21 de julio de 2010

Revisar nuestros paradigmas…

mente-compu Cuando vemos el mundo nos gustaría pensar que lo vemos de una manera objetiva, que somos capaces de ver el cuadro completo; pero, la realidad es que, estrictamente hablando, no existe tal cosa como el hombre o la mujer puramente objetivos. Todos vemos el mundo a través de unos lentes muy particulares, que sólo usamos nosotros, estos filtran la información que llega a nuestros cerebros y con esos datos trabajamos para la toma de decisiones.

Un ejemplo de lo que significa mirar el mundo con una visión muy particular, puede ser nuestra posición frente a la excelencia. Para algunos la excelencia es una aspiración, un ideal que vale la pena seguir, porque según esa visión, al ser personas excelentes garantizamos paz, crecimiento, fortaleza y demás bondades de la vida para nosotros. Otros, sin embargo, por su visión particular de la vida, pensarán que la excelencia no es tan importante, que no hay que complicarse la vida con eso. Que la paz y el crecimiento se logran sin esa idea de la excelencia. Y lo más curioso es que ambos grupos tienen fuertes razones para mantener su posición. ¿Por qué esto es posible? Porque hemos heredado un mapa, o lo hemos aprendido, con el cual nos guiamos en nuestro caminar.

Son nuestros paradigmas los que nos ponen en tensión con otros, en especial cuando nos intentan convencer de que no son correctos, o cuando intentamos convencer a otros de que los suyos son los equivocados. El hecho es que nadie puede cambiar a otros, ni convencerlos mediante la lógica o las emociones a que cambie, porque la puerta del cambio sólo se abre desde adentro, cuando elegimos que el cambio es importante para nuestro desarrollo.

Para poder evaluar si es necesario un giro en nuestras perspectivas, es necesario que revisemos nuestros paradigmas. De otra manera seguiremos creyendo que tenemos la razón, aunque tal vez no la tengamos del todo. Las palabras clave son “del todo”, es decir que podemos estar en lo cierto en parte de lo que creemos, pero no sabremos que es posible mejorar hasta que emprendamos nuestra revisión. Si usas anteojos comprenderás lo importante de una revisión periódica de tus lentes. Si pasa mucho tiempo desde nuestra última visita al oftalmólogo, es posible que nos hayamos acostumbrado a nuestros lentes inservibles. Vemos televisión, leemos, trabajamos y nos recreamos con ellos. Son parte de nosotros. Tal vez la graduación ya no nos sirva, pero no acusamos la necesidad de un cambio, justamente porque nos hemos acostumbrado a ellos. Eso es lo mismo que pasa cuando no revisamos nuestros modelos básicos, nuestros mapas mentales. Creemos que nuestros viejos patrones están bien porque los hemos tenido desde siempre, nos han servido en muchas ocasiones, no hay ningún motivo para revisarlos ni cambiarlos.

Algunos quizás vean en la propuesta de revisión una amenaza, algo así como un lavado de cerebro conducente a cumplir una agenda oculta. Pero, si nuestros paradigmas son correctos, no tenemos que temer un análisis de ellos o una crítica contra ellos, porque permanecerán, mientras la hojarasca se cae; sin embargo, si no son efectivos, entre más pronto sean identificados y alejados, mejor será para nuestra vida.

faro1 No creo que exista una fórmula exacta para evaluar nuestros paradigmas. Si alguien la supiera tendríamos que admitir que es una persona objetiva, pero como he dicho más arriba, no existe la persona puramente objetiva, aunque luchar por acercarnos a eso es un ideal loable. A veces la vida nos da sacudidas para que demos un giro; a veces la invitación al cambio puede venir en las alas de una relación, de un discurso, de una lectura, de una canción. Sin embargo, sólo quisiera advertir que ninguna genuina revisión de nuestros modelos mentales sugerirá la pérdida de identidad. Es más, sólo quien es genuino, íntegro, independiente e interdependiente, puede hacer un examen equilibrado de sus postulados básicos.

Hasta pronto y que tengas un gran día.

