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17 de febrero de 2011

Un Día a la Vez…

«Nada debería ser más precioso que el valor de cada día»

Johann W. Goethe

La frase de Goethe para hoy me parece relevante por una sencilla razón: Las personas de excelencia viven la realidad del día con todo el entusiasmo del que son dueños. No viven en el pasado, porque aunque puedan tener buenos recuerdos, el pasado es una ilusión. Tampoco viven de la ensoñación sin sentido, porque el futuro es también una ilusión.

Las personas de excelencia aprenden de la experiencia, es cierto, pero reconocen que cada día al que se levantan es muy diferente del anterior, por lo que no creen que los mismos métodos que funcionaron antes puedan volver a funcionar, y buscan nuevos caminos, nuevas ideas. Como son personas guiadas por Principios, saben aplicar éstos a los nuevos desafíos que encuentran en el camino.

Para las personas de excelencia los sueños son importantes, tienen altos ideales y estándares diferentes de la mayoría, pero reconocen que no pueden quedarse de brazos cruzados en una espera insensible, así que se levantan por la mañana dispuestos a acercarse un paso a la vez a su grandioso horizonte.

En esencia, todo lo que tenemos en realidad es este día, por esa razón es imprescindible que le demos el valor que se merece, porque luego se nos va y no volverá a repetirse. Todo pensamiento, toda actitud, debiera reflejar nuestro deseo de aprovechar este día al máximo, para ser felices, para acercarnos un poco más a la realización de nuestra vida, para decir a las personas importantes cuánto las queremos.

iStock_000006546852XSmall Como personas excelentes es nuestro privilegio vivir un día a la vez, disfrutando de lo que nos traerá, aprendiendo de las nuevas experiencias, forjando nuevas ideas. Y si el día no nos va como queríamos, no debemos desesperar, porque no tenemos otro días más valioso que hoy. Es más, cada prueba que enfrentamos nos sirve para evaluar si estamos dispuestos a pagar el precio de vivir un nuevo día. ¿Estás dispuesto?

Reflexión tomada de mi E-book “En la Búsqueda de la Excelencia” pp. 60-61

24 de enero de 2011

Preocupaciones: Una Carga Innecesaria.

Para ser honesto, el título de nuestro artículo de hoy es un poco chocante, hasta para mí, pero creo necesario abordar este tema de esta manera, porque a menudo nuestras preocupaciones parecen tan indispensables que, podríamos decir, nos hemos acostumbrado a ellas y las echamos en falta cuando no las tenemos.

Por definición preocuparse significa “ocuparse… anticipadamente de algo[1], pero no debemos confundir esto con la previsión. De hecho, se me ocurre que la previsión es el medio equilibrado entre la preocupación y la indolencia (cualidad propia del negligente). Y me ha parecido importante explorar las connotaciones de estas palabras en nuestra vida y nuestro desarrollo de la excelencia.

Comencemos, pues, con la previsión. Como lo he dicho antes, ser previsor es la actitud equilibrada con la que enfrentamos la vida. Esta actitud nos permite “disponer o preparar medios para futuras contingencias[2], al paso que mantenemos el enfoque en el presente, es decir, en lo que en verdad está pasando ahora en nuestras vidas. Prever el precio que debemos pagar para hacer realidad nuestro propósito, es fundamental para no crear falsas expectativas, y para saber qué debemos hacer ahora a fin de tener los medios que nos van a garantizar alcanzar nuestras metas.

En un extremo de la previsión se encuentra la indolencia, que no es otra cosa que flojera, insensibilidad, y esta es la actitud de una persona negligente que tiene muy buenos deseos, sin duda, para su vida, pero que no está dispuesta a ser constante en el trabajo de hacer realidad lo que desea. Bien podemos decir que se aferra a los diez mandamientos del haragán, uno de los cuales dice: “si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos”.

Y en el otro extremo se encuentra la preocupación. El problema de preocuparse es que hacemos de los problemas de mañana una carga para el día de hoy, y eso es así porque terminamos enfocando nuestra energía en ocuparnos de algo que no ha sucedido aún. Como alguien ha dicho: “Las preocupaciones no nos quitan los pesares del mañana, sino las fuerzas del hoy[3]. Realmente, son una carga que no necesitamos llevar, porque todo lo que hacen las preocupaciones en nuestra vida, es sumar afanes de los que todavía no sabemos si hemos de ocuparnos en verdad.

Ahora sería bueno preguntarnos: ¿Hemos estado preocupándonos demasiado? ¿Cómo saber si soy previsor o si soy alguien que se preocupa? Propongo que una manera fiable de saber en qué posición estamos es, sencillamente, fijarnos en qué nos estamos ocupando ahora. Piensa por un momento ¿estoy ocupándome de lo que debo hacer hoy, de los desafíos de este día, o por el contrario me estoy ocupando de lo que creo que pasará mañana?

felicidad776183-729851 Y para que tengas algo con lo cual sonreír un momento déjame contarte la siguiente historia: Un hombre que ha estado muy preocupado decide visitar al psiquiatra. “Usted se está preocupando por muchas cosas que no tienen importancia” – le dice el psiquiatra –. “Cuando una de esas preocupaciones se presente, haga como cuando arroja un papel en el cesto de la basura”. Mirándolo fijamente el paciente le responde: “Muy bien, lo tendré muy en cuenta cuando me llegue el cobro por esta consulta”[4].

Mi deseo es que vivamos este día, y que lo disfrutemos con sus altos y bajos, con sus propios problemas, sin más y sin menos, pero también con sus propias oportunidades de hacer la diferencia en este mundo.


[1] http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=preocupar

[2] http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=prever

[3] Corrie Ten Boom

[4] Ilustración aparecida en Revista Prioridades, pp. 22

9 de diciembre de 2010

El Sentido de la Vida (Relato para Reflexionar)

2759902856_218c47c1ee Cierto día, un joven filósofo que andaba por las calles pensando en el significado de la vida, decidió interrogar a algunas personas para saber qué podían enseñarle sobre su inquietud. Se dirigió primero a un hombre rico que se paseaba en un suntuoso carruaje y le preguntó: “¿Qué significa la vida para usted?” El hombre rico lo miró y dijo: “Francamente, nunca me lo he preguntado, pero creo que puedo decir que la vida significa amasar fortunas, crear negocios, tener mucho tiempo libre, tener fama… – hizo una breve pausa mientras suspiraba para murmurar las últimas palabras de su definición – ser feliz…” El filósofo vio en los ojos de este hombre el vacío, pero aun así preguntó: “¿Y es feliz?” El rico se limitó a responder: “Se me hace tarde para llegar una cita muy importante, creo que podemos seguir con esta conversación, algún día de estos”.

