18 de febrero de 2008

¿Medio lleno o medio vacío?

vasomedio Con gran sabiduría alguien ha dicho que la vida es del color del cristal con que la miras. Pero, de hecho, hay que recordar que somos nosotros los que inventamos el color del cristal. Todos los días, frente a cualquier situación, somos nosotros los que decidimos si veremos oportunidades o problemas, si avanzaremos con valor o nos estancaremos en el camino, si pagaremos el elevado precio de alcanzar un sueño o simplemente renunciaremos.

Reconozco que a veces es difícil aceptar esto, porque, para ser realistas, hay muchas situaciones que sobrepasan nuestras capacidades. Además, existe el hecho, si se trata de trabajar con otras personas, de que no todas se motivan por lo mismo y de la misma manera, así que cuando se proponen tareas grupales (en la universidad, en el trabajo) el estrés aumenta considerablemente, porque cada uno seguirá viendo las cosas a su propia manera, dificultando el avance del grupo. ¿Acaso eso no es razón suficiente para entender que no todo es del cristal con que se mira? Yo pienso que no es razón suficiente, porque aunque otros piensen de forma diferente o vean la vida de forma diferente de la nuestra, nadie puede imponernos una manera de ver la vida, pero nosotros sólo tenemos dos alternativas: 1) Forjamos nuestra propia percepción de la vida, o, 2) Aceptamos la percepción que tienen de la vida los demás.

No estoy diciendo que otras personas tengan una manera sombría de ver las cosas, sin embargo, por muy buena que sea la forma en que otro ve su propia vida, no podemos adoptar sus “técnicas” para nosotros mismos, porque nuestra vida es singular, así como nuestra manera de influir sobre el mundo lo es. Claro que podemos aprender de esas grandes personas que suelen sobreponerse a todo obstáculo, claro que ellos y ellas pueden enseñarnos grandes lecciones de vida, mas será hasta que reconozcamos que somos los únicos responsables de nuestra vida, que comenzaremos a vivir en verdad.

Vemos lo que queremos ver.

La realidad que debemos asumir es que cada uno ve lo que quiere ver. Si el vaso de agua está por la mitad, yo puedo decir que está medio lleno, pero tú, mi querido lector o lectora, puedes decir que está medio vacío. ¿Quién tiene la razón? Sería inútil entablar una controversia al respecto, porque ambos estamos en lo cierto, sólo que lo vemos desde perspectivas diferentes. ¿Cuál de las dos perspectivas es más saludable? Tal vez esta sí sea una pregunta que valga la pena, pero de nuevo, lo que importa más es que al ver la vida, veamos la gran misión que hemos venido a cumplir a este mundo.

Hace algún tiempo escuche la siguiente historia, la comparto para que saques tus propias conclusiones y que esas conclusiones te ayuden a seguir por la senda de la excelencia:

Una compañía especializada en la manufactura y comercialización de zapatos quería expandirse, había escogido como nuevo nicho de mercado a África, pero como no conocían el lugar enviaron a dos representantes de ventas (los que consideraban los dos mejores), uno al norte y el otro al sur de África. Las instrucciones eran sencillas, vivir seis meses en el lugar, indagar sobre las posibilidades económicas, entrevistarse con posibles asociados locales, entre otras, y finalmente presentar un informe sobre la viabilidad de llevar zapatos a aquel lugar.

La compañía invertiría en todos los gastos de sus delegados con la esperanza de recibir buenas noticas. Seis meses después, en una junta programada especialmente para recibir los informes, los altos directivos de la compañía se reunieron. El delegado que había viajado al sur de África estaba en el país desde hacía tres días, pero su compañero no había vuelto del viaje, sin embargo sabían que llegaba ese mismo día, así iniciaron la reunión hablando de las proyecciones futuras y se le dio la oportunidad al delegado que estaba presente para que diera su informe.

Sus palabras fueron escuetas y al punto: “No debemos ir a África, es simplemente un riesgo que no debemos tomar. Allí todo el mundo anda descalzo y no veo la forma de venderles zapatos; sencillamente, no les interesan los zapatos”.

