14 de septiembre de 2009

Sigue Adelante, aunque tiembles…

Hace unos días ya, fui invitado a compartir con el proyecto del adulto mayor de la Fundación MANA. Yo debía dar una pequeña charla a estos señores y me pregunté qué podría enseñarles un jovencito como yo. La experiencia de ese día fue maravillosa, porque aunque pude compartir alguna lección, yo mismo recibí más de una, y de una de esas lecciones quiero compartir en esta entrega de Vivir la Excelencia.

Como decía mi mamá.

344143-The-Andes-across-the-Jama-Pass--Los-Andes-por-el-paso-de-Jama-0 Ahora imagina, querido lector o lectora, esta escena: En medio de mi disertación, y para hacerla más amena, comienzo a preguntar a los señores sobre sus experiencias. Ellos comienzan a abrirse, ya no me ven como un chiquillo extraño, sino como alguien que desea aprender (¡y vaya que lo deseaba!) y algunos de ellos me cuentan en breves palabras cómo han tenido que enfrentar sus temores, aprovechar las oportunidades o fabricarlas si era necesario. Entre ellos hay uno, con unos sesenta y ocho años, que me informa que muchas de las cosas que aprendió en la vida, las aprendió observando y probando, porque Dios le dio la capacidad de ver y aprender. Y entonces me dice:

“Un día llegaron unos ingenieros a la fábrica donde yo trabajaba a buscar a alguien que embobinara motores. Yo había aprendido a hacerlo y tenía mi esposa embarazada, necesitaba alguna entrada de dinero más fuerte y ellos la ofrecían. De la fábrica nadie se animó, pero por instancias de unos amigos yo me acerqué a uno de los ingenieros y le dije que yo podía ir con ellos, pero no de inmediato, sino en tal fecha (que era cuando comenzaban mis vacaciones). El día señalado llegué a mi nuevo trabajo y vi una cantidad bastante grande de motores con los cuales trabajar. Al principio pensé que era demasiado, pero entonces recordé lo que decía mi mamá: ‘Tiemblas esqueleto, pero adelante’. Así que puse manos a la obra y en poco tiempo estaba terminando con esa tarea. No regresé a mi antiguo empleo. Y cuando mi labor era poca, me pegaba a los ingenieros y otros empleados de mi nuevo trabajo, para hacer rutas donde ellos atendían otro tipo de maquinaria, la cual también aprendí a trabajar yo. ¡Imagínese que por temor no hubiese aceptado probar en el nuevo trabajo – me dijo terminando su historia –, cómo hubiera sostenido a mi familia que estaba creciendo!”

Aunque tiembles.

everest ¡Vaya historia! La lección que aprendí fue mucho más valiosa de lo que pude haber imaginado. “Tiemblas esqueleto, pero ¡adelante!” Sí, a menudo sentimos miedo de emprender el camino de nuestros sueños, porque parecen descabellados, porque nadie los comprende y nos miran como a bichos raros. Mas ¿qué importa? Es mejor avanzar, aunque temblando, que quedarse de brazos cruzados sin hacer nada en la vida y morir enojados porque otros (los locos que se atrevieron a soñar) vieron mejor fortuna.

¿Ahora qué vamos a hacer nosotros? ¿Seguiremos adelante, aunque a veces las nubes grises de la adversidad nos hagan temblar? Recuerda que tú y yo tenemos el privilegio de soñar y seguir nuestros sueños, no permitas que nadie ni nada te impida alcanzar tu máximo potencial. Sigue adelante y a Vivir la Excelencia.

2 comentarios:

Claudia dijo...

Hola comparto tu opinion... Tiembla esqueleto, pero adelante!!! Una buena frase para recordar siempre, sobre todo esas veces que la decisión es crucial... Y cuántas veces lo es aquella que menos esperamos no???
Adelante con las buenas ondas...

Gerson E. A. Arenivar dijo...

Tienes razón. A veces, la que menos esperamos, la que más miedo nos causa, es la decisión que debemos tomar... Muchas gracias por tu comentario.

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