El filósofo reflexionó para sí que si un hombre rico no podía decirle con claridad el sentido de la vida, entonces le preguntaría a un pobre para que lo ayudara a comprender. Buscó por las calles y encontró a un hombre muy pobre que luchaba todos los días para alimentar a su numerosa familia. Se acercó a él y lo interrogó: “Amigo, ¿qué significa la vida para usted?” La respuesta que recibió fue: “No tengo tiempo, debo trabajar, tengo una familia que alimentar”. El filósofo insistió: “Solo tomará un par de minutos de su tiempo, y me gustaría saber lo que usted piensa sobre el sentido de la vida”. Con un gesto de fastidio, y luego de resignación el hombre pobre respondió: “No lo sé… supongo que amasar fortunas, crear negocios prósperos, tener tiempo libre para responder preguntas que nunca me había planteado, tener fama… – y murmurando entre suspiros terminó – ser feliz…” – “Y ¿es usted feliz?” – preguntó el filósofo, aunque había notado el mismo vacío que en los ojos del hombre rico. El hombre pobre salió como de un sueño: “Ya le dije que no tengo tiempo, debo sobrevivir como puedo; pero algún día tendré suficiente como para que volvamos a conversar”. Y siguió su camino con paso más apresurado.

Chasqueado por las respuestas, el filósofo comenzó a preguntar a cuantos pudo: Un joven universitario respondió que tener un título, trabajar y hacerse rico, era todo el sentido de la vida que necesitaba. Un ama de casa le dijo que esa pregunta era ociosa, y que ella tenía más de qué ocuparse con tantos quehaceres en su hogar. De alguna manera, todos cuantos eran preguntados estaban muy ocupados y nunca se habían planteado pensar sobre el sentido de la vida. Incluso hubo alguno que aseguró el sin sentido de la vida con una elaborada proposición dialéctica. Y algún otro, con la impostura de un aire místico, aseguró que el sentido de la vida era unirse al ser impersonal del universo, en una nebulosa sentimental de vacío.

Cansado e insatisfecho por todas aquellas respuestas, el filósofo se sentó en la banca de un parque. Por un momento pensó que era inútil seguir con la faena. “Amar” – le dijo un hombre anciano vestido de blanco que estaba en la banca donde se había sentado y alimentaba unas avecillas con un trozo de pan. – “El verdadero sentido de la vida está en amar. Es eso lo que has andado preguntando ¿cierto?” Debido a su decepción el filósofo no había notado la presencia de este anciano, y un poco desorientado preguntó: “¿Amar? ¿Cómo puede ser ese el sentido de la vida?”

anciano “Muy sencillo” – respondió el anciano. – “Cuando amas un sueño, cuando amas lo que haces, cuando amas a tu pareja, a tus hijos, y a la vida misma, entonces puedes enfrentar los capítulos amargos que sin duda vendrán. Es que amar es un principio y un verbo. Requiere decisión, la decisión de ser verdaderamente libres y responsables de nuestra propia y singular existencia. Yo descubrí esto tarde en mi vida. Cuando era joven buscaba títulos, fortuna y fama, y lo conseguí solo para darme cuenta de que no era realmente feliz. Así que seguí amasando fortuna, frecuentando chicas hermosas, dándome mucho tiempo libre para no caer en la rutina; pero seguía sin ser feliz. Pasaron los años y un día mis médicos me dijeron que me daban solo seis meses de vida. Mi mundo se derrumbó. Durante una semana no supe qué hacer. Seis meses son tan poco. Entonces me pregunté: ¿Qué es lo que realmente he querido hacer de mi vida? ¿Amo lo que hago? Desde entonces han pasado treinta años. Ahora tengo ochenta y mantengo aún la ilusión de saber que cada día es una nueva oportunidad para vivir de verdad”.

5 de marzo de 2010

¿Qué Traerá la Marea Mañana?

naufrago_03 En la película “Náufrago” de Tom Hanks (que dicho sea de paso me parece una gran película y la recomiendo), cerca del final hay una escena en la Chuck Noland (Tom Hanks) está hablando con un amigo y le cuenta rápidamente algunas de las vicisitudes que tuvo que enfrentar mientras estaba perdido en una isla solitaria. Dentro del monólogo hay una frase que me ha gustado mucho y va algo así: “Sé lo que debo hacer. Seguir respirando, conservar la vida, porque mañana saldrá el sol de nuevo y… ¿quién sabe qué traerá la marea?”

Cuando la lucha arrecia.

Mientras miraba la película, mi hermana (con quien la estaba viendo) me preguntó por qué Noland había abierto todos los paquetes que tenía cerca de él, para ver qué utilidad podrían aportarle, pero cuando llegó al último no lo abrió. “Para tener un sentido de propósito… para saber que tenía algo por lo cual vivir”, fue todo lo que atiné a responder.

Es muy posible que, a veces, lleguemos a sentirnos como verdaderos náufragos, a la deriva en un mar de vicisitudes y ansiedades. A nuestro alrededor, todo lo que alcanzamos a ver es un horizonte lejano, quizás demasiado lejano. Es fácil perder la esperanza, es fácil ceder al desánimo, pero como persona de excelencia, sabes que hay algo por qué vivir. Tal vez no sabes cómo, pero tienes un “Por Qué”. A veces te sientes frustrado, a veces quisieras renunciar, pero tú no eres de los que retroceden. Sigues luchando, aunque toda la lógica del mundo te diga que no vale la pena.

Al final de la película se ve a Noland yendo a dejar el paquete que guardó durante los 4 años que estuvo desaparecido. Como no encuentra a nadie en la casa donde debía dejarlo, decide escribir una nota y ponerla junto al paquete al pie de la puerta principal. Y en la nota escribe lo siguiente: “Este paquete salvó mi vida”. Sí, cuando la lucha arrecia, aferrarnos a nuestro propósito puede salvar nuestra vida.

Lo que la marea trae.