Los directivos se vieron unos a otros, considerando seriamente lo que habían escuchado, porque claro está que no enviarían a la compañía a una situación desestabilizante. En ese momento irrumpió en la reunión el hombre que había sido delegado para ir al norte de África. El presidente de la junta preguntó si estaba listo para rendir su informe. Con gran entusiasmo, aquel hombre, que aún llevaba sus maletas de viaje, se dirigió a los asistentes de la junta y dijo: “¡Debemos llevar nuestra compañía a África! Sin duda alguna haremos una gran fortuna. Allí nadie lleva zapatos, así que eso nos hace más fácil la tarea de vender. Es más, propongo que se monte una fábrica en ese lugar, con eso bajaremos ciertos costos y recibiremos mayores utilidades... Vine tarde, porque justo ayer, antes de subir al avión, cerré uno de los tres convenios con los que vamos a comenzar a trabajar en África”.

ojo-mariposa Por demás está decir que la compañía llevó sus zapatos a África. La visión de un hombre, más concretamente, la forma de ver las cosas que tenía un solo hombre, hizo una gran diferencia entre el éxito y el fracaso. Así sucede en todas las áreas de nuestra vida.

Ahora, al salir y enfrentar lo que el mundo trae, la pregunta que debemos respondernos a nosotros mismos es: ¿Qué es lo que veo para mi futuro?

4 de febrero de 2008

Más que buenos deseos – parte 2.

Triunfar En la primera parte de este artículo, hablamos sobre la importancia de mantenernos interesados en las metas que nos trazamos; además, comenzamos por apuntar los tres lugares en los que propongo que podemos desarrollar y fortalecer ese interés enfocado con el cual seguir avanzando, pase lo que pase.

Hoy, vamos a continuar con los dos lugares restantes, así que sean bienvenidos a una nueva entrega de este Blog, Vivir la Excelencia, es un placer servirles por medio de estas líneas. Comencemos.

Nº 2: Fortalecemos nuestro interés, aclarando nuestro sueño.

La mayoría de los motivadores/conferencistas repiten con frecuencia una máxima muy valiosa (reconozco que también me gusta repetirla como ellos) y es esta: “El que no tiene un puerto al cual llegar, ya llegó”. Claro, hay variantes de esta frase, pero el mensaje es el mismo: Sólo al tener claro el lugar al que queremos llegar, podemos mantenernos interesados en llegar. De allí que sea tan necesario aclarar todos los días nuestro sueño, ese destino que queremos para nosotros a corto, mediano o largo plazo.

A veces, al comenzar un trabajo o una carrera en la Universidad, o al iniciar un negocio, ya sea individual o en sociedad, aventuras sin duda muy valiosas para nuestro crecimiento, solemos olvidar cuán importante es dibujar en nuestra imaginación qué queremos para nosotros en los próximos cinco años, o en los próximos diez, o hasta dentro de veinte años. Por eso, “de repente”, comenzamos a olvidar la razón por la que estamos allí, con tareas hasta el cuello, con cuentas por pagar, con papeleo cada vez más abundante (y asfixiante), en fin, sintiéndonos más y más estresados porque las cosas no van como esperábamos, todo es más difícil, y ya no nos sentimos tan convencidos de haber hecho la elección correcta; estamos desmotivados, desinteresados.

La única cura preventiva y re-generativa para este problema, está en el valioso ejercicio de mantener vivo nuestro sueño, viendo con los ojos de la mente cómo queremos ser en algunos años.

El hecho es que al nutrir nuestra visión, seremos capaces de enfrentar las tormentas que la vida trae consigo; entonces nos mantendremos positivamente interesados en las actividades que debamos realizar, a fin de alcanzar esas metas tan anheladas, ese sueño que hemos apreciado de lejos, porque queremos hacerlo realidad. Por tanto, no desestimemos el valor de tener muy claro lo queremos ser y hacer en la vida.[1]

Nº 3: Examinar nuestros motivos.

recursoshumanos998 Este es el tercer y último lugar en el que propongo que podemos hacer crecer nuestro interés enfocado, pero parece un poco extraño. ¿Qué tienen que ver nuestros motivos con mantenernos interesados en lograr un sueño, una meta?

