3 de noviembre de 2008

Benjamín Franklin: Un Problema de la Humanidad.

Al pensar sobre el contenido de mi artículo para esta entrega, no pude menos que imaginar lo que significa que un nombre quede grabado en los anales de la Historia. Entonces me hice la pregunta: ¿Por qué unben_franklin nombre puede esculpirse allí, donde las generaciones venideras puedan volver a leerlo? Resumiendo a la máxima expresión la historia, bien podemos decir que está salpicada por los nombres de héroes y antagonistas, personas que sobresalieron por el bien que buscaron para la humanidad o por los horrores que le causaron. Sin embargo, los nombres más gratos para recordar son los que nos han legado, más allá de la etnia o la geografía, una razón para ser mejores seres cada día.

Un problema de la humanidad.

Benjamín Franklin es uno de esos seres extraordinarios que era ordinario; es decir, no nació en una cuna brillante, no con riquezas, no diferente de ti y de mí, pero se realizó y se convirtió en un verdadero icono. En sus propias palabras: “De la pobreza y la oscuridad en que nací y pasé mi infancia, logré elevarme hasta alcanzar cierto prestigio y una posición de influencia en el mundo”.

Desde entonces, pienso yo, Franklin se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la humanidad, debido a su incansable búsqueda de la perfección. La perfección, esa palabra que parece incomodarnos mucho, especialmente porque ha sido confundida con el perfeccionismo. En mi humilde opinión, la perfección tiene que ver con el crecimiento personal, con vivir una vida de excelencia, llena de ideales, de sueños, aunque suena algo romántico, y de hecho la idea es en sí romántica. Mientras, el perfeccionismo tiende a obligar a otros a ser algo que ni nosotros estamos dispuestos a pagar el precio de ser. De allí vienen las frustraciones, de querer que los otros hagan, aun cuando nosotros nos amilanamos frente al reto de vivir una vida como seres excelentes.

Lamento si suena a sermón o el tono es muy pesado, es solo que cuando nos medimos con los ideales, nada que no sea elevado puede encajar. Haz la prueba, conviértete en un problema para la humanidad siendo el mejor de lo mejor en lo que haces, sin perder de vista tu humildad, y notarás que, aunque no hagas algo diferente de otras personas (puede ser que tú seas un fontanero, o una ama de casa, una secretaria, o un alto ejecutivo) en tu propia forma de ser eres diferente, porque tus pensamientos son diferentes, son pensamientos de excelencia, que buscan la perfección personal.

Me parece que vivimos en un tiempo de grandes oportunidades, pero también de grandes distracciones. Y me parece que lo que nos falta es el equilibrio para aprovechar el conocimiento que hemos adquirido y convertirlo en algo especial, diferente, constructivo para cada uno. ¿Será posible que el acomodamiento sea el resultado de todos los grandes avances de los que somos testigos? Quiero creer que no es así, porque si eso sucede, todo lo que nos puede deparar el futuro es la decadencia.

Pero ahora imaginemos un estándar como este: “De niño me gustaba leer, y todo el poco dinero que me llegaba a las manos se me iba en libros”. ¿Y de adulto? “La lectura era la única distracción que me permitía. No gastaba el tiempo en tabernas ni en juegos ni en fruslerías de ninguna clase”. Claro está que Benjamín Franklin no tenía computador portátil ni acceso a Internet, y tampoco podía disfrutar del Nintendo Wii, entre otras cosas, pero ¿qué hay detrás de su forma de vivir? ¿Qué principios que lo hicieron grabar su nombre en los dorados anales de la historia? ¿Podríamos usar esos mismos principios para hacer algo extraordinario de nuestras vidas?

Deseo que ésta muy breve valoración de la vida de un hombre de excelencia, nos permita encontrar nuestro propio curso de acción. De ninguna manera me he  propuesto aleccionar a nadie, pero, humildemente, creo que si miramos con atención lo que otros han hecho para vivir vidas plenas, nosotros también podremos vivirlas, y es más, me parece a mí que hasta podemos aspirar a superar lo que nos han legado todos estos hombres y todas estas mujeres que nunca se rindieron en la búsqueda de la perfección de su propio carácter, de sus sueños e ideales.

Recuerda dejar tus comentarios, hasta la próxima... y que tengas un gran día.

Nota: Las citas en comilla son de la autobiografía de Benjamín Franklin. No he colocado el número de página por dos razones: 1) Cuestión práctica. Estos números no corresponderían con otras ediciones ni en español ni en inglés, a menos que sea la misma que yo tengo. 2) Para que el que ya ha leído el libro disfrute de recordar dónde leyó dicho pasaje, y el que no lo ha leído, se interese en buscar el libro y disfrutarlo de su propia cuenta.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me da tanto gusto recibir correos de interes, sobre todo si vienen de alguien a quien admiro muchisimo como persona, gracias por incentivarnos a buscar día a día la perfección.

Claudia Meléndez.

Gerson E. A. Arenivar dijo...

Muchas gracias a ti por el comentario... es muy alentador saber que puedo servirte con unas cuantas líneas.

kelly dijo...

estoy segura que hay muchos franklins por ahi...creciendo y formandose...

creo que conozco a unooo! :)

Gerson E. A. Arenivar dijo...

Creo que tienes razón, debe haber muchos franklins formándose, emproblemando a humanidad con su peculiar forma de ser; y que bueno que salgan a la luz, pues la humanidad se beneficia con ellos... yo solo sueño con estar en ese selecto grupo.
Gracias por comentar!!!
Un abrazo.

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