1224023655337_f Cuando tenemos un ideal claro en nuestra mente, en nuestro ser, podemos estar atentos a lo que la marea trae. Quizás no siempre sea algo útil para nosotros, pero si estamos alertas, la marea puede traer la oportunidad que necesitamos. Por eso, cada día es nuestro deber mantener delante de nosotros lo que queremos ser y hacer en la vida. Pronto el nuevo día traerá nuevas ideas, nuevas personas, nuevos trabajos, etc.

Hoy es un nuevo día. El sol volvió a salir. Es verdad que tu casa pudo haber quedado devastada por un terremoto la noche anterior, o que la enfermedad ha llegado a tu cuerpo; es posible que hayas perdido todo tu dinero, o que no consigas un empleo. A pesar de eso, este día no se parece a ningún otro, porque tenemos la oportunidad de decidir cómo hemos de encararlo, y ¿quién sabe?, hoy la marea puede traerte algo bueno.

Hasta la próxima entrega de Vivir la Excelencia

27 de mayo de 2009

Crecimiento con Propósito

20070810161221-plantando En el video correspondiente a este mes, hemos hablado un poco sobre este principio que acompaña a nuestra realidad: el crecimiento. Una persona de excelencia siempre está creciendo, aunque a menudo esto signifique experimentar un poco de dolor. En este artículo abordaremos de nuevo este principio, sólo para enfatizar algunas ideas ya expuesta y, si es posible, explayarnos aunque sea un poco en alguna de esas ideas.

Tu misión…

El verdadero crecimiento comienza cuando tomamos consciencia de nuestra misión en la vida. Esta misión no es una que se nos imponga, porque es nuestra decisión si la viviremos o no; pero cuando utilizamos toda nuestra energía para alejarnos de quienes somos en realidad, entonces no podemos ser felices. Y si hay algo que todos queremos es la felicidad. Pues bien, la dicha sin límites no existe, a menos que iniciemos nuestro propio camino de desarrollo.

En este punto es importante llamar la atención a un punto crucial: muchas personas andan por el mundo buscando modelos para imitar, olvidado que en ellos reside tanto potencial como en ese modelo quimérico que persiguen. No estamos negando la importancia de dejarnos influir por algún gran personaje, el problema es que existen quienes en esa búsqueda permiten que su identidad sea absorbida, especialmente porque ahora no sabemos dónde buscar, pues a dondequiera que veamos todo el mundo parece decir que tiene el secreto para que vivamos mejor y más felices.

Cualquier verdadero ejemplo que logremos encontrar en nuestro andar, siempre nos instará a buscar un poco más. Los grandes hombres y mujeres de la historia no han tenido que gastar sus palabras diciendo que debe seguirse su ejemplo, en lugar de eso, han vivido vidas extraordinarias que nos inspiran a nosotros. Y el mensaje que debería transmitirnos la existencia de esos seres de excelencia es que en nosotros se encuentra, latente, el mismo poder que habitaba en ellos. Todo lo que necesitamos en reconocer nuestra misión en este mundo, amar esa misión, y entregarnos por entero a esa misión.

Por el camino del dolor.

Pero ese camino no será uno sencillo. Habrá que enfrentar momentos desafiantes en los que quizás falte el aliento, mientras las lágrimas corren por nuestras mejías; seguramente habrá momentos en los que caeremos de rodillas, cansados y preguntándonos si realmente vale la pena; y también habrá quienes nos desalienten, alguno de los cuales será de entre nuestros más cercanos. Mas, aun entonces podremos levantar nuestra cabeza y mirar hacia el horizonte que hemos atisbado.

Tal vez sea muy idealista proponer estos pensamientos, pero cuando vemos hacia atrás en la historia, incluso en nuestra historia reciente, se hace evidente que todo cuanto tenemos ha sido el fruto del constante crecimiento, de negarse a quedar estancados, de luchar, a veces, contra corriente, porque todo el mundo creía que intentar algo nuevo era una locura.

crecimiento Ahora es nuestro momento. A nosotros no se nos pide que reinventemos la rueda, o que descubramos la ecuación que explique el universo. Todo lo que se nos pide es que vivamos una vida tendiente a la excelencia, al constante crecimiento con propósito, porque así podremos influir en una nueva generación: nuestra prole.

¡Hasta próxima entrega y a Vivir la Excelencia!

25 de marzo de 2009

¿Para qué sirve la excelencia personal?

Hace varios días, mientras revisaba las estadísticas de mi blog, encontré que alguien había usado un término de  búsqueda muy interesante (“para qué sirve la excelencia personal”) y luego de meditar por un momento me prepuse escribir un artículo al respecto. Así que bienvenido o bienvenida a una nueva entrega de Vivir la Excelencia, porque hoy vamos a reflexionar un poco 357096934_37421d12a4_msobre esa válida pregunta: ¿Para qué sirve la excelencia personal?

Recordando…

Antes nos hemos preguntado qué es la excelencia y hemos dicho que hay algo que distingue al ser excelente de todos los demás: su indómita idea de seguir creciendo. Para el ser excelente el desarrollo no es una opción, es algo natural e inevitable que debe aprender vivir a fin de sacarle el máximo provecho; es más, el ser excelente no sólo sabe que el crecimiento es algo que debe suceder, sino que desea verlo suceder en su propia vida, aun con todo y las diferentes dificultades asociadas, las que en realidad hacen de crecer algo real.

También hemos reflexionado sobre la construcción de la excelencia personal, la que se logra con los pensamientos, los actos, los hábitos y el carácter, todo como una gran cadena que, según el decir de Charles Dickens, puede ser una de hierro o de oro, de espinas o de rosas, que comenzó a formarse con el primer eslabón, en nuestro caso: los pensamientos.

Pero, ¿para qué sirve?

Partiendo del recordatorio que hemos hecho, podemos poner unos cuantos puntos a consideración para responder la pregunta fundamental planteada para el día de hoy.

1) La excelencia… sirve para crecer. Sí, simplemente para eso sirve, para vislumbrar una vida mejor, más elevada, en la que la nobleza de carácter predomina.

2) … Sirve para hacer la diferencia. Esto no es excentricismo, sencillamente es la realidad del ser excelente. Ser diferentes del común denominador es algo innato en aquel que busca constantemente la excelencia.

3) … Sirve para ser felices. Una vida plena es una vida feliz, pero no se puede tener realmente una vida plena en la mediocridad. La mediocridad es mezquina, basa su valor en la comparación constante y por eso no puede ser feliz, pero la persona excelente es feliz, incluso enfrentando las tormentas habituales de la vida.