Una muy buena respuesta a esa pregunta la da Arthur Gordon, quien escribió, “En un relámpago de certidumbre vi que si los motivos que uno tiene son erróneos, nada puede ser correcto. No importa que uno sea cartero, peluquero, agente de seguros, ama de casa o cualquiera otra cosa. Mientras uno siente que está sirviendo a los otros, es que la tarea está bien hecha. Cuando a uno sólo le preocupa ayudarse a sí mismo, el trabajo es menos bueno: una ley tan inexorable como la gravedad”.[2]

Lo que quiero recalcar es sencillo: Bien podemos hacer las cosas que debemos apelando sólo a nuestra propia satisfacción, y por algún tiempo podemos sentir que todo va de maravilla, pero poco a poco, si no dejamos ese mundo de soledad, nos volveremos menos apreciados, no tanto por lo que hacemos, sino por lo que somos. De allí que al ver con claridad cuáles son nuestros verdaderos motivos, estemos listos para alimentar nuestro interés por alcanzar nuestros sueños.

Pensemos en Pasteur, por ejemplo, el hombre que revolucionó al mundo con su teoría de los gérmenes, y que además inventó la vacuna contra la rabia. El vio con claridad que su principal misión en la vida era servir a la humanidad. Se cuenta de él, que a veces ni si quiera almorzaba o cenaba, porque pasaba muchas horas trabajando en su laboratorio, ¿tratando de alcanzar fama mundial? No, sólo tratando de servir. Pascal llegó a escribir una sentencia que bien podría ayudarnos a entrever el motivo que ha guiado a muchos hombres y mujeres de la historia a hacer grandes cosas: “El corazón tiene sus razones que la razón no comprende”[3].

Claro que podemos buscar tener éxito en la vida, eso es deseable, y claro que también podemos buscar el reconocimiento para nuestros talentos, pero siempre estará presente el hecho de que es vital saber por qué hacemos lo que hacemos, o transitamos esa ruta especifica, o tomamos esa decisión en particular. El motivo subyace a toda actividad, seamos o no conscientes de ello, mas cuando somos conscientes, estamos mejor preparados para mantenernos firmes en el desarrollo de nuestros sueño.

No estoy diciendo que cada acto, específico y particular, esté determinado por un x motivo, lo que quiero enfatizar es que en su totalidad, la forma en que decidimos vivir nuestra vida, generalmente está regida por uno o varios motivos que nos impulsan.

¿Cuál o cuáles son nuestros motivos para cumplir nuestros sueños? Eso sólo le corresponde a cada uno. Sin embargo, no debemos olvidar que no somos islas, influimos sobre los demás, para bien o para mal; nosotros decidimos al fin y al cabo.

Es mi deseo que juntos podamos mantenernos interesados en alcanzar nuestros sueños, y si se presentan problemas, recordemos que una tensión, aunque pueda retrasar un poco nuestro avance, al final sólo sirve para hacernos más fuertes, sí, cada día más fuertes.


[1] El sueño se forma en la medida que desarrollamos nuestras habilidades o dones personales. Revisa los siguientes artículos para que puedas aprender o reforzar más este tema de tener un sueño: Más que buenos deseos – parte 1; En la cima del mundo – parte 1; ¿Opción o Vocación?; Se supone que sea difícil…

[2] Citado en S. R. Covey, Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Capítulo: Afilar la sierra. El énfasis en la cita es mío.

[3] Blaise Pascal, Pensamientos.

21 de enero de 2008

Más que buenos deseos – parte 1.

winner Bienvenidos y bienvenidas, lideres de la excelencia, es un placer para mí saludarlos, porque nada hay que llene más mi vida, que saber que puedo servirte (mi amigo o amiga) por medio de estas reflexiones.

Luego de haber publicado mi artículo del 7 de enero, recibí una muy valiosa retroalimentación de un catedrático de la UFG (Universidad Francisco Gavidia), el licenciado Godofredo Aguilar. Me hizo pensar en la importancia de tener un claro y enfocado INTERÉS en aquello que realizamos. Justo de eso vamos a hablar en esta entrega, porque la realidad es que no importa cuan bien planeada este una actividad en nuestra agenda, si no tenemos un genuino interés en ella, no la realizaremos con la mayor calidad de la que somos capaces.