11 de julio de 2010

Lecciones de Fútbol.

worl cup Aunque he dicho en alguna otra ocasión que mi deporte es el baloncesto, no puedo negar que el mundial de fútbol es un evento de proporciones muy grandes y uno es incapaz de quedar indiferente ante ese hecho. Y si a eso le sumamos la circunstancia de elegir jugar al fútbol con tus amigos porque ese es el deporte que les apasiona y no el tuyo, pues, bueno, algo se debe aprender. Al menos en lo personal he aprendido algunas cosas, y pienso compartirlas en esta reflexión sobre la excelencia personal.

Lección número 1: El equipo es primero.

Uno puede desear ser el mejor (y de paso es muy loable), pero para lograrlo no podemos olvidar ni por un momento que el equipo es primero. Entregar la pelota de vez en cuando, ayudar al compañero a situarse en la posición ventajosa que le permita hacer el gol, soportar juntos la derrota y disfrutar unidos de la victoria. El punto es que sin importar cuán bueno uno sea (o crea serlo) en la cancha se juega en equipo y el talento de cada uno debe servir para la exaltación individual, sino para la meta del conjunto: marcar el gol y ganar el encuentro.

Lección número 2: El liderazgo importa.

Esto no contradice lo anterior, porque dentro del equipo también debe existir la figura del liderazgo, que transmite inspiración, apoyo, fuerza, y que es capaz de evaluar una situación y aportar una solución. Pero esto me lleva a hacer una distinción entre el líder que sirve al equipo y el que espera que el equipo lo sirva a él. El primero es un tipo de líder que ayuda a todos en el grupo a ser protagonistas, pero el overol se lo pone él primero. Es decir, se sacrifica por el equipo y les ayuda a mantener el objetivo en mente. Del segundo sobran los comentarios, ya tenemos muchos ejemplos de ese tipo de líder.

Lección número 3: Hay que prepararse.

No se puede afrontar un encuentro futbolístico sin preparación. Hay que entrenar, hay que estudiar al rival, hay que encontrar soluciones a las debilidades y explotar las fortalezas. La mentalización sólo no sirve para ganar partidos, se debe preparar cada partido a cabalidad. Una vez hecho el entrenamiento, entonces la mentalidad y la actitud se vuelven fundamentales.

Lección número 4: Disfruta el partido.

Admito que esta no es tan fácil como parece. El caso es que nadie quiere perder y es fácil dejar de disfrutar el encuentro si uno va perdiendo. Pero vez tras vez he comprobado que entre más me molesto por ir perdiendo o por no poder meter la pelota en la meta contraria, más pierdo el control de mí mismo, y entonces cometo más errores. En cambio, cuando a pesar de ir perdiendo trato de disfrutar y participo del espíritu de equipo, y mantengo el estilo de juego del equipo, incluso si termino derrotado, puedo aprender mejor y enmendarme para el próximo encuentro. Y qué curioso es que de igual manera pasa en la vida. Entre más nos frustramos, menos soluciones vemos.

equipo3 Seguro que hay muchas cosas que más que se podrían aprender, pero las lecciones que he expuesto acá abarcan algunos aspectos con los que debemos enfrentarnos todos los días en nuestra cotidianidad.

Hoy se juega la final del fútbol mundial entre España y Holanda. Y lo único que podemos anticipar es que será un gran encuentro, una cita con la historia para cada país representado en su equipo y nuestro deseo es simplemente, que gane el mejor.

27 de junio de 2010

El Camino de la Excelencia.

“Si hayas un camino sin obstáculos, quizás no te lleve a ninguna parte”Vigil.

antorcha Cuando comencé a escribir Vivir la Excelencia hace tres años, confieso que no pensaba en función de cuánto tiempo escribiría. En especial, porque había semanas que la “inspiración” no acudía en mi ayuda; y mientras trabajaba por desarrollar algunas ideas, me preguntaba si podría realmente ser de utilidad lo que publicaba, pues, como lo he dicho en alguna otra ocasión, reconozco que lo que escribo no es original, en el estricto sentido de la palabra, aunque desde el principio traté de darle mi toque personal.