4) … Sirve para cambiar los fracasos en éxitos. Los seres de excelencia no son infalibles, cometen errores, a veces caen en el camino y lloran cuando se sienten sobrepasados, pero siempre se levantan y ese es el secreto de su éxito. La mediocridad se resiste a aceptar sus errores, convierte éxitos en fracasos y culpa a los demás.

5) … Y sirve para hacer del mundo un lugar mejor. Es verdad que no podemos cambiar a otros, pero es que nuestra labor no es la de cambiar a los demás, sino la de cambiarnos a nosotros mismos y con nuestra influencia mostrarle al mundo que se puede vivir mejor.

A penas son cinco puntos para reflexionar y de ninguna manera agotan las respuestas que se pueden brindar a la pregunta que titula este artículo. Lo importante es disfrutar del descubrimiento que la senda de la excelencia nos ofrece, pues la vida tiende constantemente hacia la altura y si no estamos listos para seguirle el paso, pronto nos estancaremos y pereceremos. Es nuestro privilegio dar lo mejor degerson_logo nosotros siempre, en nuestros pensamientos, actos, palabras. Es nuestro privilegio, como decía Mahatma Gandhi, ser el cambio que queremos ver en el mundo. Es nuestro privilegio Vivir la Excelencia.

Hasta la próxima y que tengas un día y una semana de éxito constante.

7 de enero de 2009

¡Camina Hacia el Futuro!

 (Ahora puedes leer una versión actualizada de este artículo en el blog de Innpacte. Allí se irán republicando con mejoras muchos de los artículos de Vivir la Excelencia, pues ahora es parte de Innpacte.)

Si lo pensamos bien, el inicio de este año no es nada preocupacion alentador. La ola de la crisis económica sigue haciendo sentir su devastador poder, cual tsunami, destrozando las mejores expectativas. Los grandes conglomerados y empresarios se sienten contrariados, y qué decir de los medianos y pequeños, y más aún, de los empleados que viven con la incertidumbre de no saber si llegarán en sus puestos al día siguiente.
De nuevo, el panorama no es nada alentador. El costo de la vida aumenta cada día y quienes más lo sienten son aquellos que deben hacer todo lo posible para sobrevivir con un dólar al día. Sin embargo, la ilusión del consumismo nos distrae por momentos. ¿En qué casa no hay uno o dos televisores, una computadora, un equipo de sonido, celulares, etc.? Claro, no estoy diciendo que estas cosas son malas, porque lo preocupante no es que se tengan, sino que esto sustituya una reflexión sobre la manera que hemos elegido vivir nuestra vida.
Mucho cuidado.
Pero debemos tener mucho cuidado. Estas escenas desalentadoras no deben hacer que tratemos de abordar cualquier barco que anuncie una tierra prometida que fluya leche y miel, y de estos navíos hay en profusión en la web hoy en día. La verdad es que sin importar las promesas que nos hagan los políticos, los vendedores web, los empleadores o cualquier otra persona, lo más importante es que identifiquemos de una vez por todas qué objetivos queremos alcanzar. Es verdad que todos prometerán ser la opción para alcanzar lo que deseamos, pero la decisión que tomemos debe estar basada en saber que en nuestro interior estamos haciendo lo mejor para nosotros mismos y para quienes amamos.
No te puedo decir cómo evaluar una oportunidad, porque, contrario a lo que mucha gente pretende, la oportunidad no puede evaluarse con un método científico. Cada uno la examinará contrastándola con sus propios sueños, metas, ideales, y sólo entonces tomará su decisión. Y recuerda, cuando tomamos una decisión y las cosas no resultan como esperábamos, no es porque hayamos hecho mal, sino sólo que no contábamos con la experiencia y la información necesaria, pero eso no debe desanimarnos, porque una de las peores armas que se pueden esgrimir contra uno es justo esa: el desánimo.
Todo lo que nos queda este año es caminar hacia el futuro. ¿Qué nos traerá éste? No lo sabemos, pero en tus sueños puede estar la respuesta. Sé que suena bastante idealista. Sé que podrías pensar que esto no se ajusta a la realidad, pero, ¿acaso las grandes realizaciones humanas de todos los tiempos se hicieron en la bonanza? ¿No fueron más bien la respuesta a las crisis que enfrentaron en su tiempo, las que nos dieron lo que vemos delante de nosotros hoy? Tal vez nos ha faltado ser más considerados con los recursos que tenemos y estamos agotando; tal vez nos hemos olvidado de volver a soñar; tal vez todo lo que necesitamos es esta sacudida para volver a poner los pies en la tierra y comenzar a crecer en todas las áreas de nuestra vida.
claro en la tormenta Ahora, si lo pensamos mejor, este año es nuestro año, porque tendremos la oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos que hemos aprendido de nuestra historia, y que estamos dispuestos a escribir un nuevo capítulo, más brillante, porque la hora más oscura de la noche es antes del amanecer.
Walt Disney dijo una vez: “En este lugar perdemos demasiado tiempo mirando hacia atrás. Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas. Sé curioso... porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos”. ¿Estás listo para hacer frente a este nuevo año con la determinación de no aferrarte al pasado y caminar hacia el futuro, aunque a veces el camino sea un poco empinado?
Que tengas un gran día y un gran año, es el deseo de Vivir la Excelencia y tu amigo Gerson E. A. Arenívar.

4 de diciembre de 2008

A las Puertas de un Nuevo Año.

entradas navidenas1-mod Cuando inicia diciembre es como estar en el pórtico de un nuevo año, a punto de pasar al otro lado y quedar frente a otras 365 oportunidades de crecimiento. Es como si nos preparásemos para la renovación de nuestro contrato, mientras otros ya descansan en el polvo. Eso debería poner en perspectiva lo que nos depara el tiempo cuando nos levantamos un nuevo día, porque como un poeta mendicante dijo una vez: “Hay una manera de saber si ya cumpliste con tu misión en la vida. Si sigues vivo es porque aún no la cumpliste”.

¿Cómo vivimos el último mes del año?

Para nuestras culturas tradicionalmente cristianas (no sé sobre otras costumbres, aunque me gustaría) diciembre es un mes en el que todo gira alrededor de la Navidad y el Año Nuevo, pero ¿nos preparamos para… comer, desvelarnos, quemar pólvora? No estoy diciendo que éstas cosas son malas en sí mismas; sin embargo, son sólo accesorios de lo que realmente debería significar éste mes, pues el próximo año traerá nuevos desafíos, así como nuevas oportunidades, y esos desafío podrán ser superados por los que se preparan, así como ellos mismos aprovecharán las oportunidades que se les presenten.