Por el momento no vamos a dar definición alguna para la palabra “interés”, pues ésta es muy usada tanto en el ámbito de la motivación como en el económico. Pero sí tendremos en mente que la vamos a tratar como nuestra inclinación hacía una actividad, objeto o persona, lo cual en sí es una definición, aunque un poco vaga. Lo que resaltaremos es el hecho de que actúa sobre nosotros para mantenernos en el cauce de nuestras metas, mientras trabajamos para incrementarla con acciones y hábitos muy concretos. Dicho de otra manera: en la medida en que trabajamos por fortalecer el interés que tenemos por realizar o alcanzar algo (una meta, un sueño, una actividad profesional o recreativa), ese mismo interés nos impulsa a mantener nuestro esfuerzo en esa dirección determinada.

No sólo basta con desear.

Cada vez que nosotros elaboramos un plan y establecemos metas, lo hacemos porque tenemos el deseo de que sucedan cosas buenas en nuestra vida personal y profesional, pero a medida que el tiempo pasa, nos damos cuenta de lo difícil que resulta, a veces, mantenerse enfocado en ese plan en el que hemos trabajado. Lo difícil tal vez no esté en la tarea en sí, sino en que poco a poco dejamos de inclinarnos hacia ella. Es como haber estado enamorado de una chica (o chico, para las mujeres) y luego haber cortado toda comunicación, mudándonos a otro vecindario, frecuentando a otras personas que nos atraen, aunque no como esa persona “especial”, dejando de escribir y leer los correos con los que aún nos recordábamos, etc. Lo que sucede es que siempre nos interesa, pero no con la INTENSIDAD con la que lo recordábamos.

En cuanto a nuestra planificación, aunque es importante tener un muy bien diseñado plan, sólo nuestro interés enfocado nos permitirá vivirlo con intensidad, debido a que, mientras tengamos que enfrentar desafíos para alcanzar nuestras metas, necesitaremos mucha fuerza emocional para poder seguir en el camino y, parte de esa fuerza, la provee nuestro genuino interés en la meta.

Desear es muy importante, y es el primer paso para lograr algo, pero es justamente en ese momento, que debemos comenzar a interesarnos con fuerza en ese deseo. Para ver la realidad de este hecho, sólo debemos pensar en alguna ocasión en la comenzamos a flaquear mientras seguíamos un buen plan, tras una buena meta, pero con muy poco interés en lo que hacíamos y en lo que esperábamos.

Pero, ¿hay alguna forma de mantener un interés activo? Creo que sí, y propongo tres lugares donde podemos desarrollar y acrecentar la intensidad de nuestro interés para hacer y alcanzar aquello que deseamos.

Nº 1: El interés está en aquello para lo que somos buenos.

El primer lugar donde podemos (y debemos) desarrollar ese interés enfocado, que nos ayudará a caminar en esos planes que hemos hecho, es en nuestras habilidades. Saber para qué somos buenos, no sólo porque nos lo han dicho, sino porque estamos conscientes de nuestra fortaleza en x actividad o destreza (hablar en público, habilidadescocinar, dirigir, enseñar, etc.), es un gran motor para seguir adelante siempre.

Se trata de disfrutar de aquello que hacemos mejor. Alguien ha dicho que si estamos dispuestos a hacer algo gratis, sólo por la satisfacción de saber que es nuestro mayor don, entonces esa es una gran destreza que vale mucho (dinero, reconocimiento, confianza, entre otras cosas).

Platón decía que una vida que no se evalúa no merece la pena de ser vivida. Pienso que con eso, Platón, intentaba enseñarnos que debemos ser capaces de decir, por nosotros mismo, para qué somos buenos, qué es lo que más nos gusta hacer. Porque, al hacer algo que nos gusta, nuestro interés se mantendrá activo. Por esa razón, parte de los exámenes de aptitudes se enfocan en interés y habilidades diversas, para decirnos luego cuál sería la mejor opción en una carrera o trabajo. No estoy diciendo que dichos exámenes sean infalibles, pero nos dan una idea. Lo que trato de enfatizar es la necesidad de hallar una meta, un sueño o una actividad que nos mantenga motivados mientras nos enfrentamos a los desafíos que todo camino lleva implícitos.

Ahora bien, utilizar esas habilidades especiales que tenemos requiero en sí mismo esfuerzo, perseverancia y mucha creatividad. Lo que sucede con esto de hacer planes, trazar metas y mantenernos interesados y motivados a la acción, es similar a lo que le sucede al cuerpo humano cuando hace ejercicio. Si descuida su condición física, un atleta puede tener los mejores planes, deseos y metas, puede incluso estar muy interesado en cumplir con sus expectativas, pero no lo logrará, simplemente porque no ha dedicado tiempo al desarrollo de todos los músculos involucrados en su desarrollo como deportista. Así, sólo cuando ejercitamos esas habilidades que poseemos, nuestro interés y motivación nos moverán a la acción.