Hoy, tres años después, descubro que comenzar a escribir esta columna ha sido una de mis mejores decisiones. Me ha permitido pulir mis ideas, cuestionándome constantemente sobre lo que publico y sobre lo que leo; mientras aprendo nuevas ideas y las contrasto con las más viejas; mientras intento poner en claro lo que, en muchas ocasiones, es una vorágine de pensamientos revoloteando en mi cabeza, para luego colocarlas en un texto que tengo la osadía de publicar, por si alguien quiere leerlo.

Pero, lo mejor de estos tres años ha sido encontrarme con otras personas que, quizás sin quererlo, se han atrevido a leer mis disparates y les han dado sentido, porque no hay nada que alegre más al autor que sentir que encuentra eco en el espíritu de otro buscador, porque eso es la excelencia, una búsqueda incasable, un camino que día tras día nos invita a crecer y fortalecernos, no sin obstáculos, porque estos son necesarios para aclarar nuestros sueños. Y así, esta aventura que comenzó de manera solitaria, ahora me permite contar con casi 250 suscriptores en mi lista de correo hasta hoy.

No sé cuánto tiempo más escribiré, mas, me alegra saber que la excelencia como tesoro, no se encuentra al final de un recorrido, sino que es el recorrido mismo el tesoro del ser excelente. Es el proceso el que hace del resultado algo bueno, porque en el viaje hemos aprendido a soportar las tormentas, a levantarnos la octava vez luego de haber caído siete veces, a caminosonreír frente a la oscuridad de la incertidumbre, ya que al levantar el rostro vemos nuestro horizonte invitándonos a no desistir y a no retroceder.

“Cuando buscamos el tesoro, nos damos cuenta de que el camino es el propio tesoro”Paulo Coelho.

Muchas gracias por ser parte de Vivir la Excelencia. Muchas gracias por permitirme llegar hasta la pantalla de tu ordenador.

Hasta la próxima entrega.

Gerson E. A. Arenivar

Autor de “En la Búsqueda de la Excelencia”.

17 de junio de 2010

Coherencia, el gran ausente…

rompecabezas Entre los Principios que más se relegan al plano secundario, hay uno que palpablemente se nota ausente en las más variadas situaciones; porque, de hecho, en la vida encontramos oportunidades para mostrarnos coherentes o no con lo que decimos creer. Sí, el principio del que estoy hablando es la coherencia.

Pero, vayamos por partes. Todos los seres humanos, desde el más empedernido religioso hasta el más empedernido ateo, tenemos un sistema de creencias que sostenemos y alimentamos a lo largo de la vida. A medida que crecemos vamos variando nuestras perspectivas y, en consecuencia, modificando o afirmando esos postulados que hemos elegido o que nos han heredado. Sobre si son limitadas o no, eso es una cuestión que podemos discutir, y cada uno se atrincherará lo mejor que puede en sus paradigmas. El problema que queremos abordar viene cuando a pesar de afirmar ciertas cosas como nuestros valores fundamentales, terminamos haciendo lo contrario.

Imagina a un padre que fuma y bebe y cuando ve a su hijo hacer lo mismo le dice que no debe hacerlo. Imagina a un hombre que predica sobre el amor de Dios, pero que no está dispuesto a servir a sus semejantes. Piensa en los muchachos que por la presión de grupo terminan haciendo cosas que, en realidad, nunca harían bajo otra situación. ¿Qué es lo que falta? Coherencia.

Hace poco pude ser testigo de esa gran falta en nuestra sociedad. Mientras viajaba para hacer una diligencia, tuve que hacer una pausa para esperar a un amigo que me acompañaría. Estaba lloviendo y me refugié bajo uno de los toldos que se había preparado en el centro de un parque, donde además estaban cubriéndose de la lluvia unos manifestantes que, según pude dilucidar, estaban preparándose para hacer una marcha ecológica en pro de la preservación de una finca muy grande en peligro de ser urbanizada. Entre ellos me llamó la atención un personaje con su camiseta alusiva al evento, porque mientras esperaba el inicio de la manifestación, sacó un cigarrillo y comenzó a fumar. Iba a salvar una finca, mientras contribuía con la contaminación ambiental por medio del tabaco. ¿Qué es lo que falta? Coherencia.