Haciendo un alto.

tranquilidad_pppluma1024x768 Personalmente, pienso que el último mes del año podría servirnos para hacer un alto en el camino; para pensar sobre aquello que hemos hecho; para soñar con lo que queremos para los próximos meses, ya en un nuevo año, y poner en perspectiva nuestra vida. Una buena actividad para esto (que me gusta practicar) es organizar una caminata, con un amigo cercano, a un lago, o un bosque, según apetezca a la ocasión… y el objetivo es disfrutar del viaje, admirar los lugares por donde pasamos antes de llegar a nuestro destino. Una vez en el lugar, nos dedicamos a la contemplación y la conversación; si se quiere, cada uno se toma una hora o dos para reflexionar, hacer un balance e incentivarse para lo que está por venir.

Cada quien podrá hallar la manera de poner en perspectiva su vida, pero lo importantes es que aprendamos a hacer un alto, aunque sea breve, para respirar hondo y seguir adelante, con nuevas fuerzas y ánimos.

¿Cómo vas a vivir este último mes del año? Prepara la cena navideña y la fiesta de fin de año, pero recuerda siempre que tienes un llamado especial a vivir la excelencia, ése es tu privilegio inalienable, úsalo, aprovéchalo, sácale el máximo partido, porque cualquier año puede ser el último.

Hasta la próxima entrega, la que será la última de este año 2008.

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22 de julio de 2008

Expandiendo nuestra visión.

20051024150241-libres-jpgLa imaginación es un don de incalculable valor, si sabemos sacarle el máximo provecho. Es más, nuestra imaginación tiene tanto poder, que puede literalmente convertirnos en personas felices o desdichadas. Pero claro, no es sólo el uso esporádico de este don el que nos conduce a nuevos niveles de desarrollo, o nos hunde en la desesperación.

Lamentablemente, la imaginación no es una de esas cosas que nos enseñan a usar en la escuela. Y se me ocurre que es justo por esa razón que, consciente o inconscientemente, damos por sentado que la capacidad de imaginar está determinada. ¿Qué quiero decir? Que pensamos que unos han sido bendecidos con ese don, mientras que otros no, cuando en realidad el desarrollo y fortalecimiento de dicho don es el resultado del ejercicio.

Lo que tenemos delante de nosotros.

Ahora tenemos mucho trabajo por hacer, porque lo que mantenemos617194mundo en forma constante frente a nuestros “ojos” de la mente, es lo que se convierte en nuestra “realidad”. Esto no significa sólo tener pensamientos positivos, es mantenernos alerta sobre lo que permitimos que se aloje en nuestra cabeza. Si nos imaginamos constantemente desdichados, sin éxito, sin oportunidades, claro que seremos así; pero si en lugar de dar cabida a tales ideas, pensamos que cada problema es una nueva oportunidad, que cada obstáculo es una oportunidad para alcanzar la gloria, que cada día es un nuevo día para vivir felices, sin jamás resignarnos a la derrota (y pensamos todo esto constantemente), entonces seremos personas dichosas, satisfechas.

La palabra clave es “constantemente”, eso es lo que hace la diferencia. ¿Queremos vivir una vida sin límites? Lo primero que debemos hacer es quitarnos nuestros límites, expandiendo nuestra visión al usar el don maravilloso de crear nuestro propio futuro. Pero hay que tener en cuenta que, según Edward de Bono, “en general, el cerebro humano es muy deficiente en su visión del futuro”. Así que no basta con sólo querer tener grandes sueños, debemos aprender a mantener esos sueños constantemente frente a nosotros. Roberto Carballo lo dice aún más claro: “No hablamos de un plan, sino de un proyecto, de algo que sea más que conseguir unos objetivos, sino también que nos permita introducirnos en un mundo de aprendizaje, de investigación, de saber, de ser, de vivir, y para ello precisa de un horizonte que nos enganche y un sistema de valores que sea coherente con nuestra concepción del mundo y que nos impulse y nos dé pertenencia”.

Dando el primer paso.

Ahora podemos dar el primer paso, al imaginar grandes cosas para nuestra vida y mantener esos sueños en nuestra mente siempre. Podemos dar el primer paso, al hacer un claro balance del costo de nuestro proyecto, y luego seguirlo sin tregua al desafío. Podemos dar el primer paso, poniendo delante de nosotros el ejemplo de otros que han triunfado cuando todo parecía perdido, y al ver con los ojos de la imaginación el valor y la tenacidad que hicieron posibles los proyectos más inverosímiles que hemos podido presenciar, podemos llenarnos del mismo valor y tenacidad para realizar nuestros propios logo_vivirlaexcelencia proyectos.

Pero, de nuevo, dar el primer paso depende sólo de ti y de mí, ¿qué haremos hoy?

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Más que buenos deseos - parte 1

Ver las estrellas a pesar de todo

4 de mayo de 2008

Criando Líderes

La celebración del día de la madre es una festividad muy extendida, sin importar que se celebre en fechas diferentes en el mundo. Lastimosamente se ha desvirtuado, en mi opinión, el verdadero papel de la mujer como madre, con esto de la explosión publicitaria que inunda cada día feriado; con esto del consumismo que nos ha empujado a creer que es necesario gastar y gastar para mostrar nuestros afectos, etc.mamaehijo

No estoy en contra de los presentes que pueden darse a nuestras madres, pero ¿cuánto valdría una casa, un arreglo de flores, o cualquier otra cosa para una madre, si lo comparamos con la satisfacción de ver hijos e hijas maduros, cumpliendo su propósito en la vida? Ambos aspectos deben estar en nuestra mente, cuando se acerca el día de la madre. Entiendo que hay países que lo celebran en octubre, o diciembre, o agosto, o en algún otro mes. En mi país se celebra el 10 de mayo, razón por la cual he decidido escribir este artículo como un reconocimiento a la mujer que con su ejemplo ha sido un hito para mí, un bastión en el que he encontrado cómo fortalecerme cuando el viento me es adverso: Mi Madre.

Heroínas anónimas.