Es nuestro privilegio, y solo nuestro, descubrir esa combinación de habilidades que nos distingue de los demás, luego cultivarlas y, finalmente, usarlas para mantenernos enfocados en la dirección de nuestras metas, en el camino que nos hemos trazado.

Los otros dos lugares donde podemos desarrollar nuestro interés enfocado, los exploraremos en la próxima entrega, mientras tanto, disfruta el continuo autodescubrimiento, porque la verdad es que conocernos a nosotros mismos es una actividad que dura toda la vida.

Hasta pronto, y mantente interesado en tus metas.

7 de enero de 2008

Aprovechando el 2008.

Es un verdadero placer para mí saludarte en este nuevo año, amigo y amiga de la excelencia. Estoy alegre de que podamos iniciar juntos una nueva aventura, pues se nos ha dado todo un libro con páginas en blanco, para que durante 12 meses escribamos nuestra propia historia, tal y como queremos que sea contada.

Debemos reconocer que a lo largo de un año, no todo sale como nosotros hemos planeado, pero lo importante de iniciar un año, es que podemos respirar hondo y aventurarnos a los nuevos desafíos que deberemos enfrentar, cada día, a cada minuto.

Buenos deseos y metas.

En este momento es preciso que podamos tener muy claro que esperamos del 2008. No, no debemos esperar que todo suceda porque "debe" suceder; nosotros tenemos un papel muy importante que cumplir en la realización de nuestras metas.

Permíteme referir, en breve, una conversación que escuché por accidente. Hace casi un año, mientras regresaba a casa de la universidad, oí que un hombre de mediana edad, quizás 30 ó 35 años, hablaba con una señorita de no más de 26, y le decía (con un cierto aire de satisfacción) que él era de las personas que no planeaban su vida, porque simplemente hacía las cosas tal y como le venían con determinación y valor; luego, prosiguió a enumerar un sin fin de situaciones en las que su "virtud" de no planificar nada le había hecho adelantarse.

Claro está que no podemos juzgar a aquel hombre por sus determinados puntos de vista, pero sí que podemos sacar algunas lecciones. En primer lugar, la determinación y el valor son dos virtudes que, en mi forma de ver, están íntimamente relacionadas con una planificación clara y objetiva de lo que queremos hacer en la vida. Sólo basta con imaginar a Alejandro Magno, intentando conquistar el mundo con determinación y valor, pero sin un plan para seguir. Es evidente que, sin un plan, cualquier virtud de la que podamos echar mano, sirve poco más que una botella de agua vacía. Allí está la botella y también la sed, pero le falta el contenido, lo más importante, el agua.

En segundo lugar, planificar es como tener un plan de vuelo; no trabajamos sobre las inclemencias del tiempo o los problemas técnicos, sino sobre el destino al que queremos llegar. Tener un plan no significa que todo sucederá, milimétricamente, como lo hemos bosquejado en el papel, aunque es deseable tener resultados de suma precisión; pero lo que sí significa, es que podremos reconocer cuándo nos hemos salido del curso de acción para volver con mayor facilidad a él. Con esto resulta aún más cierto que no tener metas claras, aunque sean sencillas o parezcan pequeñas, es gastar muchos recursos, tiempo, esfuerzo, sin poder prever si valdrá la pena al final de todo.

Y en tercer lugar, un buen plan sirve para hacer una posterior evaluación de calidad. En el último artículo de 2007 abordamos una breve reflexión sobre la necesidad de evaluar y planificar, y en esta primera entrega de 2008 quiero que tengamos claro en nuestra mente que esas actividades forman una espiral ascendente. La planificación y la evaluación no pueden existir una sin la otra, de allí que, al tener planes claros podremos evaluarnos con claridad. Imagina este ejemplo: Al principio del año tu decides que debes mejorar tus calificaciones en la universidad y escribes esta meta: "Quiero obtener buenas calificaciones en este semestre de estudio". Con sinceridad, cuando termines el semestre, podrás evaluar tu rendimiento con objetividad. Ni siquiera podrías iniciar con un plan sobre esa meta. Pero imagina que escribes: "Mi meta para este semestre es lograr calificaciones de 8,5 en actividades y parciales". Entonces, el segundo paso es planificar cómo (con qué nuevos hábitos, con qué actividades), vas a lograr alcanzar tus calificaciones de 8,5. Lo emocionante es que cuando termine el semestre, tendrás una base sólida sobre la cual autoevaluarte, porque podrás medir si estás por sobre tu meta o por debajo de ella, verás tu plan y decidirás qué acciones dieron resultados y cuáles no.

