así que, para enfrentar el nuevo año, mantengamos cerca de nosotros este mensaje, para que en el momento de mayor necesidad podamos recordarlo siempre. Ya sea que enfrentemos nuestra peor tormenta, o que pasemos por el valle de la paz y la tranquilidad. Después de todo “esto también pasará”…

¡Que tengas un próspero año nuevo! ¡Nos vemos en 2010!!!

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