Luego nos preguntamos por qué no somos felices, por qué sentimos que algo nos falta, y el gran mercado nos ofrece cualquier cantidad de píldoras que parecen calmar por momentos nuestras ansias, hasta que éstas reaparecen y tenemos que volver a buscar el nuevo libro, el nuevo video, las nuevas fórmulas, cuando en realidad bastaría con ser coherentes con nosotros mismos. No estoy diciendo que sea un error recurrir a las nuevas tendencias de la motivación, las técnicas para el éxito y a los gurúes del desarrollo, el problema es que nadie puede enseñarnos a ser auténticos, eso debe venir de adentro, porque la autenticidad y la coherencia se alimentan mutuamente.

incoherencia Así que antes que cualquier otra cosa, tal vez convenga hacer una pausa para preguntarnos si estamos alineando nuestros pensamientos, palabras y acciones, con objetivos claros, una misión significativa y los Principios. Al final, lo más gratificante es saberse auténtico, libre y responsable, aunque eso no siempre resulte ser lo más popular, pero como dijo una vez Galileo Galilei, “la autoridad de mil no vale el humilde razonamiento de un solo individuo”.

Hasta la próxima entrega.

10 de junio de 2010

Talento y Trabajo.

080622-genio No es infrecuente encontrar personas con dones naturales que nos asombran: Físicos impresionantes; intelectos muy agudos; creatividad fuera de serie; dotes de mando, y mucho más. Pareciera que han nacido para ser grandes y forjarse un nombre y no dudamos que algunos de ellos lo logran; pero, ¿nacer con ciertas capacidades garantiza que nos irá bien en la vida? ¿Qué pasa con el trabajo, con la formación? ¿A caso no podemos hacer algo para “cambiar nuestra estrella”[1]?

Si pudiéramos dividir en grupos a las personas de la historia, notaríamos que entre el grupo de los sobresalientes, por sus aportes a la humanidad, hay dos ramas que resultan interesantes por lo heterogénea que son entre sí. Por un lado tenemos a individuos talentosos que supieron gestionar sus dones y los potenciaron para alcanzar sus objetivos. Tal vez tuvieron desventajas respecto a las circunstancias que los rodearon, pero una clara consciencia de sus habilidades superiores les hizo elevar la vista hacia un horizonte que, aunque lejano, estaban dispuestos a seguir. Pero también es muy frecuente que estuvieran rodeados de oportunidades que otros no tenían.

Por otro lado, tenemos a individuos que sin dotes especiales se encumbraron hacia las alturas. No eran buenos oradores, no tenían capacidad para la enseñanza, no sabían dirigir, ni eran muy hábiles mecánicamente o intelectualmente, y tampoco vivieron bajo circunstancias favorables, pero supieron sobreponerse a cualquier cantidad de limitaciones a fin de poder caminar hacia el horizonte que vislumbraban para sí y los suyos. Reconocieron sus limitaciones en cuanto al destino que habían elegido, pero el trabajo duro reemplazó al poco o nada de talento.

Al pensar sobre esto no puedo evitar preguntarme: ¿Qué sucedió con el resto, los que no son parte de este grupo heterogéneo de sobresalientes? Esta pregunta me resulta importante, en especial si pensamos que muchos de los que no sobresalieron estaban capacitados naturalmente, pero fueron dejados en el camino por los que, aun sin dotes especiales, se aplicaron con diligencia al auto-mejoramiento. Y los que no tenían dones, y no pertenecen al grupo de seres excelente, simplemente se cruzaron de brazos pensando que debían aceptar su suerte.

talentoDe hecho, la disciplina y el trabajo, ha sido una característica de los seres excelentes a lo largo de la historia. Sin importar si han tenido o no capacidades especiales, en realidad han alcanzado sus sueños por su diligencia.