Una palabra final.

Como personas de excelencia, estamos llamados a aprovechas este nuevo año. La forma más sencilla de lograrlo es teniendo un buen plan. No temas si es un plan con una o dos metas. Lo que importa es que te tomes un tiempo para planificar tu vida durante 2008. Y cuando lleguen las tormentas, los reveses que siempre desafían nuestros nervios, las oportunidades que aparecen de "improvisto", recuerda que la vida es emocionante, con altos y bajos; pero tu plan seguirá siendo la mejor guía de la que puedas disponer.

Gracias por compartir un nuevo artículo conmigo, para mí es uno de mis mayores placeres poder compartir contigo algunas líneas. Mi deseo es que disfrutes del nuevo año y hagas de tu vida algo extraordinario durante este año.

Ten un día lleno de grandes detalles, ellos hacen que la vida no sea monótona. Hasta la próxima entrega.

25 de diciembre de 2007

Momento de evaluar y planear...

Cuando llega diciembre, especialmente en las últimas dos semanas, parece que un ambiente de reflexión se cierne sobre nosotros, aunque, claro está, siempre hay un montón de formas de distraernos, especialmente por el tono comercial que se ven en las fiestas de fin de año.

Sin embargo, es importante utilizar el fin del año para evaluar y planear. Estas dos actividades nos ayudan a ver con claridad lo que hemos logrado durante el año que ya ha terminado (o que está terminando), mientras ponemos nuestra mirada en el futuro, donde queremos estar luego de doce meses de trabajo el próximo año.

Como tu servidor, he tratado por llegar a ti con artículos valiosos, que puedan servirte mientras te desarrollas profesionalmente en la vida, trabajando por elevar tu propia norma, viviendo una vida de excelencia. No dudo que tú, que lees estas líneas, tienes grandes sueños, esas metas que te has propuesto como tu razón de vivir, objetivos que estás dispuesto a cumplir pase lo que pase, porque sabes que el verdadero éxito es que estés cumpliendo con tu misión en la vida.

¿Qué evaluamos?

evaluacion Pero llega el momento de sentarse frete a la mesa de trabajo y evaluar. Esta autoevaluación debe ser franca y medir nuestro avance, no cuánto hemos avanzado (al principio, aunque es necesario saber el cuánto) sino si hemos avanzado. La mayor utilidad de este balance es decirnos que no nos hemos estancado, por eso debe ser franco, porque puede ser que, en nuestro bienintencionado deseo de no sentirnos frustrados, queramos alterar aunque sea un resultado. El hecho es que mientras más íntegros somos con nosotros mismos, mejor capacitados estamos para enfrentar los desafíos de descubrir que hay áreas de nuestra vida que necesitan cambios dramáticos, mientras que en otras áreas somos muy fuertes.

Además de medir si hemos avanzado o no, la autoevaluación nos ayuda a saber, específicamente, en qué cosas debemos mejorar y a cuáles hay que prestarles más atención. De lo que se trata es de establecer parámetros guiadores, a fin de no volver a cometer los mismos errores o, si los cometemos, que podamos saber cómo reaccionar a tiempo para que sus efectos se neutralicen con rapidez.

También, esta evaluación personal, nos hace más responsables con nosotros mismos, después de todo, sólo las personas responsables pueden optar a un estilo de vida de excelencia, ya que son dueñas de sus propios pensamientos, decisiones y actos. Viktor Frankl nos dice que

"sólo puede respondérsele a la vida, siendo responsables de nuestra propia vida",

y hay una gran sabiduría en dicha frase.

¿Qué planeamos?plan

Es innegable el hecho de que no podemos predecir el futuro, pero la verdad está de nuestra parte cuando afirmamos que podemos construir nuestro propio futuro.

