6 de mayo de 2011

Sé un árbol – II.

arbol_humano «El secreto de nuestro crecimiento está en las raíces, en conocer los Principios de Vida»

Gerson E. A. Arenivar

Como lo aclaramos en la lectura anterior, no somos los únicos que sufrimos. A nuestro alrededor hay personas que están pasando, en este mismo momento, por situaciones difíciles (quizás como nosotros mismo); pero, ¿ya te has preguntado por qué hay personas que a pesar de las tormentas se ven tranquilas y hasta felices?

A veces, las respuestas a preguntas como la anterior nos causan problemas, porque nos parecen tan simples que, bueno, nosotros quisiéramos que se nos dé una fórmula más elaborada, más acorde a nuestra inteligencia; sin embargo, la vida nos ha enseñado que las respuestas a las preguntas más difíciles son a menudo respuestas sumamente sencillas. Entonces, ¿por qué una persona puede ser feliz, tener paz y crecer cuando lo azota la adversidad? Porque ha decidido ver la vida (y todo lo que ella implica) como una oportunidad constante de crecimiento.

Lamento mucho si no era la respuesta que esperabas, pero el secreto del éxito, el secreto para volver a levantarnos cuando encontramos tropiezos en el camino y caemos, el secreto para nuestro constante crecimiento, no se encuentra en ninguna técnica o en una simplemente complicada mentalización, aunque ellas pueden tener su lugar; el secreto de nuestro crecimiento está en las raíces, en conocer los Principios de Vida como la integridad, el amor, la fidelidad, la responsabilidad, etc.

Estos Principios no son técnicas ni mentalizaciones, son guías para vivir un estilo de vida elevado y en constante búsqueda de la excelencia personal, familiar y profesional. Cuando ellos sustentan profundamente nuestras vidas, como las raíces del frondoso árbol, nos sirven para alimentar nuestro Rayo arbol carácter y arraigarnos fuertemente a la seguridad que proviene de vivir una vida noble. Esto es un proceso constante, así como el árbol nunca deja de depender de su raíz para ser alimentado. De hecho, cuando un árbol ha caído, es fácil notar que sus raíces no eran lo suficientemente profundas, o que no alimentó bien a su tronco y este se pudrió. Por eso, alegrémonos cuando viene una tempestad, porque si sentimos que tambaleamos, tal vez sea un buen momento para examinar nuestro fundamento y hacer los arreglos necesarios. Sé un árbol.

(Adaptado de mi e-book “En la búsqueda de la excelencia” pp. 36, 37)

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