Casi todos nos fascinamos con las biografía de los grandes hombre y mujeres de la historia, admiramos sus hazañas, lloramos con sus adversidades y sentimos satisfacción cuando leemos sobre sus victorias. Pero muy pocas veces se nos ha contado la historia de esas heroínas anónimas que se desvelan mientras de niños nos enfermamos, esas mujeres que nos han guiado en nuestros primeros pasos y que a lo largo de la vida siempre nos han estimado, a pesar de todo, pues ven en nosotros un lado positivo, favorable, benefactor.

Y la hazaña de criar hombre y mujeres de bien, en una sociedad que, pese a la lucha de derechos femeninos, aún sigue siendo muy machista, va mucho más allá de nuestra imaginación, especialmente cuando vemos madres solteras que trabajan haciendo dobles turnos, con tal de llevar alimento a la mesa, dar educación a su prole, y encima de eso, hasta tienen tiempo para cobijar a sus hijos y besarlos en la frente, recordar su cumpleaños y hacerlo especial, salir con ellos al parque y disfrutar de una tarde irrepetible… Debo confesar que siempre me ha impresionado el valor, la entereza y la determinación de las mujeres en general, pero especialmente el de las madres.

Un día, un mes, o un año, nunca serán homenaje suficiente para ese espíritu abnegado, que muchas veces llora en silencio sus penas, para que cuando sus hijos despierten a la mañana, la vean radiante, llena de esperanza, dispuesta a luchar a brazo partido por otro día. Sólo nuestra vida entera podría constituirse en un real homenaje, sí, nuestra vida, vivida con responsabilidad.

El desafío para las madres.

Sin embargo, las madres modernas enfrentan un desafío sumamente grande. Hoy no sólo deben luchar contra la pereza o la falta de motivación frente a las cargas académicas que han caracterizado siempre a la mayoría de los niños. También deben luchar contra la pérdida tiempo en frente de los videojuegos, la TV o el Internet. No creo que estas cosas sean malas en sí mismas, pero se ha abusado de ellas, en detrimento de la calidad personal y la excelencia.familia-madre-hijo-manos-3.thumbnail

Además, en la era de las redes y la información en la que vivimos, harán falta hombres y mujeres con integridad, con madurez, inteligentes y responsables, que lideren nuestra sociedad con valor frente a la pérdida creciente de valores. Y estos hombres y mujeres únicamente pueden nacer en las manos de una madre con ideales, que valore la creatividad y la iniciativa, con normas elevadas, y con un carácter fundado en la realidad inalterable de los principios.

Quizás no todas las madres puedan criar a un Einstein, o un Beethoven, o una Mari Curie, o un Dante, etc., pero todas tienen el privilegio de criar personas con ideales, con principios, y que no comprometan su integridad personal, bajo ninguna circunstancia.

Si como hijo o hija has leído este post, ve y dile a tu madre lo importante que es para ti, tal vez no con palabras, pero sí con tu vida. Si como madre has leído hasta aquí, te deseo lo mejor en la tarea más difícil de la humanidad, formar caracteres, y espero que aceptes el desafío.

¡Felicidades a nuestras madres!!!

9 de marzo de 2008

Ver las estrellas, a pesar de todo.

Una de las actividades que más disfruto es la de caminar. A veces, simplemente salgo de la casa para dar una vuelta por la colonia donde vivo, pensando, viendo, respirando… esto último en la madrugada, cuando puedo respirar un poco de aire con poca contaminación.estrellas1

Una tarde fui a pagar algunas cuentas a un centro comercial, que queda a unos 25 minutos a pie desde mi casa. Al regresar, como a eso de las 6 de la tarde, noté que el cielo estaba un poco nublado; ya deberían haber aparecido algunas estrellas y yo no podría verlas (otra actividad que disfruto) debido al manto nublado medio anaranjado, medio rojizo. Pero al pasar por las humildes casas de unos niños que jugaban a lanzarse una pelota, uno de ellos dirigió la atención del otro hacia su descubrimiento: “Mira, una estrella” – le dijo. Entonces pensé: “Si el niño ha podido ver una estrella pese a lo nublado, ¿por qué yo no he podido ver ninguna aún?” Seguí caminando, cavilando, mas decidí que intentaría ver lo que el pequeño había visto, y justo al elevar mi mirada al cielo, por un minúsculo claro que se abría entre las nubes, vi una estrella.

Aquella tarde aprendí una valiosa lección: Podemos ver nuestra propia estrella, a pesar de los problemas que enfrentemos, si tan sólo nos resistimos a renunciar. Renunciar es una de esas tentaciones que viene con toda clase de justificaciones, por un lado; y por otro, se presenta como la mejor opción antes que enfrentar un fracaso (aunque la realidad es que renunciar es peor que fracasar).

¿Cuál es tú estrella?

En cada casi entrega de Vivirlaexcelencia.tk, mi principal intención ha sido que podamos reflexionar sobre el gran cometido que es nuestra vida. Y, a medida que escribo nuevos artículos, me esmero por hallar mejores temas, mejores palabras, mejores ideas, para que nos emocionemos con la maravillosa obra que tenemos entre manos.

Puede ser que tengamos que enfrentar economías en recesión, incomprensión de nuestros iguales, falta de interés de otros en nuestras realizaciones, envidias, criticas y toda clase situaciones imaginables; puede ser que las nubes sean tan espesas que en lugar de seguir mirando hacia arriba donde se encuentra nuestra meta, comencemos a ver hacia abajo donde se encuentran las quejas, las excusas y el desánimo. Sin embargo, por muy espesos que miremos esos nubarrones oscuros, todavía podremos ver un claro donde brillará la luz de nuestra misión, el sentido de nuestra vida, si perseveramos, obstinados tal vez, en seguir viendo hacia las alturas.

Un día, una oruga, dijo a los bichos que vivían en su vecindario que iba a escalar el gran monte que estaba a espaldas de su pequeña metrópolis. Todos ellos se burlaron de la pobre oruga y con palabras hirientes le decían que era una locura, moriría en intento, y luego, qué… Habría acabado todo y nadie lo extrañaría porque nadie extrañaba a los locos. La oruga escuchó con paciencia todo lo que le decía, pero cuando todos reían más, ella alzó un poco la voz y dijo: “Pues, yo podré estar loca, pero negarme la oportunidad de saber si puedo o no escalar la montaña, esa es una opción que no tengo”.