Reconozco que hacer esta afirmación nos enfrenta a un dilema: el de todas aquellas cosas que no podemos controlar y que, sin embargo, afectan nuestra vida (directa o indirectamente). Pensemos en el desempleo, el siempre alto costo de la vida, la violencia en las calles y en las casas, el gobierno, los vecinos, etc. De hacer una lista de situaciones que no podemos controlar, nos daríamos cuenta de que tendríamos que gastar mucho tiempo y esfuerzo sin siquiera atisbar a lejos un final para la numeración de quejas. Sin embargo, es pese a esa gran lista de inconvenientes, o quizás gracias a ellos, que nosotros podemos decidir vivir construyendo nuestro propio futuro.

Napoleón Hill nos dice:

"Todo lo que la mente humana pueda concebir y creer se puede lograr."

Esto es verdad tanto para lo positivo como para lo negativo. Lo que pensamos se hace realidad. Recuerdo que hace un par de años, mientras asistía a un seminario sobre motivación dictado por el Dr. Pablo Perla, él nos contó una historia muy interesante: Pigmalión era un gran escultor en Grecia y un buen día hizo la estatua de una mujer. No bien hubo terminado con la estatua se enamoró de ella, y comenzó a tratarla como si fuera una persona. Todos los días le traía flores, la vestía, le hablaba de su amor y de cómo deseaba que viviera con él, hasta que, de pronto, la estatua le habló. La había tratado tanto como a un ser humano, que se convirtió en un ser humano. De allí, el Dr. Perla, nos contó sobre el efecto pigmalión, es decir, el efecto de que las personas se convierten en lo que nosotros pensamos de ellas. Ahora, si es posible que con nuestras actitudes y pensamientos influyamos sobre otra persona, imagina cuánto influimos sobre nosotros mismo con lo que dejamos que domine nuestra mente.

Así que, desde mi punto de vista, el primer paso de una buena planeación es poner pensamientos constructivos en nuestra mente, porque entonces nuestros planes serán constructivos y nos invitarán constantemente al desarrollo.

Luego, claro está, hay que poner por escrito qué es lo que queremos para el nuevo periodo, qué es importante y qué puede ser postergado (con una fecha lo más específica posible), qué esperamos tener y qué estaremos dispuestos a dar para tener.

No importa si el plan parece pequeño, puede ser que sólo tengas dos o tres metas que quieres cumplir a lo largo del año, lo que importa es que lo hagas. En realidad no hay un plan pequeño, porque en el momento que nos decidimos a ser responsables de nuestra propia vida, estamos comenzando a vivir una cultura de excelencia, una cultura que poco a poco se convertirá en nuestro legado para quienes nos rodean.

La evaluación y planeación de nuestra año (y de nuestra vida) es siempre un gran momento, y debe verse con alegría y satisfacción, aunque no conformes, pues crecer es algo que nos sucede todos los días, si estamos dispuestos a pagar el precio. No he tratado en este artículo sobre las técnicas de evaluación y planeación porque hay muchos libros y páginas en la web que lo hacen ya, además, mi propósito es, más bien, hacer una reflexión sobre lo importante que es para nosotros en particular, tomarnos el tiempo para evaluar y planear.

Este es el último artículo de 2007 y sólo deseo haber sido útil a quienes leen estas líneas. Nos vemos en 2008, y recuerda que cada día debe ser vivido en la excelencia, como personas de verdadero éxito, porque lo somos.

Hasta pronto.

11 de diciembre de 2007

Construyendo la Excelencia Personal.


Existe una máxima que es muy conocida y que es excelente para el artículo de esta entrega de “Vivir la Excelencia”. Dicha máxima dice: “Siembra un pensamiento y tendrás un acto; siembra un acto y tendrás un hábito; siembra un hábito y tendrás un carácter; siembra un carácter y tendrás un destino”.

Es una ley muy sencilla, pero es muy poderosa y se ha corroborado una y otra vez en cada una de nuestras vidas. Los hábitos que formamos pueden, literalmente, llevarnos a vivir una vida exitosa o, por el contrario, arrastrarnos al oscuro y frío dominio del fracaso.