Aquellos que asumieron que por la cuna en que nacieron, o por las tendencias especiales que manifestaban, tenían asegura el futuro, muchas veces terminaron desperdiciando su vida, y aunque gracias a su posición alcanzaran renombre, eso no era más que una ilusión condenada a desvanecerse una vez murieran. Una suerte muy diferente de quienes con ardua constancia, construyeron su propio destino.

Así que, si creemos que hemos nacido con alguna característica especial, ella sola no es garantía de éxito en la vida. Y si no creemos tener habilidades sobresalientes, ese hecho sólo no puede hacernos fracasados. Lo que hace la diferencia es la elección que hacemos de dar siempre lo mejor de nosotros mismo, de desarrollarnos, de crecer.

Hasta la próxima entrega.


[1] He tomado esta expresión de la película titulada en español “Corazón de caballero”, porque me gusta lo que creo que representa.

4 de junio de 2010

Formar líderes: Una deuda pendiente.

antorcha-blog Al margen de que existen varias escuelas especializadas en el desarrollo de las competencias para el liderazgo efectivo (algunas de las cuales son patrocinadas por los nombres de grandes autores en el ámbito de la autoayuda, el desarrollo personal, el éxito y el liderazgo), nuestra sociedad sigue teniendo una deuda pendiente: nos falta un genuino interés en la formación de líderes. Es decir, sabemos que necesitamos de un liderazgo fuerte y orientado, sabemos que se debe hacer algo para que desde los más pequeños hasta los más grandes tomen consciencia de la importancia de saber dirigir y guiar y visionar; pero, nuestra sociedad ¿trabaja para formar personas que, en los diferentes roles que les toca desempeñar, se desempeñan con excelencia? ¿O está formando nuestra sociedad sólo mano de obra calificada (y barata)?

¿Educación?

Generalmente nuestra educación, desde niños hasta adultos, está basada en los tecnicismos. Incluso en carreras más teórico-reflexivas (que nacieron inicialmente para profundizar en el entendimiento de los fenómenos sociales), como la psicología o la sociología, el fin último parece ser introducir a los profesionales en el gran organigrama social, entre los engranajes del “progreso”, para perpetuarlo, para fortalecer las instituciones que mantienen el gran orden de las cosas.

profesores_educacion De vez en cuando alguien se da cuenta de que las cosas pueden cambiar. Entonces comienza a pensar, aunque alrededor el temor es evidente; es el miedo de que todo cambie de orden. Pero el líder inicia el cambio, con una palabra, con una actitud, con una acción. ¿Y qué ha hecho para convertirse en un líder? ¿Es su educación lo que ha permitido elevar su visión? La verdad es que ha tenido que formarse a sí mismo, partiendo de un sentido de inconformismo fundamental, pero no radical (léase, fanático). Simplemente, ha probado con hacer algo diferente.

¿Por qué no se enseña en la escuela sobre el potencial que tenemos? No estoy hablando de los espiritualismos que se han hecho comunes hoy en día. Hablo de las capacidades que tenemos para trabajar por ser mejores y ver un mundo mejor (una clara utopía que sirva para caminar).

¿Y qué podemos hacer nosotros?

portaantorcha_190x200 Francamente, no lo sé. Pero creo que elevar la norma para nosotros y vivir en la excelencia puede ser un buen paso. Lo que somos influirá en quienes nos rodean, uno a uno, y eso sí puede hacer la diferencia. Aunque no podamos hacer que nuestro sistema educativo cambie, sí podemos ayudar a los más pequeños a ver nuevos horizontes. Para ello, nosotros mismos debemos ser excelentes. Cada hogar, e institución, o movimiento, puede convertirse en el catalizador de la educación que nuestros nuevos líderes están necesitando.

¿Qué debería incluir la educación de líderes? ¿Cuándo debería comenzarse a enseñar a los chicos que sus mentes cambiaran al mundo? Sería bueno considerar estas cuestiones, por ello me gustaría leer tu opinión. Deja tu comentario y déjame saber qué piensas.

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