Al día siguiente, todos los bichos se reunieron para verla partir. Un par de amigos que acababan de enterarse de la “locura” de la oruga, trataron de convencerla de la imposible de la tarea. Ella simplemente les explicó: “No pienso morir, pero si eso sucede, al menos recuérdenme por haber querido ver más allá de lo que los otros ven”.

Comenzó a caminar en medio de una rechifla, mas no se amedrentó. Poco a poco se fue alejando, hasta que la perdieron de vista. Un grupo de luciérnagas se ofrecieron para formar una cadena de información. Se colocarían de tal manera que una le pasase información a la otra hasta hacerla llegar al pueblecito. Las primera noticias llegaron: “La oruga se ve cansada, pero mantiene el paso sin vacilar”. Un par de días después: “Ya subió la por la pendiente Este, parece que va bien”. Tres días más tarde: “Parece que tiene problemas, se la ve más cansada que nunca y ha avanzado muy poco en relación con los días anteriores”. El día siguiente la noticia era peor: “Parece que está haciendo algo, pero no está avanzando, está muy débil, quizá ya no pueda seguir, los mantendremos informados”. La tensión era enorme, pero todos esperaban el desdichado desenlace, que llegó dos días después: “Se ha encerrado en un capullo, no tiene caso… no se ven signos de vida, y a penas había llegado a la mitad de la montaña… no lo logró”.

Todos los bichos lo esperaban, nadie nunca lo había hecho antes, y nadie lo intentaría de nuevo luego del fracaso de aquella oruga desquiciada. Pero unas semanas más tarde, mientras una de las luciérnagas se paseaba cerca de donde observaban la hazaña para mantener informada a la aldea, sin estar tan cerca, sólo lo suficiente para ver panorámicamente toda la montaña, la crisálida se sacudió violentamente. La luciérnaga lo notó, y voló veloz para dar aviso y montar la línea de información. El capullo se estaba rompiendo, ¿era posible que después de tantos días todavía estuviera viva aquella oruga? La primera noticia llegó: “Algo está saliendo, no puede ser… se demora un poco”. Casi inmediatamente: “Está casi del todo afuera del capullo, tiene alas, se convirtió en una mariposa”. La última noticia llegó: “Ahora se está elevando, llegará a la cima, sin duda llegará a la cima”. Y la oruga (que era más bien una mariposa), llegó.mirando-una-estrella

Siempre enfrentaremos toda clase de adversidad, pero es nuestra decisión seguir viendo nuestra estrella, esa estrella que nos guiará hasta el lugar que queremos llegar.

Y hoy, mientras lees estas líneas finales, te pregunto, ¿estás listo para pagar el precio de ver tu estrella a pesar de todo?

¡Que tengas un gran día!!!

6 de diciembre de 2007

A veces es difícil… pero es lo mejor.


Bienvenido a una nueva entrega de “Vivir la Excelencia”, estimado lector o lectora, en esta ocasión vamos a sacar algunas lecciones de otro personaje involucrado en la ingeniosa fábula de Spencer Johnson; me refiero a uno de los liliputienses, llamado, Haw. Pero para sacarle el máximo provecho a esta entrega vamos, a hacerle a Haw algunas preguntas importantes. Espero que esta entrevista exclusiva nos ayude a poner en perspectiva, el periodo de cambio que puede estar ocurriendo en nuestra vida.

Gerson E. A. Arenívar: Bienvenido Haw, es un placer conocerte. Quiero agradecerte por conceder esta entrevista a “Vivir la Excelencia.blogspot.com”, porque con ella nos darás lecciones importantes.

Haw: Al contrario, yo quiero agradecer a Vivir la Excelencia y a ti, Gerson, por permitirme compartir las experiencias con las que he aprendido a ser una persona de excelencia.

GEAA: Pues bien, entonces déjame hacerte la primera pregunta: ¿Cómo es la vida en el laberinto? ¿Es diferente de que ves aquí?

Haw: La vida en el laberinto no es diferente de la de aquí. Todos los días hay que salir a buscar el queso especial para uno, enfrentándose a una serie de desafíos, tomando decisiones que, a veces, no resultan nada fáciles; pero he aprendido a ver todo eso como una emocionante aventura.

GEAA: ¿A qué te refieres con eso de “Queso Especial”? ¿No todos buscan el mismo tipo de queso?

Haw: De hecho, no. Cada uno debe tener su propio queso. Lo maravilloso del laberinto es que, si sabes buscar, hay suficiente queso para ti, del que tú quieres. El laberinto me enseño a tener claro qué clase de queso buscaba, si no, nunca lo encontraría.

GEAA: Ya veo. Eso me hace pensar. Ahora cuéntame sobre tu búsqueda de queso y cómo lo encontraste.

Haw: Muy bien. Primero debo decir que, encontrar mi propio tipo de queso, fue una experiencia que me exigió aprender a cambiar. Con mi amigo Hem, habíamos estado encontrando pequeñas cantidades de queso durante algún tiempo. Nuestros vecinos, Fisgón y Escurridizo, a veces estaban muy cerca de nosotros. Creo que su instinto les ayudaba mucho. Pero Hem y yo éramos personitas, así que debíamos ser mucho más inteligentes y aprovechar más el laberinto para obtener nuestro preciado queso. Un buen día, llegamos al depósito Q; nuestros ojos se iluminaron, había tanto queso… y notamos que los dos ratoncitos ya estaban allí; pero no importaba porque era muchísimo queso. “Por fin”, pensé, “todo el tiempo y el esfuerzo que hemos invertido, ha dado sus frutos”. Aún recuerdo las palabras de Hem: “Esto es fantástico” –dijo. “Aquí hay Queso suficiente para toda la vida”

GEAA: Pues les fue muy bien, encontraron queso bastante rápido.

Haw: Sí, eso creímos, pero hasta aquí, a penas vamos por la mitad de la historia.

GEAA: ¡Oh!, perdona la interrupción. Por favor, continúa.

Haw: No hay problema. Pasaron algunos días y Hem y yo establecimos la rutina de levantarnos tarde, ir caminando hasta el depósito Q, comer y disfrutar. Al contrario, Fisgón y Escurridizo parecían siempre andar husmeando todo el recinto al principio de la mañana, luego se quitaban sus tenis pero nos los tiraban como ya habíamos hecho Hem y yo, sino que se los colgaban al cuello. Me parecían muy exagerados. Pero un día ya no los vimos. Y para nuestra sorpresa ¡ya no había queso en el depósito! Yo me pregunté si tal vez los dos ratoncitos se habían dado cuenta de algo que Hem y yo no quisimos ver, pero el dolor y la frustración del momento me impidieron pensar; además, Hem estaba quejándose muy ruidosamente. Yo compartía sus quejas, aunque no las expresaba.