Podemos pensar en los hábitos como si fueran la fuerza de gravedad de nuestra vida. Ya sabes, la gravedad es la que nos mantiene con los pies en la tierra y evita que los planetas de nuestro sistema choquen unos contra otros. Es benéfica, da orden y estructura a nuestro planeta. Eso sucede con los hábitos positivos, te dan orden y estructura, te brindan confianza en la realización de tu vida. Pero, cuando nuestros hábitos son negativos, actúan como la fuerza de gravedad evitando que un cohete espacial traspase la atmósfera. Se gastan miles y miles de litros de gasolina, sólo para lograr que la nave espacial logre llegar al espacio exterior. Así, los hábitos negativos, pueden literalmente estancar el avance personal y profesional de cualquier individuo, sin importar la cuna en la que haya nacido.

Destaco estos dos aspectos: el personal y el profesional, porque no son lo mismo, aunque se complementa en gran manera. El hecho es que un hombre o una mujer, pueden ser grandes profesionales, muy competentes, pero al mismo tiempo pueden tener serios defectos de carácter, que menguan su influencia. Es innegable que uno debe cultivar ambas áreas de su vida en forma integral, mas si debiéramos escoger entre una de ellas, la mejor opción siempre es ser la mejor persona que alguien podría conocer.

Y para poder llegar a ser esa clase de persona que todo el mundo conoce por su integridad y dedicación, laboriosidad y perseverancia, no existen atajos, es preciso romper con viejos y perniciosos hábitos y cultivar otros en su lugar, más efectivos, que nos conduzcan al desarrollo continuo. Esa tarea no es fácil, pero brinda satisfacción real a quien decide recorrer el camino del cambio y la mejora continua.

Usando el poder de nuestros hábitos para nuestro propio beneficio.

Ahora, la pregunta que nos debemos hacer es: ¿Qué hábitos puedo formar para que me catapulten hacia el éxito?

No es mi intención sermonear ni dar consejos sin ton ni son, pero si me permites algunas sugerencias, con las que puedes comenzar a trabajar en el desarrollo de hábitos con los que construirás tu Excelencia Personal, te aseguro que no te arrepentirás, porque son cosas sencillas y prácticas que podemos comenzar a hacer ahora mismo.

1. Lee una hora todos los días. La lectura de buenos libros será de mucho beneficio para tu bagaje intelectual. Más aún, para aprovechar al máximo esa hora de lectura, puedes dedicarla a los temas sobre los que estas estudiando tu carrera, o sobre los que estás ejerciendo tu profesión.

2. Toma tiempo para planificar. No es necesario que tengas hojas elegantemente elaboradas para hacer un plan, sólo necesitas papel y lápiz, y la disposición para sentarte a pensar sobre lo que vas a hacer en la próxima semana; luego, cada día puedes tomar unos diez minutos para evaluar las actividades para ese día específico.

3. Cumple contigo mismo. La verdad es que, antes de pensar en andar cumpliendo compromisos para todo el mundo, es mejor comenzar a cumplir con uno mismo. Eso alimenta nuestra propia integridad.

4. Sé bondadoso y generoso. No dudes en servir a otros, cediendo un asiento, ayudando a un anciano, dando dinero a tu iglesia o centro de caridad. Tu bondad y generosidad son verdaderas palancas de éxito, te canjean una creciente influencia, pues quienes te rodean saben que eres una persona de excelencia.

5. Sonríe. Esto parece muy fácil, pero quienes hemos estado bajo presión nos hemos dado cuenta de lo difícil que es sonreír. Esto debe convertirse en un hábito, pues cuando las cosas no marchan como queremos, merced a cualquier mezcla de circunstancias, una sonrisa sincera puede aliviar nuestro propio corazón. No, no nos volvemos conformistas, sólo reconocemos que hay situaciones que escapan de nuestras manos, pero es nuestra decisión volver a levantarnos y construir de nuevo.

Estos cinco hábitos que propongo son a penas un comienzo, de allí, cada uno irá descubriendo nuevas dimensiones sobre las cuales trabajar en dirección a la excelencia y la calidad personal. Y, como ya lo hemos citado en alguna entrega anterior, Miguel Ángel Cornejo nos recuerda que “vivir en la excelencia, nos hará permanecer en las generaciones futuras”.

Gracias por haberme acompañado una vez más, es mi deseo que juntos podamos construir un futuro más próspero y propositivo, recuerda que puedes dejar tus comentarios.

¡Que tengas un gran día!

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