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13 de marzo de 2012

Breves Pensamientos…

GRANDEZAOpino que existen básicamente tres tipos de personas: Los quejosos, las víctimas y las excelentes.

Quejarte, pero no hacer nada para resolver el motivo de tu queja, es peor que no quejarte.

Si te haces la víctima siempre, al principio despertarás compasión, luego un poco de lástima y finalmente la gente te despreciará porque no tomas las riendas de tu vida.

Si quieres que la gente te vea como una persona excelente, debes serlo, la apariencia no basta, pues tarde o temprano la verdad se sabrá. ¿Eres excelente?

Si sientes que vas con la corriente y te sientes cómodo con eso, ¡cuidado!, puede que solo seas un tronco a la deriva…

Las quejas sirven, sí, cuando nos hacen levantarnos para al menos intentar cambiar nosotros mismos.

Intentando cambiar al mundo no lograremos nada, pero si cambiamos nosotros, quizás podamos cambiar nuestro mundo.

Ser excelentes es elevar la norma en la moral, la calidad, las aspiraciones. No se trata de santurronería, ni impecabilidad, sino de crecimiento diario y continuo.

Las personas de excelencia se equivocan, quizás más que cualquiera, pero siguen luchando, siguen avanzando, porque saben que cada equivocación es, en realidad, una oportunidad. Habrá que reparar relaciones, hacer enmiendas, recomenzar cosas, todo esto y más, pero lo harán con humildad.

Aguila1HOY: este es el día para decidir dejar de quejarnos solamente, o dejar de ser las víctimas de la vida. Este es el día para mirar con fe hacia el futuro y dar el primer paso hacia la grandeza.

7 de junio de 2011

Ataca a la dificultad.

20080301_optimismo «La mejor forma de vencer las dificultades es atacándolas con una magnífica sonrisa»

Sir Robert Baden Powell

Ante la frase de hoy es muy posible una reacción bastante escéptica como la de “seguro que nunca se enfrentó a verdaderos problemas”; o “el que dice eso no tiene idea de lo que yo estoy pasando con mis problemas”; o “lo que quiero son soluciones, no consejos de cómo sonreír”. Todas esas reacciones son sumamente validas, pero me gustaría plantear un par preguntas: ¿Qué ganamos con espaciarnos en las cosas negativas que nos pasan? ¿Cuánto bien nos hacemos a nosotros mismos cuando cedemos a la desesperación y permitimos que la angustia nuble nuestros sentidos y pensamientos?

Francamente, la mejor forma de evitar caer en la trampa de creer que somos las víctimas de un destino aciago, es sonreír, sincera y auténticamente. La verdadera sonrisa, como la verdadera risa, son características saludables. Pero cuidado con la risa falsa, esa que denota ser una mueca solamente, con mucho ruido, pero vacía.

Sonreír con sinceridad sólo está al alcance de los seres de excelencia, porque saben que nadie puede quitarles su paz, su seguridad. Después de todo, PAZ no es ausencia de problemas, sino tranquilidad en medio de la tormenta. Esto no es automático, especialmente porque casi todo lo que nos rodea nos ha enseñado a quejarnos, pero si miras a la naturaleza, verás cosas diferentes: verás al árbol mantenerse firme frente al vendaval; verás al pájaro cantar, aunque retumban los truenos. Sinceramente, ¿es tan mala tu vida que no puedas hacer un alto y buscar en tu corazón una razón para sonreír de verdad?

Pronto el alba irrumpirá con sus hermosos rayos de luz y calor,dientes

Aunque por un momento debamos pasar la noche oscura y

Zumben los vientos impetuosos; pronto, pronto reinará el amor.

(Tomado de mi e-book “En la Búsqueda de la Excelencia”, pp. 128)

11 de febrero de 2011

No entregues tu dignidad.

1228163552 «Nadie puede herirte sin tu consentimiento»

Eleanor Roosevelt

Cuando nuestra dignidad no reside dentro de nosotros, sino que dependemos del qué dirán y de las circunstancias para determinar cómo vamos a vernos y a sentirnos respecto de nosotros mismos, es fácil ser heridos.

No estoy diciendo que debemos desconfiar de las personas y mirarlas con recelo. Tampoco estoy diciendo que quienes nos rodean están planeando hacernos daño; pero, debemos recordar que ellos tienen suficiente con sus propias vidas, como para ocuparse también de la nuestra. Además, cuando depositamos nuestra valía en manos de otros, creamos falsas expectativas que nadie, por muy bien intencionado que sea, puede cumplir; es por esa razón que debemos tomar nuestra dignidad en nuestras propias manos de una vez por todas, para aprender a disfrutar el vivir con nosotros mismos.

Hace tiempo escuché esta historia: Gandhi viajaba en un tren junto a un hombre tosco, iracundo, que gritaba por todo e iba escupiendo a cada momento. Mucha gente que había reconocido a Gandhi lo miraba fijamente mientras él seguía al lado de aquel irreverente hombre. Al llegar a la estación y bajarse, otro hombre se acercó a Gandhi y le preguntó: “¿Cómo es posible que haya soportado todo el viaje al lado de una persona como esa?” La respuesta fue: “Muy fácil, cuando me disponía a levantarme pensé: yo sólo debo soportarlo por un par de horas, mientras que él debe soportarse a sí mismo toda la vida”.

No sé si esta historia es cierta, pero la lección es que nada ni nadie puede robarte tu tranquilidad, tu dignidad; y tampoco nadie ni nada puede herirte, a menos que tú lo permitas. Lo que sí dijo Mahatma Gandhi alguna vez fue: «Ellos no pueden quitarnos nuestro autorrespeto si nosotros no se lo damos».

Entrada tomada de mi E-book “En la Búsqueda de la Excelencia”, pp. 50, 51.

tapa de en busca de la excelencia

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