GEAA: No hay duda de que fue algo terrible, pero, ¿cómo saliste de esa situación?

Haw: No fue nada fácil, porque pensé que la vida era injusta, al quitarnos el queso que nos había costado tanto esfuerzo. Me sentí frustrado, pero comprendí que si no cambiaba podía extinguirme. Intenté decírselo a Hem, él no quiso escuchar. Yo sabía cómo se sentía, porque me sentía igual, sin embargo, decidí que no dejaría que mis sentimientos nublaran mis pensamientos. Lo invité a salir de nuevo al laberinto y entonces noté que tenía miedo de volver a fracasar. Yo también tenía miedo, pero me hice esta pregunta: “¿Qué harías si no tuvieras miedo?” La respuesta era que saldría al laberinto a iniciar una nueva búsqueda de queso, y lo hice. Al principio me sentí débil, vi callejones oscuros y quise regresar con Hem, me desorienté en un par de ocasiones, hasta que encontré un bocado de queso; me aferré a él, lo comí visualizando todo el queso que me esperaba y, un poco más tarde, encontré otro pedazo de queso, y luego, otro más. Corrí a mostrarle a Hem algo del nuevo queso y a darle un poco también, más no lo quiso. Me dijo: “Quiero mi viejo queso y voy a esperar aquí hasta que me lo devuelvan”. Triste, tuve que dejarlo. Entré al laberinto y seguí buscando, hasta que un buen día, encontré un depósito aún más grande que el que habíamos encontrado antes. Fisgón y Escurridizo estaban allí, siempre con sus zapatos al cuello, listo para la acción. Yo decidí que, esta vez, el cambio no me tomaría por sorpresa. Evaluaría y disfrutaría, comería con mis zapatos siempre listos. Tomaría tiempo para estar con mi familia y me prepararía para cambiar, y disfrutarlo, pues el queso no deja de moverse.

GEAA: Ha sido una entrevista maravillosa, no hay por qué añadir ningún comentario. Creo que mis lectores y yo hemos aprendido hoy, que hay que salir al laberinto y buscar nuestro queso. Sólo una cosa más. ¿Qué paso con Hem?

Haw: La verdad es que no lo sé, pero albergo la esperanza de que decidiera aventurarse al cambio. Sólo pido a quienes han leído esta entrevista, que nunca pierdan de vista su propio queso y que recuerden que si el cambio ocurre, eso no es el fin del mundo. Debemos salir de nuevo al laberinto y estar listos para encontrar más queso.

Hasta la próxima entrega… que tengas un día lleno de éxitos.

19 de septiembre de 2007

Vivir la Excelencia.

La vida es efímera e inestimable, pero muy a menudo olvidamos ese importante hecho. En nuestra juventud nos parece que la vida nos va a durar mucho tiempo, hasta que un día nos encontramos enfermos, o perdemos a un buen amigo, y entonces nos sorprendemos de lo frágil que puede ser vivir.






Lastimosamente, muchos de nosotros que estamos jóvenes, no nos percatamos de la velocidad con la que el tiempo transcurre. He llegado a oír sobre muchachos y señoritas que estudian carreras en las universidades sólo porque papá está pagando. El tono casi es: “bueno, ni modo, mejor que pasar encerrado en casa”. Y entonces me pregunto: ¿Qué futuro están construyendo para sí mismos? Claro que para hacer esa pregunta debo justificar mi intromisión al “espacio” de cada persona, antes de que se me acuse de irrespetuoso. Como resulta que no existen seres humanos islas, es decir, no existen personas aisladas de otras de tal manera que no ejerzan ninguna influencia en otros, y como también resulta que la construcción de un país depende de lo que como individuos decidimos, es importante responder ¿qué estamos construyendo?






Por eso el llamado de la excelencia es vital para nuestro mundo hoy. No se trata de una opción entre muchas, aunque es claro que podemos escoger diferente, pero alejarse de una vida de altos ideales es siempre limitarse a vivir una vida sumida en la mediocridad.






La tecnología ha marcado aún más la diferencia entre personas con propósitos firmes y personas que sólo saben desperdiciar el tiempo. Para muchos, el Internet es una adicción como fumar o beber y con los mismos resultados alienantes. No logran ver la diferencia entre el tiempo útil y el que se gasta sin ninguna satisfacción. Se distraen fácilmente en páginas de comunidades virtuales, en el Messenger, etc. No quiero decir que esas cosas son “malas” en sí mismas, pues en realidad lo que sucede (como en la mayoría de las cosas) es que hemos abusado de ellas.






Cambios pequeños.






La realidad del mundo es esta: Podemos convertirnos en profesionales de calidad y excelencia, competitivos y con oportunidades, o podemos ser uno más entre el montón y quejarnos por el desempleo que abate a nuestro país. Y aunque es cierto que podemos señalar circunstancias externas a muchas situaciones de malestar, el que decide (tú y yo) sigue siendo el elemento más importante.






Una pequeña modificación en la conducta que nos conduzca a mejores caminos, será suficiente si con constancia la convertimos en un hábito, en un estilo de vida. Decidir comenzar a leer más (aunque no sea nuestro hábito cultural), quizás un libro al mes cuando menos, comenzar por hacer ejercicios tres veces a la semana, media hora cada vez; dedicar más tiempo a la familia, o prepararse mejor para resolver un problema, etc. Todos los cambios pequeños que queramos introducir en nuestro estilo de vida, harán por acumulación una significativa diferencia.






Pero esto puede ser positivo o negativo. El único que puede decidir, de nuevo, somos tú y yo en forma personal, libre e independiente. He conocido personas que no se sienten cómodas como este pensamiento, porque constantemente están buscando responsabilizar a todo el mundo por las cosas que les suceden, pero eso no es posible. A nosotros nos toca vivir en la excelencia o no, y esa decisión determinará si seremos exitosos o fracasados en la carrera de nuestra vida. El hecho es que la excelencia no es una panacea, no es así como funciona. No puede ser impuesta tampoco. Debe ser asimilada, reflexionada e internalizada por cada uno.






¿Cómo responderemos al llamado de Vivir la Excelencia?



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